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Solo En Casa

Seamos hiperrealistas, Antonio López pintó el futuro

Arrecia el encierro, el silencio habla del pasado o cuenta cosas nuevas y Jerónimo Granda sigue de comentador de actualidades para él mismo

La calle Uría de Oviedo, ayer prácticamente desierta.

La calle Uría de Oviedo, ayer prácticamente desierta. JULIÁN RUS

La metamorfosis del encierro, el proceso de la mosca, sigue su curso: el huevo, la larva, la pupa y, al fin, el adulto que ya tiene alas, útiles cuando vives en un sexto piso y tienes cerradas las fronteras terrestres de casa.

"Yo me quedo en casa", el lema y un hastag de este confinamiento, parece una frase de mosca, de la familiar, inevitable golosa, vulgar, voraz, pertinaz y machadiana mosca que persigues, periódico en ristre, hasta la ventana abierta y no quiere salir.

Para hacerse cargo de la situación general cuando se está encerrado hace falta tener ojo de mosca, compuesto por miles de facetas sensibles a la luz individualmente. Buenavista, vista vacía. El Milán, como Milán. Despoblado. Muñoz Degraín, paisaje sin figuras. Todo más parado que el lunes, que el domingo, que el sábado.

Esta nueva realidad compone un cuadro hiperrealista y la Gran Vía de Antonio López parece el modelo para la calle Uría, que luce a mediados de marzo como la foto que publicaba el diario "Región" para celebrar el veraniego "Oviedo, vacío" con la prosa de guardia de Oscar Luis Tuñón. La imagen tenía sus preparativos. La hacía Sierra, un fotógrafo pequeño y huraño, el 15 de agosto, cuando se celebra la Asunción de la Virgen, a la que los ángeles habían llevado a la playa de Gijón o al cielo. Sierra disparaba la cámara a la hora de la comida, asegurándose de que no salieran de la estación del Norte cuatro viajeros que estropearan la noticia y la perspectiva.

Como todo cambia continuamente, el viernes pasado se podía ser peatón sin que fuera un peligro no hacer caso a los semáforos; el martes los pocos conductores, le pisaban al coche con la calle para ellos.

Estos días sin el fragor de motores y llantas son inéditos para los menores de 50 años y llevan a una ciudad sobre fondo de silencio evocadora para los que recuerdan como estridencias los cuescos hidráulicos de la puerta del bus, los derrapes en los rallys urbanos a deshora, el claxon tombolero de algún camión y al que iba pitando -y con un pañuelo por fuera de la ventanilla- con un enfermo, un herido o una embarazada al hospital. Las sirenas de policías y ambulancias no empezaron a sonar por protocolo hasta la democracia, después de que "Starsky y Hutch" nos enseñaran la música macarra del progreso urbano.

Durante un tiempo anormal y coronavírico todos los días serán como el de la Virgen de agosto en una ciudad de interior de los años setenta, aunque siempre hay gente que sigue su vida normal, como ese vecino de Pola de Siero que el domingo andaba a las 7 y media de la tarde sordo al estado de alarma, conduciendo ciego y saltándose una orden de alejamiento.

El gaitero José Ángel Hevia (Villaviciosa, 1967) se sorprende de lo bien que funciona la nueva normalidad. El coronavirus le encuentra en Madrid, no en República Dominicana.

-Estoy en casa y con les dos críes estudiando todos los días y bajando los deberes de Internet. Alucinando de que en los momentos de crisis la gente responde.

La inmensa mayoría acepta que, si no paramos, esto no para y que la salida es no salir.

Con el coronavirus, el cantante Jerónimo Granda (Oviedo, 1945) tampoco se levanta mañana por la mañana.

-¿Cómo le sienta el estado de alarma a alguien claustrofóbico?

-Cómo a todos: muy muy mal, pero paciencia y barajar... Rato, Urdanga, etcétera son precursores en esto. Ahora somos todos sospechosos...

-¿Qué hace?

-Leo "Fedro", de Platón (370 antes de nuestra era) y toco la guitarra, a ver si aprendo de una puta vez... A poco que se alargue, acabo la carrera. Hago alguna chapucilla como afilar cuchillos y ahora que dejé otra vez de fumar fui al estanco esta mañana, porque tiene paraguas, sombreros, anchoas y mejillones. Volví con una botella de vino. Había poca gente porque Viesques es un barrio dormitorio. En casa, los vecinos no se mueven ni al trastero.

-¿Sigue mucho la información?

-Leo periódicos hasta les tres de la mañana porque hace años que sigo haciendo comentarios, como los del programa de "La radio piquiñina", para mí.

-¿Vio a Pedro Sánchez anunciar lluvia de millones?

-En el Canal 24, sí. Diz lo mismo veinte veces, junto a la muda que ta ahí con les manes. Ye lo mismo de ayer y de mañana, pero tá más relajáu, más sedáu, diéron-y un producto nuevo. Estos dís taba desencajáu. Me recuerda a Suárez, que lu pusieron ahí pa jodelu. Hay un plan que desconocemos y se verá dentro de 80 años. Todavía no sabemos qué firmó Franco con Eisenhower.

-No lo veremos.

-Da igual. Ya vi un caudillo, dos reyes, siete papas y siete de éstos y no me voy a poner apuráu. Nací en 1945, cuando empezó el status actual, que da los últimos coletazos ahora. Entonces acababa la segunda guerra mundial con la bomba atómica y ahora el armamento va cambiando: los medios de comunicación e internet, la biología y la psicología hasta que llegue la primera revolución verdaderamente mundial porque la gente tá hasta los cojones de los drones.

El artista del monólogo, presente en el Twitter de "Mongolia", tiene que encontrar momento para recortar la barba.

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