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Muñoz Molina: "Los partidos dan un espectáculo vergonzoso en esta pandemia"

"Estamos ante la peor crisis desde la Guerra Civil y no podemos ponernos de acuerdo ni en el número de los contagiados"

Antonio Muñoz Molina, durante su intervención virtual.

Antonio Muñoz Molina, durante su intervención virtual.

Antonio Muñoz Molina, premio "Príncipe de Asturias de las Letras" en 2013, fue el primer galardonado que participó en los encuentros con los clubes de lectura organizados por la Fundación. Ayer repitió experiencia por la vía virtual con la Biblioteca Pública Municipal "Antón de la Braña" de Pravia. La escritora

Cómo no, se habló del ayer recorriendo territorios literarios pero también y mucho, del hoy atravesando los territorios de la actualidad. El autor de "El invierno en Lisboa" contó una historia muy personal: "El mes pasado, mi hija de 31 años, que vivía en Irlanda y a la que llevaba sin ver mucho tiempo, vino unos días para su cumpleaños. El día que se iba la agarré y le di un besazo. No puedo no darte un beso, le dije. A los dos días me llama la pobre para decirme que tenía el coronavirus. Y su gran angustia era habernos contagiado. Yo no echo demasiadas cosas de menos, salvo el contacto cercano con la gente".

En el confinamiento construía rituales, "una especie de orden diario bastante fluido y muy medido, pero de manera casi espontánea. Si te abandonabas era peor, era asumir otro día más, ¿me voy a quedar en el sofá derrumbado? No, vas a pasar la aspiradora, a preparar unas albóndigas... O escuchar música, aunque solo aquella que tuviera una forma muy clara, que no me produjera inquietud ni desasosiego, mucho Bach, Mozart... Necesitaba formas artísticas que dieran orden y transparencia".

Tiene claro que no debe quejarse uno "de su tristeza cuando hay gente que muere, que pasa hambre. En una situación catastrófica no hay que darse uno demasiado crédito, hay que ser muy pudoroso".

Convencido de que "los libros se escriben con la parte central de uno mismo, con lo más irreductible", Muñoz Molina considera que la escritura, ya sea de ficción o no, es "un compromiso de la imaginación y la inteligencia con la realidad a través de las palabras. Escribir ficción o artículos de prensa tiene diferencias formales, de plazo, porque el artículo es de intervención inmediata y la ficción necesita una fermentación, pero forma parte de lo mismo. La inspiración fundamental para un artículo o una novela viene de la realidad. El escritor responde al mundo real aunque invente un planeta en el límite del universo, responde a su aquí y a su hora. La literatura nace del encuentro entre tu conciencia y tu mirada y el mundo".

Un reciente artículo en la prensa le permitió analizar la guerra partidista en el combate contra la pandemia, y así "cristalizar un disgusto muy profundo, un escándalo interior que había en mí y en mucha más gente" ante este "espectáculo vergonzoso" de los partidos: "Estamos ante una crisis, la peor desde la Guerra Civil, y no podemos ponernos de acuerdo ni en el número de los contagiados. Las personas adultas estamos negociando continuamente, ofreces algo y te ofrecen algo a cambio, y a veces hay que renunciar a cosas por el bien común, ¿No hay nada en común entre derecha y derecha con la economía más dañada de Europa? ¿A qué se dedica esta gente, de qué hablan en el parlamento? De medidas sociales, no, solo están insultando, sembrando odio en un enfrentamiento autodestructivo. No se dan cuenta de que al hacer daño al otro se lo hacen a sí mismos, a todos, porque todos estamos juntos. No gana uno y pierde otro, pierde el mundo. No se les mete en la cabeza".

Muñoz Molina reflexionó sobre el oficio de escritor: "Lo que salva a este mundo, a este país y a esta sociedad es que hay mucha gente que hace bien su oficio, cree en la ética de su oficio. Camus pedía: que cada uno haga su trabajo. Lo que hemos aprendido estos meses es que muchos oficios desdeñados han revelado su importancia: médicos, enfermeros, las personas que limpian, los celadores, los que cuidan a los mayores, lo que están en el súper poniendo las cosas, las cajeras? No hemos dado cuenta del valor de los oficios, es lo que sostiene el mundo. El del escritor es un oficio sometido a ataques terribles porque se trata de usar las palabras para decir la verdad, aunque inventemos ficción, para ayudar a comprender la realidad. Las palabras se pueden usar para mentir, solo hay que ver las redes sociales, y por eso nuestro oficio es de importancia vital ahora".

El territorio inagotable de la infancia se desplegó en los ojos de su nieta de dos años y medio: "Lo está aprendiendo todo. Lo que es una escalera. El muñequito del semáforo... Me hace ver las cosas con otra fuerza. Ese territorio de la infancia es fundamental a la hora de estar en el mundo con 70 o 90 años, proteger esa inocencia en el sentido más noble de la palabra, de estar dispuesto a asombrarte ante las cosas extraordinarias. Es el patrimonio más valioso".

Citó como ejemplo de comienzo perfecto el de "La Regenta": "El Magistral en la torre mirando por el catalejo... La heroica ciudad dormía la siesta. La novela está completa en esta frase. Madre mía, qué belleza, qué alegría".

Le gusta mucho "caminar por ciudades. Me he ido educando en esas caminatas. Esa inquietud de saber qué hay más allá. Si me sueltas en una ciudad saldría a fijarme en la gente, ese espectáculo extraordinario. A escuchar. He grabado conversaciones porque están llenas de historias. Un novelista tiene mucha imaginación, piensa la gente, pero las mejores historias te las encuentras por ahí".

Durante el confinamiento, el escritor "notaba mucho la necesidad de fijarse muy bien en lo que estaba viendo y sintiendo, para dejar testimonio. Es importante que los que vivimos los acontecimientos lo guardemos, las cosas se olvidan fácilmente y se pierden. Y hay cosas que solo puede contar el que las ha visto. Cuando he hablado con personas que vivieron circunstancias históricas les preguntaba muchas cosas específicas. ¿A qué olía la Alemania Oriental?, preguntaba a un amigo, y él me decía: a carbón malo de calefacción. Y la URSS, a col hervida. Lo específico. Es muy importante tomar nota de lo que vives".

Tomemos nota para el final: "¡Vivan las bibliotecas públicas!".

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