Opinión

Forofismo y política internacional

De cuando el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger habló de fútbol con el periodista Melchor F. Díaz

En Henry Kissinger (1923-2023) el fútbol fue siempre una pasión inveterada. El controvertido exsecretario de Estado norteamericano, impulsor de la distensión con la Unión Soviética y del restablecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China en los años 70, sabía leer las complejidades de los encuentros y analizar con criterio las tácticas y estrategias del juego. Podría haberse ganado la vida como comentarista deportivo.

Nacido en Fürth, Baviera, hijo de padres judíos, Heinz Alfred Kissinger Stern había empezado de crío a patear un balón en las instalaciones de la sociedad deportiva hebrea Bar Kochba de Núremberg. Llegó a jugar luego con los juveniles del club local de fútbol Spielvereinigung Fürth, de primera división. La judería de Fürth, consolidada ya en el siglo XVI, contaba con hospital propio desde 1653 y era un paradigma de asimilación. En tiempos de la República de Weimar su población representaba la cuarta parte del censo de la localidad.

Todo dio un vuelco trágico a partir de la llegada de Hitler a la cancillería en 1933. En la "Noche de los cristales rotos" (9 de noviembre de 1938), inicio de la Shoah, los ataques perpetrados en Fürth contra familias y propiedades judías quedarán reflejados en un reportaje gráfico –uno de los más amplios que se conserva de aquellos hechos– realizado por fotógrafos que acompañaron a las SA durante el pogromo. Hacía tres meses que los Kissinger habían emigrado a Estados Unidos. Heinz, que tenía quince años, no regresaría a Alemania hasta la derrota del Tercer Reich. Lo haría formando parte de la sección de Inteligencia Militar de una división norteamericana y actuaría como traductor en interrogatorios a agentes de la Gestapo.

Aquel joven estudiaría después en Harvard, se afiliaría al Partido Republicano y rediseñaría el orden internacional, pero siempre con el balompié metido en la cabeza. En los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX nadie promocionaría el fútbol tanto como él. Cuando se retiró de la primera línea política influyó decisivamente en el fichaje de Pelé y Beckenbauer por el Cosmos de Nueva York y consiguió que Estados Unidos organizara el campeonato mundial de 1994. Su gran triunfo.

Una exposición sobre la presencia judía en la historia del fútbol alemán, organizada en Fürth coincidiendo con el Mundial de Alemania (2006), rendiría homenaje a Kissinger con un original y elocuente golpe de efecto. La muestra se titulaba "Kick it like Kissinger" (Patéala como Kissinger), y entre los contenidos se recogía la memoria de hombres como Walther Bensemann (1873-1934), jugador, creador de clubes y fundador en 1920 de la famosa publicación deportiva "Kicker" (que sigue siendo la principal de Alemania en su género); el austriaco Hugo Meisl (1881-1937), jugador, entrenador y audaz pionero de la profesionalización del fútbol, y el mítico goleador Julius Hirsch (1892-1945), víctima de los nazis en el campo de exterminio de Auschwitz.

El exmandatario, que nunca fue jurado de los premios "Príncipe de Asturias", acudiría a Oviedo a finales de 1993 para dar en el teatro Campoamor una conferencia sobre política internacional. Visitó la redacción de LA NUEVA ESPAÑA y fue invitado a almorzar en la primera planta del edificio de la calle Calvo Sotelo, 7. Durante la sobremesa, Melchor F. Díaz, director entonces del periódico, sacó a colación el tema del fútbol, y Henry Kissinger se explayó a gusto. "Tenía un vozarrón tremendo", recuerda hoy el periodista de El Entrego.

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