Opinión

La orquesta que nos define

Una reflexión sobre cómo la pasión que vuelca en su patrimonio musical cohesiona e imprime carácter a la ciudad

¿Qué dice de una ciudad como Oviedo tener su propia orquesta sinfónica, en un país que cuenta con treinta formaciones, la mayoría de titularidad autonómica? Define, claramente, su personalidad. Con una tradición musical que se remonta a siglos atrás, es hoy una de las capitales nacionales de la música. Oviedo Filarmonía nace de una necesidad, la de hacer frente a una creciente programación de calidad para satisfacer las cada vez más exigentes ansias musicales de la ciudadanía.

Cuando hace cuatro años accedí a la presidencia del patronato de la Fundación Musical "Ciudad de Oviedo", de la que depende Oviedo Filarmonía, desconocía la verdadera envergadura de una formación musical como esta. Después de tres años como vocal del patronato tenía una vaga idea, pero carecía del conocimiento preciso. Ahora sé que una orquesta es algo más que un director, un grupo más o menos amplio de músicos y una estructura administrativa. Es, sobre todo, un complejo microcosmos de relaciones humanas, laborales y musicales en el que cada persona es un engarce que debe estar cohesionado con mimo para que la maquinaria funcione acoplada a la perfección.

Y solo mediante la perfección, que se logra con técnica pero también con pasión, se alcanza la excelencia y se consigue el aplauso del público. Emocionarlo, hacerle ver que está presenciando algo único, requiere estudio, fuerza interpretativa y una sólida dirección. Cuando estremece es cuando la música cobra sentido. Sin público que la jalee, pero al tiempo le exija cada vez más, una orquesta no es nada. Sin público, Oviedo Filarmonía no habría sobrevivido un cuarto de siglo hasta convertirse en un elemento sustancial de la personalidad de la ciudad.

Esa combinación en la que unos tocan, otro u otra conducen y los más sienten y disfrutan, ese armazón, decía, en el que todos juntos hacen música o se deleitan con ella, es un grito casi revolucionario que defiende y reivindica la cultura, es decir la libertad de pensamiento ante una de las más serias amenazas de la sociedad actual, la ignorancia. Oviedo Filarmonía, que, como decía antes, este 6 de febrero cumple 25 años, es, en este sentido, un gran bien. Y, en cierto modo, una metáfora de una ciudadanía que siente y ama la música.

Si echamos la vista atrás, allá por 1998, cuando el alcalde Gabino de Lorenzo promovió su creación, vemos una ciudad rebosante de espectáculos pero necesitada de una formación orquestal permanente: conciertos, ópera, zarzuela, ballet... La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) no podía hacer frente a tanta tarea. En 1999, coincidiendo con la apertura del Auditorio, nace la Orquesta Sinfónica "Ciudad de Oviedo" que, en 2007, pasaría a llamarse Oviedo Filarmonía.

Cuando se cumplen 25 años ya hay una amplia historia detrás, pero todavía se es joven. Nuestra orquesta está en esa etapa en la que se ha convertido en imprescindible, aunque también parece necesario abordar nuevos y arriesgados retos. Los músicos se forman y crecen mientras tocan o dirigen.

Son muchos quienes han hecho posible esta celebración: el Ayuntamiento y su Fundación de Cultura, que han apoyado a la orquesta incondicionalmente, los músicos que han formado o forman parte de ella, los maestros titulares que la han dirigido –José Gómez, Gregorio Gutiérrez, Friedrich Haider y Marzio Conti–, el actual, Lucas Macías, los invitados a lo largo de este tiempo, los trabajadores de la Fundación Musical "Ciudad de Oviedo", especialmente su gerente, María Riera, el director artístico y musical, Cosme Marina, los integrantes del patronato de la Fundación, el que fue su presidente durante dieciocho años, el muy querido Francisco González Álvarez-Buylla, y, en fin, los colaboradores en todos los ámbitos, los montadores, ordenanzas y acomodadores de los teatros Campoamor y Filarmónica, y del Auditorio. Y, sobre todo, los ovetenses.

En un mundo tan complejo como el actual, en el que la concordia es una necesidad acuciante, Oviedo Filarmonía nos reúne y nos une. Y, en ocasiones, cuando la música logra esa riqueza de emociones tan placentera, nos hace sentirnos más fuertes y cohesionados. Los aplausos son un estallido de alegría y disfrute. Como dice Riccardo Muti, detrás de las notas habita el infinito.

Por eso una orquesta define a una ciudad. Por eso Oviedo Filarmonía nos define.