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Proyectos navideños

El rastrillo misionero del Corazón de María: "Un precio pequeño para una labor muy grande"

El mercadillo navideño para recaudar fondos destinados a las Misiones Claretianas lleva activo desde los años 70

Geli García, Lali González, Margarita Rodríguez, Mari Paz Nachón, María Victoria García, Rafi Díz, Rosa María Gómez, Miguel Ángel Niño e Isabel Suárez

El bajo de la Parroquia del Corazón de María (Plaza de América) es un festival de etiquetas de papel,que ponen precio a una obra de caridad de nueve voluntarias y un párroco. Ser repiten cada año desde hace décadas. El mercadillo misionero reabrió el viernes pasado sus puertas, tras el parón del virus, para recaudar fondos que irán destinados a las Misiones Claretianas. Se trata de una iniciativa navideña, que data de finales de los 70, en la que sus precursores recorren las tiendas en busca de la donación del material que se venderá a los visitantes. Bisutería, menaje del hogar, ropa, complementos y juguetes algunas de las cosas que uno encuentra en el bajo de la iglesia.

"Un precio pequeño para una labor muy grande", sostiene Elvira Fernández, una de las organizadoras. Y no le falta razón, porque se puede encontrar hasta una cafetería a coste de ganga y todo "de primera mano, excepto las cerámicas", según la voluntaria Rafi Díaz. Todo para que la recaudación llegue directa de Oviedo a Centroamérica.

Elvira Fernández, voluntaria en el mercadillo misionero Irma Collín

La tarea de recopilación ha sido dura, aunque sus recolectoras son incansables. "Se han pateado toda la ciudad con la intención de recuperar el trabajo perdido durante el año anterior", explica Miguel Ángel Niño, el cura de la parroquia. Entre los productos disponibles se encuentran algunos de los que tuvieron que almacenar en las navidades de 2020 aunque muchos hubo que desecharlos por deterioro que sufrían. La sensación general en el arranque es positiva. El rastrillo se inauguró el viernes a mediodía y media hora más tarde ya habían pasado por allí varias personas que, además, habían comprado. "Pensamos que iba a funcionar peor por el miedo de la gente, pero estamos recibiendo muy buena respuesta", comentan las voluntarias llenas de entusiasmo.

Sobre una de las mesas donde se exponen sus "pequeños tesoros" hay un álbum de fotos que recoge el paso de la iniciativa a lo largo de las décadas. Desde 1991 la organización comenzó a inmortalizar las instalaciones repletas de enseres, voluntarios y asistentes, siempre con una sonrisa a cámara, que esta Navidad será con mascarilla.

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