Asturias exporta talentos

El salense Valentín Álvarez, que hoy compite en los "Goya": "La esencia de Asturias es el respeto a la diferencia"

"Los errores se cometen más desde la prepotencia de Madrid que desde el Principado, el asturiano debe sentirse orgulloso", afirma el director de fotografía

Valentín Álvarez.

Valentín Álvarez. / OLGA TIMOKHINA

Tino Pertierra

Tino Pertierra

Valentín Álvarez (Madrid). Director de fotografía que compite esta noche en los "Goya" por "Cerrar los ojos", de Víctor Erice. Especialista en los rodajes para integración de imagen fotográfica con imagen virtual, desde 2006 es profesor en la Escuela de Cine y el Audiovisual de la Comunidad de Madrid. Se dedica a la investigación cinematográfica, fotográfica y escénica. Premio "Max" de teatro al mejor diseño de iluminación escénica en 2010 y 2014. 

Valentín Álvarez nació en Madrid en 1960. Un accidente como otro cualquiera porque se siente asturiano de los pies a la cabeza. Sus vacaciones siempre le traían a la casa familiar de Doriga (Salas). Su abuelo fue el escritor, economista, humorista y físico español de la Generación del 27 Valentín Andrés Álvarez. Aquellos muros de piedra y palabra acogieron la presencia de García Lorca con su compañía de teatro "La Barraca". "Aprendí de mi abuelo todo lo que debía aprender. Sobre todo, de pensamiento. Era su nieto mayor y conviví mucho con él. Fue una suerte, fue un privilegio. Cuando se murió yo tenía 22 años. Asturias es mi tierra. Nací y a la sexta semana me llevaron".

Su primer recuerdo es "una aldea y la casa familiar de indianos en Doriga. El olor de las vacas y las varas de hierba. Veinte vacas en casa. El olor de las manzanas y los perales, la mermelada de ciruela y mora. El quesu afuega’l pitu. El sonido del manubrio al hacer la mantequilla. La cocina de carbón, un bollo que hacía mi tía... Ay, aquel dulce. Y el olor a cucho, también. Me montaba en los carros tirados por bueyes. Dar de comer a los gochos. Recoger los huevos. Me bañaba en el Narcea, buceaba y veía salmones. Cogía anguilas. La aldea, sí. Y puntualmente iba a Avilés u Oviedo. Me tiraba cuatro meses en Asturias".

Las bicis con una peña "que hacía locuras en los años 70, cuando casi no había coches", las excursiones a Pravia a ver cómo se cargaba y descargaba carbón, las romerías. Las primeras miradas nerviosas a las chicas. El primer culín de sidra ("hoy estaría prohibidísimo"). "Los primeros ligues de mi vida fueron en Asturias, con 13 años". Rescatando varas de voladores, comiendo chuches. Y de ahí, a bailar. "Me gustaban mucho las canciones de... ¿cómo se llamaba aquel asturiano que murió...? Tino Casal. Tocaba mucho con su orquesta por las romerías. Cornellana, Grado, Pravia, Belmonte de Miranda... Como decía un maestro de mi abuelo, Ortega y Gasset, cada uno es cada uno y sus circunstancias, y mis circunstancias son asturianas. Yo no sería yo sin Asturias, yo no sería yo sin ver cómo entraba la luz en la fachada norte de la casa, que nunca entraba directa y sí directa por el comedorón, el sur. O los días nublados sin dirección lumínica. Entendí lo que era la luz negra de la que hablaba Chillida: cuando hay mucha sombra, mucha oscuridad, y la luz parece que no viene del cielo, sino del objeto".

Esa luz, la luz, su luz. "Una gran parte de mi visión –no la totalidad, eso no puede ser– procede de ahí. Asturias construyó mis ópticas, que son fundamentales para formar la imagen cinematográfica. Mis lentes son asturianas". Valentín Álvarez tiene muchos palos en el mundo de la luz. "Empecé en Televisión Española muy joven. ‘La bola de cristal’, por ejemplo, te sonará. Y luego estuve mucho tiempo haciendo publicidad por todo el mundo. Y teatro. Y cine. Y series". De alguna manera, con esa memoria de luz tan asturiana, conocí a Víctor Erice, el hombre de "El Sur" y "El espíritu de la colmena". "Empecé a trabajar con él en el año 2012". Todo un referente, un gran maestro. También lo es su padre, Valentín: "Realizador de televisión y periodista. Empezó en el Paseo de la Habana y en el año 65 le echaron de TVE, que dependía del Ministerio de Información y Turismo con Fraga Iribarne de ministro, por no ir a trabajar al estar detenido en Carabanchel acusado de asociación ilícita y propaganda ilegal; vamos, por luchar por la libertad de este país, decía. Tenía yo 4 o 5 años. Fue represaliado. Como él, pienso que hay que luchar por la libertad de este país. De él, y de mi tía abuela y mi abuelo materno heredé la afición a la fotografía. Y al cine. En mi familia no había una disposición de educarnos de una forma u otra. No había un esquema de cómo hacer las cosas. Mi abuelo Valentín sí me daba consejos brutales, cómo seleccionar información. Cuando dije que iba a estudiar fotografía me dijo: Tienes que echar un vistazo a Kant. ¡A Kant! No puedes aprenderlo todo, pero sí seleccionar información, y coger lo que te interesa, no perder tiempo, leer sobre las dimensiones, el espacio, las formas. No se puede saber todo pero sí se puede ampliar la información sobre mucho". El mundo del pueblo, el mundo emigrante: un buen lugar para crecer.

Lleva 17 años dedicado a la enseñanza cinematográfica y las lecciones de su abuelo fueron de gran ayuda para dar clases. Se dio cuenta de que hacerlo te obliga a "verbalizar todo lo que conoces, piensas y sientes. Y te permite investigar más sobre esas materias". Tener a un abuelo así deja huellas imborrables. Cuando llegó Lorca con "La Barraca" se quedó en casa porque "conocía a mi abuelo de la Residencia de Estudiantes en Madrid. La cultura no tiene fronteras. Era un hombre polifacético. Yo intento seguir sus pasos". O sus planos: "He hecho muchas cosas con la luz en muchos sitios diferentes. No me he especializado en nada. Mi especialidad es la luz en sí misma".

El alumno "tiene que elegir a quien quiera que sea su maestro. Él te elige a ti, no tú a él. Jamás. Aprendí que la excelencia no existe. Es un trabajo lento. Muy lento. No participo de esa obsesión por ella". Muchas películas le marcaron: "De pequeño me acuerdo de haber ido con mi tía Ángeles a ver ‘2001, una odisea del espacio’, de Kubrick. Imagina a un guaje de 8 o 9 años mirando fascinado la pantalla sin entender nada. Me quedé extasiado, como saliendo de una alucinación. Sensaciones, emociones que no puedes verbalizar. Atrapado por la imagen".

Sus hogares asturianos son terreno sagrado y a él acude "todo lo que puedo, ahora con el trabajo no tanto, depende de mis rodajes. Hay dos asociaciones en Grado en las que estoy metido, una la dedicada a mi abuelo. Cultura, literatura. Todo eso me atrae. Y otra asociación de la memoria histórica de Grado". No le preocupan los efectos negativos del AVE por riesgo de turismo masivo: "Me parece positivo. Lo que me da miedo es el cambio climático, es algo inacabable la contaminación, la falta de control y la aceptación de que el dinero está por encima del ser humano. Claro que lo noto. Yo nunca he visto tanto tiempo de calor. Y me preocupan más cosas, como lo que acaba de pasar con los microplásticos, no se le da la importancia que tienen".

En el plano cinematográfico Asturias debería cambiar de óptica: "No basta con tener unos paisajes maravillosos para rodar. Hay que ayudar como en el País Vasco, por ejemplo. El cine lleva a Asturias a todo el planeta, es fundamental para la propia esencia cultural. Fomentar con incentivos fiscales la llegada de proyectos es clave. Es un bien cultural que nos queda para siempre. No es efímero".

A quien quiera dedicarse al cine le vendría bien que hubiera suficientes becas de estudio del Principado, porque ahora mismo no hay escuelas potentes en Asturias "y es muy difícil estudiar cine". ¿Asturias comete errores evitables? "Creo que los errores se cometen más desde Madrid. Desde la prepotencia de que el único valor que existe es el dinero y el poder que conlleva. El asturiano tiene que sentirse orgulloso de ser como es, maravilloso, y expandir más su orgullo y llevarlo hasta el final. Es un pueblo que respeta todo muchísimo porque es un pueblo muy progresista, y el progresismo se basa en el respeto a los diferentes, y Asturias lo hace muchísimo. La esencia de Asturias es el respeto a la diferencia. Y para ser respetuoso hay que ser libre y poder ser libre".

Difícil quedarse con una imagen de Asturias. Pero lo intentamos, Silencio. Cámara... Emoción: "Un día de lluvia, orbayu, en primavera, cuando empieza a romper el orbayu sale un poquito el sol y vuelve a caer el orbayu. Ese momento en que se rompe con la luz y vuelve a caer otra vez... Y, además, con el olor que lo acompaña, y el sonido".