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Denuncian la suciedad y la mala conservación del cementerio de Arriondas

Los vecinos reclaman al párroco que promueva una comunidad de gestores para "devolver la dignidad" al camposanto

Entrada al antiguo cementerio civil de Arriondas, obstruida por ortigas de más de un metro de altura. C. CORTE

La paciencia de los vecinos de Arriondas se agota, cansados de que no se ponga remedio al problema de "dejadez" que, a su juicio, sufren desde hace varios años la iglesia parroquial de San Martín y el cementerio civil.

Los vecinos califican de "penoso" que la torre de la iglesia de la capital parraguesa no haya recibido ni una sola capa de pintura en sus ochenta y seis años de existencia, tal como señaló el cronista oficial del concejo, Francisco José Rozada, a través de un articulo publicado en LA NUEVA ESPAÑA el pasado 13 de abril.

Los feligreses denuncian, además, el avanzado estado de deterioro que sufren las barandillas y las escaleras de acceso al templo. A la lista de desperfectos se suma la conocida como Cruz de los Caídos, que carece desde hace más de una década de algunas piedras en sus brazos. El párroco local, Amaro Balbín, rechazó ayer hacer valoraciones con respecto a las quejas, pero este periódico ha podido saber que la iglesia estudia llevar a cabo mejoras en el entorno.

La situación no mejora en el cementerio parroquial, donde algunos pabellones de nichos carecen de un tejado en condiciones y aparecen cubiertos por hiedras de más de un metro de altura, tal como pudo constatar ayer este periódico. Nada más llegar, una fuente convertida en altar a la que le faltan pintura y mosaicos desde hace años da la bienvenida al visitante. La flanquean dos farolas oxidadas y sin cristales. Por eso, los usuarios urgen al Arzobispado a tomar cartas en el asunto y abogan por que el párroco cree una comunidad de gestores para "devolver la dignidad" al entorno en el que descansan sus antepasados. "Esto se resuelve con compromiso vecinal y exigiendo a la Iglesia y al Ayuntamiento que cumplan la parte que les corresponde", dicen los afectados, algunos de los cuales han decidido hacer obras por su cuenta para mejorar, por ejemplo, los pasillos de acceso a sus nichos o los tejados de los pabellones, ante la inexistencia de un grupo de trabajo que coordine las acciones.

A estos problemas se suman otros secundarios, como los ataques que sufren los setos de boj del cementerio por parte de larvas de polillas asiáticas conocidas como "Cydalima perspectalis", una plaga que devora las ramas y las deja de un acusado color marrón. La plaga, presente en toda la cornisa cantábrica, ha obligado a cerrar parques y jardines en lugares como Galicia para su tratamiento.

Además, el antiguo cementerio civil de Arriondas, separado del general por una portilla metálica, se ha convertido poco menos que en una jungla, según denuncian los lugareños. "Las tumbas son imposibles de ver porque han quedado sepultadas bajo escombros y ortigas", alertan.

Los feligreses mostraron su malestar por el hecho de que los restos de las cajas fúnebres y sus telas sean depositados junto con flores marchitas, cristales y otros despojos en un vertedero improvisado a escasos tres metros de la iglesia del Carmen, que durante siglos ejerció como templo parroquial de Arriondas. "No parece el sitio más apropiado para tirarlos y queda poco estético, por no hablar de los posibles riesgos para a salubridad y el medio ambiente", destacan.

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