Menores y porno: la espiral que arruina vidas y genera delincuencia

Las sociedades de pediatría y la organización Save the Children reclaman reformas legales para impedir el acceso de niños y adolescentes al sexo virtual

"Degrada la forma de relacionarse y desprecia el consentimiento de las mujeres", argumentan los expertos

Menores y porno: la espiral que arruina vidas y genera delincuencia

Menores y porno: la espiral que arruina vidas y genera delincuencia

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Niños y adolescentes atrapados en las redes de la pornografía e inmersos en una espiral adictiva que amenaza con arruinar de por vida algunos aspectos esenciales de su esfera individual, afectiva y familiar. Éste es el panorama que ha impulsado a tres sociedades españolas de pediatría y a la organización Save the Children a realizar un llamamiento urgente: que se reforme la legislación con el objetivo de impedir el acceso de los menores a contenidos pornográficos. Esta iniciativa se adopta tras constatar que el acceso al mundo del sexo virtual es cada vez más precoz y promueve patrones de comportamiento sexual no consentidos.

"Los grupos que han investigado sus consecuencias señalan que una parte importante de estos niños serán adultos que se harán adictos a su consumo, con relaciones de pareja insatisfactorias, frecuentarán la prostitución o pueden llegar a ser delincuentes sexuales", subraya el pediatra asturiano Venancio Martínez Suárez.

Más de la mitad de los jóvenes accede antes de los 13 años

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) trabaja en un sistema de verificación de la edad para restringir el visionado de este material a los menores. No obstante, aunque ya hay iniciativas en marcha, los colectivos de pediatras remarcan la necesidad de "no perder tiempo y proteger cuanto antes a los menores de la pornografía para evitar la degradación en su forma de relacionarse".

La Agencia de Protección de Datos trabaja en un sistema de verificación de la edad para restringir el visionado a los menores

En un comunicado conjunto, la Asociación Española de Pediatría (AEP), la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria (SEPEAP) y Save the Children han apelado al informe de la ONG "(Des)información sexual: pornografía y adolescencia", que en 2020 puso de manifiesto los problemas existentes respecto al consumo pornográfico de los menores. Este trabajo pone de relieve que más de la mitad de los jóvenes y adolescentes de entre 13 y 17 años accedió por primera vez a contenidos pornográficos antes de los 13 años, y un 8,7 por ciento antes de los 10 años, tal y como recoge la consulta realizada a 1.753 menores. Además, las entidades promotoras destacan que el problema se ha agravado en los últimos años.

"Que las mujeres muestren desagrado o dolor no altera el desarrollo de las escenas", alertan los especialistas

Uno de los aspectos más peligrosos de la pornografía, según las sociedades de pediatría, es, además del ejercicio explícito de la violencia, el no precisar y ni siquiera plantear, la necesidad de dar el consentimiento. "En muchas ocasiones, las mujeres no expresan su beneplácito e incluso aparecen experimentando desagrado o dolor, sin que esto altere el desarrollo de la escena", recalcan.

Andrea Rodríguez Alonso

Andrea Rodríguez Alonso / LNE

Andrea Rodríguez Alonso, enfermera y sexóloga: "Las herramientas vendrán de la educación de las familias, los docentes y los propios menores"

"Este tipo de comportamientos adictivos están relacionadas con la aparición de rasgos cada vez mas psicopáticos, en los que la consideración por el otro se pierde y lo único que se tiene en cuenta es la satisfacción propia. La pornografía, además, provoca una búsqueda de una satisfacción sexual inmediata, eliminando en la práctica la posibilidad de una relación afectiva estable", enfatizan el psiquiatra Manuel Bousoño y la psicóloga Matilde Bousoño, que forman parte del grupo de expertos consultados por LA NUEVA ESPAÑA, y cuyas valoraciones se recogen a continuación.

"En primer lugar, ¿qué educación sexual están recibiendo nuestros niños y adolescentes? En algunas ocasiones nula; en otras, escasa; y en otras, no basada en ideas científicas y sólidas, sino en ideologías de moda. Sin una educación sexual integral e integrada, que aborde la sexualidad de forma amplia y ayude a la construcción de las personas, vamos a situar a los menores en una posición de riesgo y poco crítica en términos de sexualidad, y a obligarlos a enfrentarse a esta sociedad frecuentemente hipererotizada sin las herramientas necesarias. Por otro lado, el uso indiscriminado, elevado, acrítico y solitario de pantallas de nuestros menores hace que las familias no tengan ningún conocimiento ni ningún control sobre los contenidos a los que están siendo expuestos sus hijos. Todo ello sitúa a la infancia en una posición de total vulnerabilidad, debido a la ausencia de pensamiento crítico, ante el gigante de internet. Por último, la falta de respuestas a sus preguntas sobre sexualidad referidas no exclusivamente al uso de los genitales o a las acciones preventivas, sino también a las relaciones consigo mismos y con los demás, hace que en muchas ocasiones busquen las soluciones en la pornografía como una guía didáctica. Lo que encuentran no puede estar más lejos de la realidad, generando en los menores un falso aprendizaje, que habrá que desaprender o enfrentarse a consecuencias nefastas. Éste es un tema complejo de abordar como sociedad y no sé si la vía legislativa, además de utópica, puede aportar soluciones. Sin embargo, creo firmemente que, desde la educación, tanto de las familias, como de los docentes y por supuesto, de los menores, podemos conseguir las herramientas necesarias para enfrentarnos a este reto social".

Esther Blanco García

Esther Blanco García / LNE

Esther Blanco García, psicóloga clínica: "En la esfera de la pornografía, el otro no existe, es un simple objeto al servicio de mis necesidades"

"En el desarrollo de una identidad sana, la relación con los demás se caracterizada por una vivencia afectiva predominantemente positiva, incluyendo la capacidad para el cuidado, el interés solícito, la dependencia mutua y la intimidad. La intimidad supone integrar para con una misma persona la intimidad con la sexualidad. Por el contrario, para una personalidad que se forja inmadura, las relaciones con los demás se tornan superficiales, basadas en la necesidad de obtener una satisfacción personal y explotadoras. Nuestros menores se introducen en el mundo de la erótica y la sexualidad de una forma perversa. Cierto contenido sexual pornográfico al que pueden acceder a golpe de clic puede afectar al desarrollo no solo sexual sino afectivo. No es la única variable que incidirá en una construcción satisfactoria de la identidad, pero sí un factor importante a la hora de iniciarse en el novedoso y apasionante mundo de la sexualidad. En la esfera de la pornografía, el otro no existe, es un simple objeto al servicio de mis necesidades. Se produce una rotunda escisión entre la actividad sexual y la relación amorosa. La integración entre el amor y la erótica es un hito del desarrollo. La patología podrá cristalizar si deseo y amor no tienen la capacidad de convivir en armonía: podremos introducirnos en el mundo sexual disociado o separado radicalmente de la afectividad, sufriendo la incapacidad de una relación completa real donde amor y sexualidad puedan convivir en armonía, hasta perdernos en una adicción al sexo o al contenido pornográfico. En resumen, la actividad sexual y la relación amorosa han de convertirse en indisociables en el funcionamiento habitual del adulto. El acceso a contenido pornográfico ha de ser absolutamente restringido si queremos contribuir a este sano desarrollo afectivo, sexual y de funcionamiento moral".

Venancio Martínez Suárez

Venancio Martínez Suárez / LNE

Venancio Martínez Suárez, médico pediatra: "Una parte importante de estos niños serán adictos al consumo de porno, con relaciones de pareja insatisfactorias"

"Entre los 14 y los 17 años, la mitad de los niños consumen pornografía. Ésta es la fuente primaria de información sobre sexualidad de niños y adolescentes. A menudo, llega a sus vidas antes de que estructuren su propia sexualidad, dejando de lado la afectividad e imponiendo un modelo que normaliza conductas violentas y de dominio del hombre sobre la mujer, que es cosificada para servir solo al sexo. Ese modelo el niño lo interioriza y condiciona su desarrollo posterior. Por eso no se debe quitar importancia a este fenómeno. La información sin educación puede ser contraproducente. Por tanto, el papel de las familias es fundamental. El modelo social en que estamos instalados, consumista, individualista, narcisista y hedonista, altamente erotizado, incita a la exploración continua y a las nuevas experiencias, ambas naturales en la adolescencia. Despierta un deseo vehemente de copiar lo que observan; aspiran a repetir lo visto con sus amigas y amigos, a cambiar frecuentemente de pareja y a las relaciones sexuales sin compromiso y de alto riesgo. ¿Cuándo empiezan los niños a consumir pornografía? Cuando disponen de un teléfono inteligente. A los 10 años el 20 por ciento; a los 17 el 90 por ciento. En el niño y en el adolescente se suman el mal uso de la tecnología y un estado educativo deficitario. Los grupos que han investigado sus consecuencias señalan que una parte importante de estos niños serán adultos que se harán adictos a su consumo, con relaciones de pareja insatisfactorias, frecuentarán la prostitución o pueden llegar a ser delincuentes sexuales. La edad de acceso determina patrones de conducta específicos, más anómalos cuanto más joven y más intensa es la exposición".

Matilde Bousoño y Manuel Bousoño

Matilde Bousoño y Manuel Bousoño / LNE

Matilde Bousoño, psicóloga y Manuel Bousoño, Psiquiatra: "Elimina la posibilidad de una relación afectiva estable, con lo que se promueve la promiscuidad"

"La pornografía en forma de imágenes va dirigida fundamentalmente a los varones, mientras que la forma literaria va más dirigida a las mujeres. Ambas suelen provocar una excitación de carácter sexual que produce una satisfacción más o menos inmediata, sin la necesidad de promover una relación estable de carácter afectivo, que sería el fin último de la función sexual. Esta satisfacción se debe a la liberación entre otros muchos cambios fisiológicos del neurotransmisor dopamina, que activa de forma inmediata el circuito de la recompensa. De esta forma se asemeja a lo que hacen las drogas de carácter estimulante (cocaína, anfetaminas...) y las adicciones comportamentales (como el juego patológico o las compras compulsivas). Lo que puede ser al inicio una forma de satisfacer la necesidad, se acaba trasformando por la repetición en una conducta sustitutiva de una relación afectiva y duradera. Como además es una conducta adictiva, aparecen todas las características propias de la adicción: la habituación al estímulo y la necesidad de incrementar la intensidad del mismo (mayor violencia, mayor ruptura con la realidad, contenidos cada vez más estereotipados y anómalos). Por otra parte, este tipo de comportamientos adictivos están relacionadas con la aparición de rasgos cada vez mas psicopáticos, en los que la consideración por el otro se pierde y lo único que se tiene en cuenta es la satisfacción propia. La pornografía, además, provoca una búsqueda de una satisfacción sexual inmediata, eliminando en la práctica la posibilidad de una relación afectiva estable, con lo que se promueve la promiscuidad tanto en varones como en mujeres; se relativiza la importancia de la estructura familiar y se asocia con conductas agresivas asociadas a la relación sexual".

Andrés Calvo Kalch

Andrés Calvo Kalch / LNE

Andrés Calvo Kalch, psicólogo clínico: "Es necesaria una regulación legal en el acceso a la pornografía, como ocurre con el alcohol y las drogas"

"El primer acceso a la pornografía se produce entre los nueve y los once años. A esta edad el cerebro del menor no posee la madurez biológica suficiente para entender y discernir lo que es real o no en la sexualidad. Algunos estudios afirman que la pornografía a estas edades desregula los circuitos de recompensa dopaminérgicos dando lugar a los trastornos por comportamiento sexual compulsivo que con tanta frecuencia vemos en nuestras consultas. El problema se agrava cuando en la navegación por internet es inevitable que los menores no se encuentren con pornografía, aunque no la busquen. La pornografía, como lucrativo negocio que es, encuentra a los menores en sus búsquedas diarias ofreciéndoles un concepto distorsionado de lo que es la sexualidad y el amor. Al menor se le ofrecen contenidos sexuales violentos donde la mujer es un objeto sexual carente de sentimientos, todo ello acompañado de una buena dosis de brutalidad y sadismo. Este tipo de pornografía consigue banalizar la sexualidad legitimando la violencia y normalizando el abuso. No en vano el consumo de este tipo de pornografía en menores está estrechamente relacionado con el alarmante aumento de los delitos sexuales en adolescentes. Es necesaria una regulación legal en el acceso a la pornografía al igual que ocurre con otras sustancias como el alcohol y las drogas. Es necesaria una educación sexual como asignatura en los colegios que ayude a los menores a entender la sexualidad como algo maduro que incluye el respeto y el amor por la pareja. Es necesario que las familias estén más presentes en la mente de sus hijos educando también sexualmente".