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CARMEN CODESAL | Riosellana, miembro de "Muyeres en Llucha"

"Todas las mujeres sufrimos algún tipo de violencia"

"El gran mensaje es denunciar, pero en las instituciones no hay nadie preparado para empatizar con la víctima"

Carmen Codesal, en Ribadesella.

Carmen Codesal, en Ribadesella. P. M.

Carmen Codesal (Ribadesella, 1975) lleva muchos años vinculada al feminismo y en la actualidad es la representante local de "Muyeres en Llucha". Ha estado saliendo a la calle por cada uno de los 103 asesinatos de violencia machista que se han registrado este año. Esta tarde (19 horas) saldrá una vez más, en un acto convocado en la plaza del Ayuntamiento de Ribadesella.

-Además de acciones reivindicativas, a "Muyeres en Llucha" también se acercan las víctimas buscando ayuda. ¿Qué encuentran en el colectivo que no tienen en las instituciones?

-Se nos están acercando mujeres pidiendo ayuda, es un tema delicado. Primero nos limitábamos a acompañar a los juzgados, a los puntos de encuentro, pero a nosotras nos sobrepasa, no estamos preparadas. Nos jugamos la vida nosotras y ella, que está más cómoda con nosotras que con la institución. Cuando las víctimas llegan a las instituciones se les dice o que no es para tanto o que están las cosas como están. Pero cien asesinatos al año en un país supuestamente del Primer Mundo es, como mínimo, para planteárselo. Creo que no se les toma en serio y que no hay gente formada para atenderlas.

-¿Es el de la violencia hacia las mujeres un fenómeno más extendido de lo que se cree y se denuncia?

-Sí, partimos de la base de que todas las mujeres sufrimos algún tipo de violencia. Porque no tenemos acceso al mundo laboral igual que los hombres; si somos madres sufrimos, si no también. Cuando se formó "Muyeres en Llucha" a partir de un grupo de gente inquieta vimos que todas habíamos pasado algo dramático. O un novio controlador o un padre autoritario, permisivo con tu hermano pero contigo no. Todas caminamos con miedo por la noche al volver a casa. Como decía Michael Moore, "si alguien te atraca o viola no llevará vestido ni tacones". Por otra parte, está demostrado que el setenta por ciento de las agresiones a mujeres los comete alguien del entorno cercano. Imaginemos la crisis y anulación cuando alguien de tu confianza es capaz de hacerte daño. Somos las únicas víctimas que nos enamoramos de nuestro opresor.

-¿Lo más importante es denunciar?

-Es el gran mensaje, denuncia. ¿A quién? No hay nadie preparado para empatizar con la víctima. Sé de casos donde la mujer por fin se ha atrevido a dar el paso y le dicen que está exagerando, que vuelva para casa. Este es su primer contacto, siempre va a tener que demostrar la agresión, lo que dice la mujer se pone en entredicho. Y luego las medidas, una orden de alejamiento, cuando te la dan. Es un papel en el que dice los metros que tiene que tener ese que te agredió, pero no hay nadie que lo vigile, sólo un policía asignado para llamarlo en caso de que se la salte. A nosotras las víctimas nos ven como cercanas, de calle, pero también tenemos ciertas carencias. Lo hacemos con la mejor voluntad, pero hay cosas que se nos escapan y no tenemos medios.

-¿Qué pasa con las generaciones más jóvenes?

-En Asturias hay un repunte alarmante de víctimas menores de edad y otra cosa que me asusta: de las denuncias por palizas, casi todas menos tres volvieron con el agresor. El control desde los teléfonos, en redes sociales, la hipersexualización de niñas en la tele, sólo pensando en cómo ligar y agradar. Nuestro fin último es estar siempre disponibles para apetencias y deseos de quien las quiera. Recuerdo algún caso cuando era una niña, pero todos hacíamos piña, era inadmisible. El tono en que se hablan ahora es más violento. Esto quiere decir que todos estos años de feminismo, de intentar eliminar privilegios y tener una sociedad más igualitaria, no han cuajado. Ahora tenemos una generación más machista porque no se les ha educado en los afectos. Su primer acercamiento al sexo es a través del porno, en su ordenador, sin filtros ni criterio.

-Ha salido a la calle tras cada asesinato. ¿Cree que ha conseguido visibilizar el problema?

-Parece absurdo, se suma poca gente, pero cada vez que me ven comprando una cartulina morada me preguntan: "¿pero... ¿otra?, ¿cuántas van ya?". Además, se leen todos los nombres para ponerles cara a esas personas, no es una estadística.

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