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Oviedo llora a Elena Cuesta, una sombrerera visionaria

Fallece a los 93 años la mujer que regentó desde 1964 y durante casi medio siglo la casa Albiñana

Oviedo llora a Elena Cuesta, una sombrerera visionaria

Oviedo llora a Elena Cuesta, una sombrerera visionaria Lucas BLANCO

“Vivía por el negocio. Se jubiló con 81 años siendo una visionaria y cuando le llegaron los achaques decía que su enfermedad fue haberlo dejado”. Claramente emocionado y todavía en proceso de asimilación de lo sucedido, Luis Bobes recuerda a su madre, Elena Cuesta, como toda una institución del mundo del sombrero y un referente de varias generaciones de emprendedores emblemáticos de Oviedo. La que fuera propietaria de la emblemática Sombrerería Albiñana desde 1964 hasta su retiro en 2009 falleció el pasado fin de semana sin hacer ruido, a los 93 años, pero dejando un enorme legado comercial perpetuado por sus dos hijos.

Cuesta era la menor de diez hermanos, “ovetenses de toda la vida”, y tuvo una infancia difícil. Su madre falleció en la Guerra Civil y fueron su padre y sus hermanos quienes la ayudaron a salir adelante en la dura posguerra española.

Empujada por la necesidad, en 1955 decidió probar fortuna lejos de casa y emprendió un largo viaje con destino a Venezuela. En el país sudamericano aprendió a coser. Después de una década de horas y horas enhebrando hilos y dándole a la aguja, logró reunir el dinero suficiente para volver a su tierra y emprender su propio negocio.

Elena Cuesta, en su tienda en el año 2000. En la imagen de abajo, el funeral de ayer en San Isidoro. | | LNE Lucas BLANCO

No lo hizo sola. Un apuesto joven noreñense también emigrado a tierras venezolanas le había robado el corazón. En Asturias iniciaron una vida en común. Elena se casó con Mariano Bobes y junto a su hermana Mari y su cuñado Adolfo Fernández cogieron el traspaso de la histórica sombrerería situada frente a la iglesia de San Juan, abierta por el valenciano José Albiñana en 1923.

La única condición de los herederos del empresario levantino era mantener el nombre del céntrico establecimiento, consolidado gracias a una clientela con predominio de militares e incondicionales del bombín y la chistera.

La nueva etapa del negocio empezó en 1964 con los varones como caras visibles y las mujeres más volcadas en el trabajo contable y la crianza de sus hijas. Poco después, Elena se puso detrás del mostrador y desde entonces su cara se convirtió en sinónimo de buena sombrerería en toda la región.

“Era muy innovadora, sabía ver muy bien las oportunidades de negocio”, indica Luis Bobes, que junto a su hermana Eva retomaron el negocio en dos ubicaciones tras el cierre de la emblemática tienda de Melquiades Álvarez.

Oportunidad “Mundial”

Bobes pone como ejemplo de la clarividencia comercial de su madre el nicho de negocio descubierto con motivo del Mundial de fútbol de 1982. “Se pasó meses y meses cosiendo banderines de Austria, Argelia y Chile, pero mereció la pena”, rememora sobre el gran acierto de una actividad que desde entonces se incorporó a la cartera de servicios de la Sombrerería Albiñana.

Tanto Elena como su inseparable esposo continuaron al pie del cañón hasta convertirse en octogenarios. Ambos cerraron en 2009 una etapa de casi medio siglo de trayectoria durante el que sus viajes por España para buscar los mejores materiales del mercado eran habituales. “No escatimaban en kilómetros con tal de ofrecer la máxima calidad posible a sus clientes”, recuerda Bobes sobre un matrimonio que hace cuatro años ya se había quedado cojo por el fallecimiento de su progenitor.

Más de medio centenar de personas, entre ellos sus hijos, sus nietos y muchos clientes y amigos, dieron hoy su último adiós a la visionaria de los sombreros en un funeral celebrado en la iglesia de San Isidoro el Real.

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