Los padres un niño ovetense diagnosticado con autismo lanzan una campaña para conseguir fondos para un perro de terapia

Necesitan reunir 10.000 euros que, unidos a otros 10.000 de la Asociación Kuné, costearían al can de terapia y su adiestramiento

La madre del pequeño Noah, Lara Espinosa, posa con el cartel de la iniciativa ante el CP Carmen Ruiz-Tilve de La Corredoria. | Irma Collín

La madre del pequeño Noah, Lara Espinosa, posa con el cartel de la iniciativa ante el CP Carmen Ruiz-Tilve de La Corredoria. | Irma Collín / Oriol López

Noah Díaz es un niño de tres años con autismo que vive en La Corredoria. Se lo diagnosticaron la pasada primavera porque sus padres, Lara Espinosa e Iván Díaz, detectaron que el pequeño tenía reacciones inusuales a los sonidos, los colores y las texturas, además de comenzar a desarrollar un trastorno del lenguaje. Desde entonces está recibiendo tratamiento y han descubierto que tiene una sensibilidad especial con los animales. El contacto con mascotas sería muy positivo para él, y ahora su familia se embarca en una lucha para conseguir un perro de asistencia que le ayude en el día a día. A través de la Asociación Kuné han iniciado una campaña de recogida de fondos llamada "Noah y su compañero fiel", en la plataforma Migranodearena.org. Necesitan reunir 10.000 euros que, unidos a otros 10.000 de la organización, costearían al can de terapia y su adiestramiento.

Un perro asistencial marcaría un antes y un después en la vida de Noah, señalan. Se trata de animales especialmente entrenados para el acompañamiento a los que se selecciona de cachorros por sus cualidades. El primer año de vida lo pasan en Madrid, en el seno de la Asociación Kuné, y luego se les educa específicamente para cada caso. Si la familia de Noah alcanza su objetivo, el perro llegará a su vida junto a expertos de la organización, que finalizarán el adiestramiento del perro en Oviedo y se asegurarán de que consigue el mejor vínculo con el niño. El nuevo compañero peludo de Noah le ayudaría a no perder los nervios en situaciones de estrés por su especial tranquilidad, a darle seguridad, proporcionarle rutinas sanas y apoyo emocional, además de servirle para mejorar sus relaciones sociales y habilidades de comunicación.

La gota que colmó el vaso en la historia de Noah y que puso a sus padres en marcha para buscar otras soluciones fue en la última cabalgata de Reyes. Llevaba un tiempo experimentando síntomas y sufrió un colapso sensorial debido a los sonidos y las luces. Lo pasó muy mal. "En ese momento dije que había algo más detrás", explica su madre. Ahí comenzó su odisea con el diagnóstico y el tratamiento.

El primer paso fue acudir a la sanidad pública, donde les mandaron a Atención Temprana. Allí les dijeron, según la madre, que no había nada relevante, ya que el niño "miraba a los ojos".

"Desde el sistema público el autismo está muy olvidado", afirma. Denuncia, además, se sintió "desamparada". Así acabaron en Cantabria, yendo por lo privado, donde identificaron que Noah padece un Trastorno del Espectro Autista (TEA). La contrapartida fueron unas facturas que aún siguen pagando y suponen un esfuerzo para la familia, en la que solo trabaja el padre del pequeño. Su madre lo hacía, pero no se ha podido reincorporar a su puesto tras la baja por la maternidad de su otro bebé, de un año. Ahora tiene que atender y acompañar a su hijo autista a sus terapias y en todo momento. "Tenemos la vida muy limitada", confiesa.

Noah es muy pequeño todavía, pero cada día que pasa plantea nuevos retos. La familia no puede ir a sitios muy ruidosos con él, como a centros comerciales, porque puede sufrir una crisis por la sensibilidad a los sonidos. Por su seguridad debe utilizar protección auditiva. También han de seguir una rutina muy estricta. El niño empezó este curso primero de infantil en el colegio Carmen Ruiz-Tilve y le "va mal". En opinión de su madre, el centro no ofrece muchos apoyos ni facilidades. "Está muy desregulado –emocionalmente– cuando llega a casa por lo que supone para él el colegio. Si ya es duro de por sí para un niño, para él supone un plus de estrés".

La situación es muy parecida entre todos los padres, según cuenta Espinosa, tanto para el diagnóstico, como para las situaciones que viven en el colegio. También coinciden en las dificultades con las ayudas, como la logopedia o la integración sensorial; y asociaciones como ADANSI, relata, están "saturadas". "La Seguridad Social te da ayudas cuando se le reconoce la discapacidad al niño", apunta, y añade que llevan esperando desde junio por una cita para que valoren a su hijo. "Así por lo menos nos darán una ayuda económica para pagar lo que necesite, ya que no lo hacen de ninguna forma más". "Nos sentimos totalmente abandonados en diagnóstico y tratamiento, con unas listas de espera abrumadoras. Te quedas sin saber muy bien cómo ayudar a tu hijo", lamenta, a la par que lanza un mensaje a la Administración pública: "Tendrían que ayudar y proporcionar estos perros, no que las familias tengamos que luchar tanto. Es una batalla diaria".