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El Jubileo corona la cima de la Catedral

El alpinista Eduardo de Deus colocará hoy en lo alto de la torre las banderas de la Perdonanza, una tradición perdida hace trece años por la inestabilidad de uno de los pilares

Eduardo de Deus, en su última subida a la torre, en 2009.

A ochenta metros de altura y con Oviedo a sus pies, así arranca hoy la jornada Eduardo de Deus Rodríguez, alpinista gijonés y uno de los encargados de colocar las banderas rojas en lo alto de la torre de la Catedral con motivo de la Perdonanza. Será desde las nueve de la mañana, cuando se recupere una tradición suspendida 13 años por «la inestabilidad de uno de los pilares», ya resuelta, según cuenta Benito Gallego, deán de la Catedral. A pesar de la dificultad de la hazaña, De Deus Rodríguez relatacon absoluta normalidad lo «agradecido» que está por poder participar. «Nos dedicamos a hacer diferentes trabajos relacionados con la escalada, pero que cuenten conmigo para esta colaboración es de agradecer». Sus 33 años unido a la montaña le hacen merecedor de este privilegio, «llevo muchos años en el mundo de la escalada, de la montaña, pero en esta ocasión, es un trabajo especial porque se trata de un patrimonio muy delicado, hay que andar con cuidado y como la otra vez salió bien supongo que por eso repetimos».

Eduardo de Deus. | LNE

En 2009 subió por última vez a la cumbre de la Catedral para retirar las banderas que permanecieron udoce meses arriba al tratarse de un año jubilar, siguiendo así un acto que según cuenta José María Hevia, sacerdote y canónigo, «se remonta probablemente a la alta Edad Media». Los orígenes de esta práctica hunden sus raíces en Pintaio, un astur que luchó en las legiones romanas. «Es el nombre del asturiano más antiguo que conocemos, es un signifer, un soldado que lleva el signife, el estandarte en la legión romana. Estamos hablando de los años 30 después de Cristo». Hevia añade que el oficio de portar el estandarte «empieza siempre haciendo referencia a la cruz de Cristo y empiezan a verse banderas rojas, como símbolo de la sangre». Otra de las referencias a esta tradición viene de la mano de una peregrina de nombre Egelia, que va del Valle del Silencio en Ponferrada a Tierra Santa de peregrinación en el siglo IV. «Ella narra que el Viernes Santo hay alguien que intenta morderla para llevarse una astilla, por lo que colocan unos diáconos para custodiar la cruz». Es así como se configura la imagen de los diáconos a modo de defensa secundando al símbolo, un ritual que se mantendrá como representación teatralizada «en los templos de Málaga, Sevilla en cuyas gradas se muestra la banderola de mano de los diácono», describe Hevia.

Sin embargo, habrá lugares en los que se recurra a las torres. «En el centro estaría la torre más alta, que sería el símbolo de la señal de la cruz y alrededor los que la defienden, que en el caso de la Catedral de Oviedo son las cuatro torrecitas de arriba». En el presente jubileo, se baja de la Cámara Santa el Santo Sudario para mostrarse y posteriormente se guardará «para volver a enseñarlo el día de San Mateo, cuando acaba la Perdonanza». También en esos días, bajará la Cruz de los Ángeles y es «muy probable que haya empezado en Oviedo el ceremonial de colocar las banderolas antes de la catedral gótica», confiesa José María Hevia, quien a lo largo de estos días ha estado distribuyendo algunas de las fotografías históricas que recogen el acontecimiento.

La presente ceremonia se acoge con especial ilusión, tras más de una década sin poder realizarse y con la novedad de que coincida con el Año Compostelano, por lo que «la Santa Misa Jubilar estará presidida por párrocos de pueblos que se encuentran en el Camino de Santiago», revela el Arzobispado de Oviedo.

Las vistas desde las alturas son privilegiadas, una postal para cualquiera, pero «un día más»en la vida de De Deus Rodríguez. «Soy profesional en la materia, me dedico también a la formación hago muchos trabajos verticales y ando colgado por todo el mundo, por lo que no me resulta tan espectacular». No obstante, asegura que «es especial subir al un punto tan alto de Oviedo, concretamente a algo tan característico como la Catedral, donde, por cierto, las vistas son muy buenas», confiesa. A pesar del vértigo que implica estar a 80 metros del suelo, el escalador le resta importancia. «No es difícil, estoy acostumbrado a hacer cosas mucho más peligrosas. Iré bien asegurado y sobre todo teniendo en cuenta el mayor hándicap que es cuidar la propia estructura».

Ser parte de esta tradición es un añadido a una trayectoria que empezó en 1989, nutrida por haber abierto varias vías en Picos de Europa. «Es uno de los escenarios donde más escalo, también colaboro allí coordinando los trabajos de extracción de vías junto con el parque nacional, la guardia civil de montaña, junto con el SEPA (Servicio de Emergencias del Principado de Asturias) o la Federación».

La confianza entre la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo del Principado de Asturias y la Catedral es sólida. «Recurrimos a ellos, que muy amablemente nos atienden. Normalmente son dos escaladores los que suben y se ayudan mutuamente. Ellos serán los signife, memoria del que lleva el signo, encargados de amarrar en lo alto las banderas durante el periodo de la Perdonanza, que es la preferencia del perdón por la sangre de Cristo», cuenta Hevia. La estrecha relación entre el Arzobispado y la Federación viene de lejos. «Estuve 10 años de compañero de Chema Hevia, desde que empezamos a cursar estudios eclesiásticos. Él continuó como sacerdote y yo lo dejé, pero, como creyente y asturiano es un honor que piensen en nosotros», revela Juan Rionda, presidente de la Federación de Montaña.

Los días previos a la subida se revisa con mimo la estructura y el perfecto estado de los anclajes de mano del responsable de escalada para dar fe de que todo está en óptimas condiciones. Y es que la ascensión debe ser medida para que la tarea transcurra sin problemas. «Hubo una temporada en la que se suspendió porque la flecha estaba muy mal, se movían las piedras. Piensa que esa zona fue bombardeada durante la guerra, de hecho, las fotos históricas muestran que la aguja está rota», afirma Hevia, pero tras un trabajo de restauración esta actividad puede realizarse «sin inconvenientes». Tras colocar las banderas en la cima de la catedral, estas ondearán en lo alto hasta el día de San Mateo, cuando se proceda a su retirada y se celebre una eucaristía que pondrá fin al Jubileo .

La tradición vuelve para quedarse con un objetivo claro: «Que la torre no quede solo en un mirador turístico, sino que se reivindique el valor cristiano específico que tiene. La torre es un dedo que señala más arriba, que entronca con la peregrinación», expresa Hevia, una tarea en la que ayudarán los escaladores con el fin de «no perder el simbolismo».

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