Entrevista | Ekaterina Bakanova Soprano, interpreta a Violeta Valéry en «La Traviata» que se estrena mañana en el Campoamor

"Para hacer un papel como el de Violeta una cantante tiene que haber sufrido"

"'La Traviata’ gana siempre, es un papel que crece y crece, está muriéndose y sigue creciendo, y al final de la función está más arriba"

Ekaterina Bakanova en el Campoamor, caracterizada como Violeta Valéry para el ensayo general de «La traviata». | |  DAVID CABO

Ekaterina Bakanova en el Campoamor, caracterizada como Violeta Valéry para el ensayo general de «La traviata». | | DAVID CABO / Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Ekaterina Bakanova ha interpretado a Violeta Valéry en 16 producciones de "La Traviata" y está ligada a ese papel por una curiosa historia. Conoce como pocas al personaje y mañana, a las 19.00 horas, en el estreno de la coproducción de la Ópera de Oviedo y el Festival Castell de Perelada, en el Campoamor volverá a encarnarlo desde una emoción profunda que nace de una dolorosa pérdida personal.

–Su Violeta para la Royal Opera House, en 2015, lanzó su carrera.

–A partir de ahí la prensa se interesó por mí y firmé varios contratos, especialmente para ese rol. Es un rol muy exigente para soprano desde el punto de vista vocal, también interpretativo; es muy dramático, demanda gran variedad de cualidades, pero de una manera u otra "La Traviata" gana siempre. En eso se parece a "Manon". El papel va creciendo desde el principio, aunque ella esté muriéndose el papel sigue creciendo. Violeta se vuelve cada vez más importante, más grande a ojos de la audiencia, y esa es la particularidad de este rol. Incluso vocalmente, este papel da a la soprano la oportunidad de crecer y crecer, y la parte final esta más arriba.

–¿Es así cómo la afronta usted?

–Todo depende del punto de vista escénico. Yo también tengo mis trucos para abordar ciertos pasajes y hacer grande el personaje. Lo conozco muy bien. Depende del día, puedo fallar, pero intento que tanto musicalmente como dramáticamente el personaje luche, llegue hasta el final, mantenga un esfuerzo constante contra las circunstancias.

–En cualquier caso, Violeta ha sido decisiva en su carrera.

–En 2015 firme mi primer contrato en Covent Garden para interpretar Musseta, en "La Bohème". Estaba ensayando y aprovechaba para ver otros ensayos, de las muchas producciones de repertorio que hacen, muy bonitas. Tenía mi ticket para "La Traviata", era la última función, con Sonia Yoncheva. Estaba todo vendido, y me dieron una entrada de pie. Estaba allí y me vienen a buscar: "¿Qué te parece si en lugar de estar ahí mirando vienes al escenario y la cantas?". La Yoncheva había cancelado y no encontraban sustituta, sabían que yo había hecho "La Traviata" dos meses antes en la Fenice de Venecia, y la tenía fresca. Mi debut como Musseta era en una semana, eran las dos de la tarde y me estaban preguntando si podía cantar "La Traviata" a las seis. Era una oportunidad para mí. Llamé a mi agencia. Acepté. Fui a casa a cambiarme, a rezar, volví al teatro y la asistente del director de escena tuvo 30 minutos para enseñarme el escenario, las dos solas.

–¿Cómo resultó?

–Creo que lo hice bastante bien. El departamento de prensa y marketing de Covent Garden me prometió que iba a dar la mayor resonancia a aquello, se contó todo lo ocurrido antes de empezar la función, lo "esponsorizaba" Rolex, había una cena con los sponsors... Fue una tarde muy importante. Creo que ahora me he vuelto más lírica, abordo de otra manera el papel...

–¿Qué fue de su Musseta?

–Sí, sí, una semana después hice Musseta.

–¿Cómo ha evolucionado su carrera desde entonces?

–La competencia ahora es enorme, no es como hace 20 o 30 años. Estaba la Freni, Sutherland, Victoria de los Ángeles... Tenían cuatro grandes contratos al año y una vida más tranquila. Ahora tienes más trabajo y una gran cola detrás, cantantes jóvenes, que cantan muy bien, tienen buena técnica... A veces sus carreras no duran más de dos años, todo es muy rápido. Tienes que tener buen aspecto, estar sana, que no asomen tus problemas personales, tener una buena agencia... El teatro quiere saber que siempre puede contar contigo. Antes con una buena voz y una buena técnica podías convertirte en una gran cantante, ahora ya no basta.

–Usted ha sabido gestionarlo.

–Mi carrera ha tenido grandes momentos, he cantado en grandes teatros, incluso durante el covid pude seguir trabajando. Luego llegó un problema personal, en 2021, con mi hijo. Paco (Azorín, el director de escena) sabe que esta función es delicada para mí porque me recuerda lo que viví con mi hijo. No lo puedo cambiar, estoy superándolo. Este es un trabajo muy delicado, es algo "psicofísico", tu voz refleja lo que sientes y si estás sufriendo se nota, no somos máquinas. Llegó un momento en que pensé que estaba perdiendo el control, pero mi agencia creyó en mí y sigue haciéndolo, y estoy muy contenta de volver a estar aquí. Lo que cuento de mi hijo sucedió poco después de haber actuado aquí, en Oviedo. La vida sigue adelante, y te da lecciones. Para hacer este tipo de papeles una cantante tiene que haber sufrido, y digo esto con dolor. Si no saber qué es perder a una persona, perder a un hijo, si no tienes nada que decir no puedes remover el corazón de la audiencia.

–En ese sentido, ¿está función es sanadora para usted?

–Me ayuda a sacar, pero también me revuelve. No puedes reservarte, tienes que dar el cien por cien, pero también soy consciente de que tengo que salir y defender el personaje ante el público. A veces ayuda, pero cuando termino me siento exhausta, vacía.

–¿Comparte la idea de Paco Azorín sobre Violeta? Él la ve como una mujer totalmente libre.

–Siento que es demasiado feminista. Yo me debo al director, tengo que interpretar su versión. Una vez hice una "traviata" china, en China... Yo respeto mucho a los hombres, me parece importante la presencia masculina en la vida de una mujer, eso no significan que las mujeres no tengan su propia vida, su amor propio, fortaleza interior, una personalidad fuerte, sueños, expectativas... Aquí parece que se cancela el mundo masculino. Paco exagera para subrayar esa idea que él tiene de la figura femenina. Es un genio, tiene ideas geniales que se adaptarían muy bien al cine. Es una producción con muchos mensajes: contra la violencia machista, sobre la posición de la mujer en la sociedad, su libertad física y emocional.

–¿Comparte sus opiniones con el director?

–Sí, él siempre esta abierto a escuchar. He hecho 16 producciones distintas de "La traviata", cada Violeta diferente. Es muy raro que yo me niegue a hacer algo que me pide un director de orquesta. Intento hacer una síntesis.

–¿Qué piensa usted de Violeta? ¿Qué opina de ella?

–Es voluble, se mueve entre la élite intelectual pero es víctima de los prejuicios, pero ella está por encima de las opiniones ajenas. También es muy generosa, y si eres generoso eres generoso para todo: en el amor, con la familia, con la gente... En esta producción es algo distinta, porque no perdona. No siempre debemos perdonar, y si lo hacemos no siempre podemos olvidar.

–¿Se siente cómoda con el vestuario que ha creado para usted Ulises Mérida? Luce un vestido plateado espectacular.

–Sí, da mucha luz, Ulises se lo hizo a Naomi Cambell, pero mi favorito es el smoking: me quito la chaqueta, que está inspirada en la que usaba George Sand, en el escenario y es un símbolo de libertad. El vestuario está lleno de símbolos.