El análisis azul del derbi: De un Oviedo perdedor sale un Oviedo candidato

Los de Carrión reaccionaron con brío y buen fútbol, pero les falló la chispa en el área y no ayudó el enésimo estropicio del VAR

Otero, con Santi Cazorla.

Otero, con Santi Cazorla. / ANGEL GONZÁLEZ

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Es difícil sacar conclusiones de las derrotas, y más en un derbi, un tsunami emocional que engulle todo con el resultado. Perdió el Oviedo, algo a lo que no está acostumbrado en los últimos años, ante el eterno rival y el golpe le va directo al autoestima. Pero no todas las conclusiones son pesimistas. No las que se hagan con distancia y las pulsaciones bajas.

El Oviedo hizo un partido de candidato. Mandó sobre el verde, impuso su fútbol y solo le faltó la chispa final. Tantos envíos sin rematador es lo que desvela. Aun así, generó lo suficiente para al menos igualar. Y de haber empatado hubiera nacido otro choque. Pero eso es fútbol ficción...

El aspecto del Oviedo fue el de un equipo maduro, uno que va a por el rival sin titubeos. Empujado por el resultado, es evidente, pero con un guion claro y piernas frescas para ejecutarlo. Si alguien expuso cosas, ese fue el equipo de Carrión.

En el debe, haberse dejado avasallar en el impulso inicial del Sporting. Algo que, seguro, estaba previsto. En un derbi que suele definirse por detalles, ser superado durante 15 minutos puede llevarte por delante. Así fue.

Lo que se le puede echar en cara al Oviedo se acaba en el minuto 15. A partir de ahí, pocas reclamaciones a los azules. Quizás sí en las decisiones cerca del área. Con el añadido, además, de que las dos polémicas decisiones arbitrales impidieron un empate que hubiera sido justo visto lo visto. Hay tiempo de sobra para resarcirse. El Oviedo que pierde es un candidato.

Los planes y el enésimo estropicio del VAR

Hay una frase de Carrión en su intervención del viernes en El Requexón que parece premonitoria con lo sucedido en El Molinón. "Yo siempre me hago una idea del partido que a veces se va a la mierda en el minuto 5…", comentó el entrenador sobre su planteamiento de los choques. En este caso, el cambio repentino se dio a los 2 minutos, cuando Nacho Méndez cazó un balón en la frontal y clavó un zurdazo en la escuadra. La reflexión de Carrión tuvo su aplicación en el derbi, aunque solo a medias. Porque es probable que el entrenador hubiera diseñado un partido con más igualdad por la pelota. Al Sporting le duró la efervescencia del tanto un cuarto de hora, luego pasó a dominar el Oviedo. Y lo hizo de forma clara. Al fin y al cabo, no parece que el plan del partido hubiera sufrido una alteración tan importante, pero un gol en contra siempre pesa. Más aún en un derbi cargado de tensión.

Al Oviedo le tocó pelear con la mochila llena de piedras. Lo hizo bien el equipo de Carrión. Firmó un notable partido. El sobresaliente se le escapó en el área rival. En esa definición que parecía sencilla de Paulino. En ese control largo de Moyano. En tres decenas de centros sin tino. Y en las decisiones arbitrales, claro. Primero con la acción de Moyano, que parece empezar con un pistón fuera que acaba en el área. Más jaleo se vio en el posible penalti a Paulino, una de esas acciones que antes eran un "sigan, sigan" y que en la era VAR son un penalti de manual. Más aún si es el propio videorbitraje el que te llama a revista. Pero no para un González Esteban que vio la ocasión propicia para crear un antecedente (ha habido más casos de no hacer caso a la revisión, pero mínimos). A un buen Oviedo los detalles -y el silbato- le alejaron del premio.