Erice, por Ostrowski
El cineasta norteamericano, sierense de adopción, habla de su experiencia en el taller del autor de "El espíritu de la colmena"

Un fotograma de "Sixty Spanish Cigarettes". / MARK JOHN OSTROWSKI
Franco TORRE
Al principio, sólo había sombras. Así lo percibió Máximo Gorki cuando, allá por 1896, asistió por vez primera a una proyección del Cinematógrafo Lumière. "La noche pasada estuve en el Reino de las Sombras. Si supiesen lo extraño que es sentirse en él. Un mundo sin sonido, sin color", escribió Gorki tras la proyección. Pero el escritor no comprendía la naturaleza de aquellas sombras, su potencial, ni la vida que se ocultaba en su interior.
Pasaron los años y las sombras que poblaban las pantallas eran cada vez más complejas, más expresivas. De Lumière, "el último pintor impresionista", tal y como se le bautizaría en "La Chinoise" de Godard, se pasó a Méliès, a Porter, a Griffith, a Sjöström, a Murnau, a Eisenstein... Una cadena de cineastas, de artistas, que convirtieron el cinematógrafo en el arte más popular y representativo del siglo XX.
En España, dentro de esta tradición, brilla con luz propia el nombre de Víctor Erice. "El espíritu de la colmena", "El Sur" y "El sol del membrillo" figuran, de manera indiscutible, entre las mejores películas de nuestro cine. Un mito viviente que esta semana impartió magisterio en Gijón, en el marco del Festival Internacional de Cine.
Entre sus alumnos, un selecto grupo de jóvenes cineastas, estaba Mark John Ostrowski, natural de Nueva Jersey y afincado desde hace varios años en Siero, que precisamente presentaba un filme en Gijón, "Sixty Spanish Cigarettes", y que habla con LA NUEVA ESPAÑA de su experiencia en el taller de Erice y de cómo las enseñanzas del maestro le han permitido conocer mejor su propio cine.
"Erice es un auténtico historiador del medio. La cinefilia le llega hasta la médula. Nos ha propuesto un acercamiento al cine a través de un recorrido de lo que fue en sus orígenes, de lo que ha sido, para intentar llegar a una idea de lo que es", explica Ostrowski.
Lumière, cómo no, marcó el inicio del viaje, aunque Erice también destacó de esos primeros tiempos a otros cineastas, como Flaherty. "Pero claro, él conoce cada detalle acerca de cada película: las circunstancias del rodaje, quién era el segundo de dirección, el director de fotografía, todos los detalles, anécdotas... está empapado de cine", afirma Ostrowski.
Entre las citas de Erice, Ostrowski destaca una: "No se puede tener una idea del siglo XX sin consultar las películas". "Para Erice", explica Ostrowski, "el cine mudo representa la edad de oro de la historia del cine. El cine surge fruto de la edad técnica. Erice prefiere definir el cine como 'materia y espíritu' más que 'arte e industria'. El cine tiene una estrecha relación con la realidad, y es una lucha permanente con la materia".
Una lucha que también determina el oficio de cineasta. "Hay que pensar que Erice es una persona que se formó en una época en la que a lo mejor tenía una cámara en la escuela y no se podía utilizar con demasiada frecuencia. Aprendieron dibujando la película en la pizarra, toma a toma", matiza Ostrowski.
Esto determina, también, cierta "fragilidad" en el medio, tal y como reflexiona Ostrowski: "A diferencia de la escritura, por ejemplo, el cine no está a salvo de las contingencias de la vida, como si llueve un día de rodaje y el guión pedía un día soleado. Aparte, el cine nació como 'invento de la ciencia', pero en el momento que alguien montó una taquilla el cinematógrafo pasó a constituirse en espectáculo... y la gente acudía de forma masiva", explica el cineasta sierense.
Buñuel, Rossellini, Kiarostami y Guerín fueron otras etapas destacadas en el recorrido trazado por Erice. Un viaje que ha llegado hasta el cine actual: "Erice es un hombre profundamente ligado a su tiempo, a su época. Él ha visto surgir el cine moderno, y ahora estamos en otra cosa que no es ni el cine posmoderno. Pero ha visto los años de máximo esplendor y reconoce que hay profundos cambios antropológicos que han modificado totalmente las reglas del juego. Ahora tenemos muchísimas pantallas, bombardeo de imágenes, contaminación visual...", explica Ostrowski.
Estos cambios determinan también el enfoque del director: "El reto del cineasta del presente es, según él, cómo buscar un hueco en esta vorágine de imágenes. Puedes hacer una película, pero si no tiene un público, si no se ve, la obra se ve disminuida. Ése es el gran problema para el cineasta de hoy, cómo lograr que su obra se vea", afirma Ostrowski.
Para el joven cineasta, la experiencia le ha permitido conocer mejor su obra, reconocer en sus imágenes la herencia de toda una tradición: "Según su visión, lo interesante es cómo el cine puede conjugar ficción y realidad. Yo me identifico plenamente con este planteamiento. De hecho, toda mi filmografía se basa en esa misma premisa. Quizá, para lo que me ha ayudado especialmente este seminario, es para reconocer y darme cuenta de una corriente subconsciente en la que me encuentro".
Algo que se puede apreciar, de hecho, en "Sixty Spanish Cigarettes", película que presentó en Gijón y que ayer se proyectaba en la Muestra de Cine Europeo de Lanzarote, precisamente donde se rodó. "La filmé en la isla de La Graciosa, durante una semana en la que quedó incomunicada, sin tráfico marítimo. Intento analizar el espacio y el movimiento del hombre contra el espacio, con un paisaje agreste, cruel, minimalista, desértico. En muchos sentidos, la considero como película primitiva: apenas tiene diálogo, ni otro soporte sonoro más que el viento, que es realmente la banda sonora. Es una película de contemplación, 'slow cinema', con planos fijos en su mayoría y pocos movimientos de cámara, en busca de un rigor absoluto en el encuadre", concluye.
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