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Simone Grippo, el capitán silencioso de Oviedo: obsesionado con la nutrición y aspirante a director deportivo

El central quiere volver a ser el líder de la defensa azul

Grippo, durante un  entrenamiento del Oviedo en El Requexón.
| Miki López

Grippo, durante un entrenamiento del Oviedo en El Requexón. | Miki López

El Logroñés cortó la racha de Simone Grippo y el Logroñés apunta a colocarlo otra vez en la carrera. El Oviedo vuelve esta tarde al ruedo ante el Albacete con una baja significativa: la de su capitán Arribas, fuera de combate por lesión tras romperse en Las Gaunas. Grippo se disputa un puesto con Carlos y a priori parece partir bien colocado: él fue el elegido para sustituir a Arribas ante el Logroñés.

Ante ese mismo rival, en el duelo de la primera vuelta en el Tartiere, Grippo dejó de ser indiscutible para Ziganda tras ser expulsado en el inicio del partido. Ahora su reto es volver a ser capital en los planes del Cuco. “Está preparado, ha superado sus problemas físicos y quiere volver a ser importante”, dicen los cercanos de un central al que media temporada en Oviedo le ha bastado para convertirse en uno de los capitanes tras llegar en el mercado de invierno de la pasada campaña.

En el vestuario lo definen como un “líder silencioso”. La apuesta del club por Grippo fue total y lo demuestra la duración de su contrato: dos temporadas y media. El italo-suizo, de 32 años, firmó el año pasado hasta junio de 2020.

Tenía la posibilidad de ampliar a otras dos temporadas (la actual y una más). Además, Grippo se acogió a la restructuración de Arnau para cuadrar el límite salarial ante la crisis provocada por el covid. Arnau lo fichó con la idea de que se convirtiese en el referente de la defensa. Fue intrascendente con Rozada, se ganó la confianza del Cuco y la mantuvo hasta el pasado octubre, en aquel partido ante el Logroñés. Cuentan quienes le tratan que Grippo ha vuelto a ser feliz en el Oviedo tras perder protagonismo en el Zaragoza, su equipo anterior.

Al pasar la treintena los cuidados han pasado a ser una obsesión para él, de ahí que en Oviedo trabaje con un nutricionista para controlar el peso. Su entorno le define como un “enfermo del fútbol” que además ya estudia varios cursos referentes a la gestión deportiva para seguir ligado al fútbol una vez se retire. De momento, no tiene prisa.

“Muchas veces se lamenta de no haber llegado antes al Oviedo, porque desde el principio se ha sentido valorado, adaptado con su familia a la ciudad y para él ha sido muy importante que le votasen para ser capitán. En el Zaragoza ya era un líder natural y en Oviedo lo está siendo. Ayuda mucho a los jóvenes que llegan desde abajo”, finalizan los que tratan con Grippo en Oviedo, que esperan que esta tarde sea titular.

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