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Dio ayer una conferencia en Oviedo Shirin Musa Activista paquistaní de Femmes for Freedom

“La mujer inmigrante quiere emanciparse, ir a la Universidad y tener una vida feliz”

"Cada país tiene sus derechos y batallas y tenemos que aprender unos de otros para avanzar en el camino"

Shirin Musa. | LNE

Shirin Musa (Quetta ,1977) es paquistaní de nacimiento y holandesa adopción. Se casó enamorada pero después no pudo obtener la separación: “Mi marido se negó a concederme el divorcio islámico y eso me impedía rehacer mi vida”. La situación le restó salud, vista y audición, pero Musa sacó fuerzas para ponerse en pie y lucha por sus derechos: “Lo hice porque dentro de lo que cabe soy una privilegiada, muchas mujeres en mi situación mueren en el intento”. De gira por España junto a su Fundación Femmes for Freedom para concienciar sobre la importancia de la autonomía de la mujer y el cautiverio marital, ayer visitó Oviedo para dar una conferencia en la Biblioteca de Asturias.

–A raíz de su vivencia fundó una ONG.

–Nació en 2011 con la finalidad de reconocer el cautiverio marital como violencia contra las mujeres. Durante años, mi marido me negó el divorcio religioso, lo cual me convertía en adúltera en países islámicos y me impedía volver a enamorarme o formar una familia. Me puse a estudiar Derecho para hallar la salida, y gracias a la jurisprudencia marcada por una mujer judía en 1982 conseguí que el tribunal reconociese mi causa. Aun así, se trataba de un trámite civil y yo luché hasta que se reconociera como un delito penal, al menos en Holanda.

–Al final consiguió ambas cosas.

–El 19 de noviembre de 2010 volví a la vida. Cuando el tribunal sentenció a mi favor sentí que una especie de fantasma abandonaba mi cuerpo. Recuperé la vista, que estaba borrosa debido al estrés, y la audición. Después decidí alzar la voz como privilegiada que soy, en el nombre de las miles de mujeres que ante la misma situación se topan con la muerte. Yo conté con apoyo familiar, legal y de muchas amistades. La mayor parte de las inmigrantes encuentran barreras y desconocen cómo pueden sortearlas.

–¿El poco respaldo social a estas causas nace del desconocimiento o de la discriminación?

–El primer tabú lo ponen las personas afectadas. Normalmente llegan a esta situación por medio de sus seres queridos y no quieren contarle a la gente: “Mi madre me obligó”. Luego ya aparece el problema de las burbujas económicas y sociales del primer mundo. La primera generación de inmigrantes, la de mis padres, apenas hablaba el idioma del país y se ganaba la vida en las fábricas en busca de la prosperidad económica. Los descendientes debemos ser más asertivos y reclamar la igualdad. Por suerte, la mujer se está emancipando, quiere ir a la Universidad y tener una vida feliz. Si los hombres o el sistema no pueden lidiar con eso, es su problema.

–¿A qué se enfrentan las inmigrantes hoy en día?

–En Holanda mueren una media de cinco años antes que los nativos debido a las carencias de salud. La situación de pobreza les empuja a la falta de cuidados. También hay una alta tasa de enfermedades de transmisión sexual y abortos –no tienen acceso a la píldora–, además de la mutilación genital. Cada país tiene sus derechos y batallas y tenemos que aprender unos de otros para avanzar en el camino.

–Los movimientos feministas, ¿unidos o por separado?

–Toda causa importa y debemos apoyarnos. Desde la mujer pakistaní con los talibanes hasta la americana que lucha por no perder el derecho a decidir sobre su embarazo. Si no protestamos juntas, hasta los continentes que tienen derechos podrían perderlos. La gente hace chistes sobre la decisión de muchas chicas de dejarse vello en el cuerpo. Pues también es algo importante: es tu causa, y si cada una va a por un tipo de derecho crearemos una gran red.

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