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Tres generaciones para cultivar la mejor huerta de Parres, en Huexes

"Me presta que mis nietas se entretengan más esbillando fabes que jugando a la maquinita", subraya la ganadora del Certamen de la castaña

Hortensia González Guanes en su huerto de Huexes. CRISTINA CORTE

Las frutas y verduras saben mejor cuando se cultivan en familia. Lo dice Hortensia González, que el domingo se alzó con los dos premios "gordos" del Certamen de Arriondas: el de mejor castaña y el primero de los productos de la huerta. La parraguesa asegura que el secreto del éxito está en la constancia y en el apoyo que recibe por parte de sus dos hijos -Charo y Rafael Peón- y sus tres nietas -Denís, Mara y Miriam- a la hora de labranza.

González cogió por primera vez la fesoria siendo bien pequeña, en Huexes, y a sus 74 años se niega a soltarla "porque entretiene mucho", y eso que relevo no le falta. "Me presta ver que mis nietas, que tienen 17, 11 y 8 años se entretienen más esbillando fabes que jugando a la maquinita", subraya. La doble ganadora del Certamen de la castaña de Arriondas les enseña a sus descendientes cuándo es la mejor época para plantar cada producto. "Ahora toca plantar la cebolleta que se recoge en marzo, los guisantes, les fabes de mayo y trabajar con los semilleros en el invernadero, y en diciembre, las patatas tempranas", apunta.

A los cultivos tradicionales como los guisantes o el maíz añaden cada año incorporaciones como la patata china o nuevas variedades de fabes. "Tenemos una conocida como 'maximina' muy buena porque no se mancha", explica su hija Charo, que vende los productos de Huexes en los mercados de Arriondas, Pola de Siero y Cangas de Onís. "Hay buena clientela fija porque saben que no usamos químicos y que utilizamos abono natural de nuestras vacas", resalta. Entre los curiosos que a veces se acercan hasta su huerta están chef con estrellas Michelin de la talla de Nacho Manzano, de La Salgar.

Calabazas gigantes de más de 80 kilos y rábanos enormes pueblan la huerta de Hortensia, que ha llegado a clasificar hasta 70 clases de castañas. "La gente nos da permiso para que las recojamos en sus fincas porque si no se pierden o las comen los jabalíes. Nosotras vamos renovando los castaños y haciendo injertos porque algunos tienen doscientos años y ya van dando menos producción. La siega también es muy importante", señala Charo, que puso a la venta unos 300 kilos del fruto (que llegó tardío y más escaso) en el Certamen de Arriondas, donde la variedad de la valduna fue la más demandada.

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