Opinión

Carmen Mateo

Adiós, querido profe

La forma en la que alguien se despide de este mundo dice mucho sobre su propia vida. La de Chema Feito formó, para muchos, parte de la nuestra. Al mes de jubilarse me comentaba lo mucho que le emocionaba que le parasen por la calle padres e hijos y que ambos le saludasen con un "¿qué tal, profe?". Porque lo fue y de muchas generaciones de Dominicos de Oviedo. Los de la mía recordaban ayer cuando llegó como docente a las mismas aulas en las que estudió. "Pletórico, lleno de ilusión y con ganas de cambiar muchas cosas". Y lo hizo. Ahí está la revista "Ñagaru", la biblioteca con libros que aportábamos nosotros, los belenes que hacíamos con huevos vaciados, las veladas de Navidad, las sesiones de lectura con "Mocedades" y "Los Brincos" como banda sonora, el taller de plantas... A muchos nos animó a hacer deporte, incluso nos acompañaba a las competiciones o a recoger premios. Todos éramos únicos e igual de importantes. Era un maestro, un contador de historias aderezadas de anécdotas inolvidables, un amante de la vida, un apasionado del hockey y, sobre todo, de su gente. A Chema le guiaba la impronta dominicana que repetía como un mantra cuando nos juntábamos: "Somos Dominicos. Somos familia. Somos colegio". Su contagiosa vehemencia y sus ganas de vivir le llevaron a compaginar la docencia con la prensa deportiva, colaborando en varios medios y escribiendo, entre otras publicaciones, "Regios Patines. La historia del C.P. Cibeles de Oviedo". De hecho, hace apenas tres meses, me planteó la idea de proponer el nombre del que será el renovado Palacio de los Deportes a uno de sus grandes amigos, Ismael Mori, "leyenda viva del hockey", aseguraba. La última vez que hablamos me comentó que salía a caminar con "el Cura", el Padre Valdés, casi a diario. Me preguntó por las nenas y me emplazó a vernos pronto. "Siempre en vida, Carmencita, siempre en vida", me dijo mientras ignoraba que la suya se estaba apagando. Y así, casi en silencio, sin estridencias, nos ha dejado un gran amigo, un compañero sin fisuras, un hombre honesto y leal, un dominico. Que "nuestro santo, San Melchor de Quirós", como él decía, te acoja como bien mereces. Ahí están muchos de los nuestros. Aquí, los que quedamos, nos sentimos hoy un poco más huérfanos. Descansa en paz, Chema.