15 de octubre de 2013
15.10.2013

García Iglesias: "Nunca podremos demostrar que el Sudario es de Cristo"

El catedrático jubilado de Minas e investigador del Centro de Sindonología considera "prometedor" el estudio comparado con la Sábana de Turín

15.10.2013 | 02:05
García Iglesias: "Nunca podremos demostrar que el Sudario es de Cristo"

Jesús García Iglesias, catedrático jubilado de la Escuela de Minas de la Universidad de Oviedo e investigador del Centro Español de Sindonología, dejó bien claro ayer, ante el numeroso público que asistió a su conferencia en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, que "los científicos nunca podremos demostrar que la tela que se guarda en la catedral de Oviedo es el Sudario de Cristo". Ahora bien, García Iglesias advierte de que "tampoco hay ningún dato que desmonte esa teoría, todos encajan con el Evangelio y la tradición".

Jesús García Iglesias, miembro del equipo de investigación del Centro Español de Sindonología (Edices) y en la actualidad profesor honorífico de la Universidad de Oviedo, ofreció una conferencia titulada "Datos científicos y autenticidad del Santo Sudario de la catedral de Oviedo", que fue organizada en colaboración con el Ateneo de Oviedo. El acto, con parte del público de pie, fue presentado por su presidente, Esteban Alú Mortera.

"No nos debe importar desmontar la falsedad de una reliquia: lo contrario sería fetichismo, pero no podemos decir sin pruebas que es falsa", puso de manifiesto el ponente invitado por el Ateneo. Sus mayores expectativas están puestas, reconoció, en los estudios comparativos entre el Sudario de Oviedo y la Sábana de Turín. "Ese trabajo de comparación es lo que más promete", destacó.

Entre ambos lienzos, el de Turín y el de Oviedo, hay notables diferencias. "En la Sábana lo enigmático es la imagen impresa. Los científicos, con las técnicas más punteras, no serían capaces hoy de reproducir esa imagen en negativo; en el Sudario hay sangre pero ni rastro de la posible radiación que provocó la imagen de la Sábana, sólo sangre y líquido vertido por una persona con un edema pulmonar intenso", explicó.

Sangre, líquido de los pulmones de un cadáver y un sinfín de elementos contaminantes, según García iglesias. La tela fue cosida, explicó, e incluso queda algún hilo; hay en ella restos de carmín de labios, de distintas épocas, y manchas de purpurina, incluso las marcas de un bote de pintura apoyado en la tela mientras el artesano reparaba el marco. El Sudario, continuó contando, estuvo clavado al bastidor de madera con clavos de hierro y quedan en él manchas de algún tejido, probablemente una cortina que lo ocultaba. Aún hoy está cubierto por un retazo de terciopelo rojo. También hay una quemadura, restos de cera y mirra. Y es más que probable que García Iglesias pudiera seguir adelante con esa lista. Todo ello pone en evidencia, según el investigador del Edices, la necesidad de mejorar las condiciones en las que el lienzo se preserva, una prioridad que contempla el proyecto de remodelación de la Cámara Santa que comenzará a ejecutarse el próximo mes de diciembre. "Se trata de conservarlo lo mejor que se pueda, para que los peregrinos lo puedan seguir venerando", manifestó el conferenciante.

Jesús García Iglesias dio también algunos detalles sobre las conclusiones obtenidas de la observación del Sudario de Oviedo. Explicó que el paño le fue colocado a un hombre colgado en una cruz, sobre la cabeza, ya muerto y sin ninguna corona de espinas. El lienzo se mantuvo durante el descenso de la cruz y el cadáver fue puesto boca abajo, por eso el líquido pulmonar se vierte en gran cantidad sobre él. Luego, en el sepulcro, el Sudario fue retirado. Las heridas infligidas en el cuerpo de la persona cubierta por la Sábana Santa, que según las investigaciones del Edices, es la misma que la del Sudario, fueron magistralmente retratadas por el escultor catedrático Juan Manuel Miñarro, en opinión de García Iglesias, en la escultura que durante este pasado verano se mostró en la exposición sobre el lienzo de Turín instalada en la plaza de la Catedral de Oviedo. "Esa pieza era la joya de la exposición, sólo ella la justificaba", sentenció el profesor ovetense.

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