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Los últimos pastores de Picos de Europa abren restaurante y museo en Tresviso

Ganaderos de Cabrales inicial un canal de distribución directo para servir la carne que producen en Sotres y mostrar su modo de vida

Kaelia Cotera y Abel Fernández.

Kaelia Cotera y Abel Fernández.

Los últimos pastores de los Picos de Europa buscan alternativas de vida. Los dos que quedan en Sotres (Cabrales) con ganadería en extensivo dedicada a la producción de carne de tres especies (ovino, caprino y bovino), el matrimonio que forman Kaelia Cotera y Abel Fernández, han decidido emprender también en otro sector: abrirán un restaurante en la localidad cántabra de Tresviso, muy cerca de la cabraliega en la que residen y además lugar de origen de ella. No van a abandonar la actividad por la que apostaron ya hace unos años y que es ya una cultura en vías de extinción en la comarca, pero sí a explorar otras posibilidades con las que tratar de tener un futuro mejor.

“Es una manera de evolucionar un poco. Al final es a lo que te llevan, porque la ganadería en sí, en esta zona, da mucho trabajo pero una familia no puede vivir de ello. Puedes tirar día a día un poco, pero, por ejemplo, no puedes tener una hipoteca con los ingresos que tienes, te ves trabajando y trabajando pero nunca es suficiente. Había que buscar una forma de diversificar”, explica Kaelia Cotera, una joven que, junto a su actual marido, decidió un día dejar la vida en la ciudad, su trabajo y apostar por las “raíces”, por el modo de vida que había sido el de los suyos y dedicarse a la ganadería.

Pero ese planteamiento de vida no ha sido del todo posible. Porque a la dureza del medio se une la ausencia de medidas que de verdad hagan posible subsistir en los núcleos de población más rurales y periféricos de Asturias. Y el matrimonio llevaba ya unos años dándole vueltas a la idea que ahora se materializa. El restaurante abrirá este verano y será además un modo de comercializar directamente la carne que producen.

“Las ganaderías están como están. Hay tiempos buenos y tiempos malos y para la carne no siempre está asegurada la venta. Así que pensamos en comercializar nosotros el producto a través del restaurante”. El establecimiento se llamará El Redondal, “lo que será una sorpresa para mi madre”. El nombre es el de la majada cántabra de Tresviso de donde es originaria la progenitora de Kaelia Cotera, quien fue una de las últimas niñas que la habitaron.

Edificio del restaurante-museo El Redondal, en Tresviso. | K. C.

Hoy, por la majada de las Vegas, en Sotres, el último niño que corretea es Alejandro, el hijo de Cotera y su marido. El pequeño seguirá en la escuela de Arenas, aunque sus padres elijan Tresviso para el restaurante. Se decantan por esta localidad de la comunidad vecina porque la cabraliega en la que residen está “masificada” en lo que respecta a establecimientos hosteleros y enfocados al turismo. No así en la cántabra en la que han decidido empezar esta nueva aventura. “Somos una familia joven que va a emprender a un pueblo que va a desaparecer si no se hace algo allí”, explica Cotera, cuya sensibilidad y pesar ante el vaciamiento progresivo de muchas zonas rurales está presente a lo largo de toda la conversación.

De emprender, de arriesgar y de amor a sus raíces sabe bastante este matrimonio, de la Ganadería Cambureru, de la familia de Abel Fernández, al que la pareja sumó luego cabras y ovejas autóctonas. “Yo vivía en Santander, tenía mi trabajo fijo allí y todo, pero al casarnos pues tenía que decidir, o venir yo para Asturias o tener que irse él allí”. La decisión, también porque apostaron por formar una familia, fue dejarlo todo y establecerse en Sotres. Ahora, tras unos años, toca, en cierto modo volver a empezar con este proyecto.

No será un restaurante al uso. Y no solo servirá la carne que ellos mismos producen. El visitante podrá conocer además la forma de vida de los pastores de los Picos de Europa y, para ello, en el edificio habrá también un pequeño museo con esa temática. Esta peculiaridad está incluida en el proyecto por amor a lo propio y porque fue la idea que les abrió la puerta a poder solicitar ayudas Leader. Estas, explica Cotera, no apoyan “lo de siempre”, es decir, un restaurante sin más o un bar al uso tan comunes en zonas con potencial turístico, sino iniciativas que se diferencian y aportan valor añadido al territorio para el que se plantean.

“Nosotros nos dedicamos al pastoreo y con el museo queremos abrir una pequeña ventana para la gente a lo que es nuestra vida y a la que ha sido la de nuestra familia”, explica. El restaurante tendrá tres plantas y, en el bajocubierta, habrá una réplica de una cabaña de pastores. Hay gente que nos está donado cosas para el museo, algunas que guardan y casi ya no saben para qué sirven. Como a nosotros, les hace ilusión el proyecto porque ellos tienen esas raíces, vienen de esa forma de vida. Son objetos que tenemos de padres o abuelos, fotos… Porque ahora, a veces, se pasa por las majadas y mucha gente no sabe para qué están ahí esas cabañas porque están sin usarse y ya nadie sabe qué son”, añade.

Oveja xalda

Para hacer realidad este proyecto ha sido necesario mucho esfuerzo. “La única manera era acogernos a la subvención del Leader, el único modo de llegar a este proyecto. Nos costó mucho aun así la financiación, muchos bancos nos cerraron la puerta. Al final fue una entidad en Asturias la que nos apoyó”, cuenta para subrayar que papeleos, financiación e incluso construcción del inmueble han supuesto años de esfuerzo.

La ganadería Camboreru tiene unas 130 cabras, 60 vacas y 65 ovejas xaldas. “En el restaurante queremos también dar a conocer el producto de la oveja xalda, porque creo que es el único rebaño de esta raza que pasta en el parque de los Picos de Europa en extensivo. Tiene un sabor más próximo a lo que es el cabrito”, explica Cotera, que incide en que el proyecto no es una ruptura con su forma de vida, sino una alternativa “complementaria” a la actividad que ahora desarrollan.

“Nosotros queremos seguir con lo nuestro, no perder lo que es nuestro. Lo que buscamos es fusionar nuestra ganadería y vender directamente nuestro producto al consumidor, sin intermediarios, hacer esto más rentable. También nos incentivó que Tresviso es un pueblo que se está despoblando, con una edad media de sus vecinos muy alta. Si nadie invierte, se morirá. Y también es una manera de decir voy a seguir yo adelante para que no se pierda y que, si esto llama, que yo tengo esa esperanza, que más gente al ver que nosotros estamos haciendo esto, vuelva a ir allí y se decida, a lo mejor, a apostar también por la zona”, concluye Cotera.

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