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Primera comunión en 20 años en Viegu

Rubén Jiménez, que llegó con su madre y sus dos hermanos hace tres años a la aldea pongueta, sin niños desde hace dos décadas, recibió el sacramento en las fiestas

Arancha Alonso, con sus hijos Rubén, Sandra y Hugo, en la iglesia de Santa María de Viegu. LUCAS BLANCO

La parroquia pongueta de Viegu ha recibido un balón de oxígeno contra la acuciante despoblación que pone en peligro su futuro. Alrededor de veinte años después de que la iglesia de la localidad acogiera la última primera comunión que se recuerda, el pequeño Rubén Jiménez Alonso puso fin el viernes a este vacío en los registros de la iglesia. El pequeño fue el protagonista indiscutible de la misa celebrada el pasado día 15 con motivo de las fiestas de Nuestra Señora.

Resulta que esta localidad de unos 60 vecinos no ha contado desde hace dos décadas con niños menores de diez años que estén en edad de recibir la primera comunión. Sin embargo, el retorno de Arancha Alonso Guijarro, que se instaló en Viegu procedente de Madrid escapando de la crisis, ha renovado las ilusiones de unos habitantes que ahora miman a los tres hijos de esta mujer como si fueran los de todo el pueblo.

Además de Rubén, Arancha Alonso tiene otros dos hijos, Hugo y Sandra, de 7 y 4 años, respectivamente. Residen en Ponga desde hace tres años. "No había empleo en Madrid y me surgió la posibilidad de volver a vivir con mis padres y buscar trabajo", relata la madre de los tres pequeños, que desde entonces ha desempeñado varios trabajos, primero en Cangas de Onís y luego y hasta la actualidad en el propio municipio pongueto.

Un paso que parece no tener vuelta atrás, pues la familia parece decidida a continuar viviendo en Viegu y contribuir así a dar un relevo generacional que es más que necesario en un pueblo en el que, según los vecinos, hay muchos censados, pero pocos que en realidad hagan allí su vida diaria. "La intención es seguir aquí y que los dos pequeños hagan la primera comunión como su hermano en la iglesia de Santa María", declara Arancha Alonso, entusiasmada por la gran acogida que tuvo la comunión de su hijo.

El cambio de vida de la familia ha sido positivo. En su caso, ha tomado la decisión de que los niños estudien en el colegio Reconquista de Cangas de Onís y no en el colegio rural agrupado de San Juan de Beleño, donde hay menos niños y también menos aulas. "Decidí que estudiasen en Cangas de Onís, pues temía que no se hicieran a la idea de compartir clase entre hermanos", indica

Por otro lado, la integración de los pequeños en la vida rural parece haber sido inmejorable, pues disfrutan cada minuto de la cercanía a la naturaleza y a los animales que les ha reportado su nuevo hogar.

"Para los niños no hay cosa más entretenida que el campo y estos lo tienen todo para ellos", comentó ayer una vecina de la localidad, muy feliz por presenciar una comunión que ha supuesto todo un acontecimiento en el pequeño Viegu.

Ahora y todavía con la resaca de unos festejos que se prolongaron hasta el sábado, los vecinos de Viegu esperan que el hecho de contar con tres niños en la localidad sirva como ejemplo para que otras familias se animen a instalarse en los diferentes pueblos del municipio que en las últimas décadas están sufriendo un éxodo rural. Esto, unido al generalizado envejecimiento de la población, amenaza con convertir las poblaciones de la zona en pueblos fantasma. Pero en Viegu, de momento, este temor se ha disipado.

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