La llegada de los premiados a Oviedo, deslucida por las restricciones sanitarias, entretuvo en la tarde de ayer a decenas de ciudadanos ante las puertas del hotel de la Reconquista. Contenidos, tras las vallas colocadas al otro lado de la calle, con mascarillas pero sin miramiento con la distancia, su número fue aumentando a medida que pasaban las horas. Al principio se podían contar con los dedos de las manos y poco a poco fueron adquiriendo densidad. Muy ocasionalmente intervino la Policía Nacional para disolver algún grupito despreocupado.

Así, envueltos en una expectación creciente y comedida, fueron llegando premiados e invitados. Las primeras, ya pasadas las cinco y media, fueron las directoras del Hay Festival (Premio de Comunicación y Humanidades), Cristina Fuentes, para Latinoamérica y de proyectos internacionales, y María Sheila Cremaschi, para España, que mientras posaba para los fotógrafos, intentando recolocar su cabellera roja, dejó escapar irónicamente "¡Ay, qué buen clima!".

Así fue el recibimiento a la Familia Real frente al hotel Reconquista: "Estamos muy contentos de que hayan venido los Reyes"

Se contaba con la llegada del piloto de rallies Carlos Sainz (Premio de los Deportes) hacia las seis y media de la tarde, pero se retrasó casi media hora, y en ese intervalo hizo su entrada Teresa López Pernia, la madre de la médica Sara Bravo López, fallecida con 28 años al atender a pacientes con covid. La mujer, con paso vacilante, no tuvo ánimo para posar para las fotos.

Después, tras ver a Sainz saludando con los pulgares ante el panel azul con el distintivo de la Fundación Princesa de Asturias y, unos minutos después, a su hijo Carlos junior, la gente volcó toda su atención en la aparición de la Familia Real. Cuando su coche aparcó a las puertas del hotel, ya había caído la noche. Se oyeron vivas, más bien tímidos y brevemente, y los Reyes y sus hijas dieron unos pasos, acortando la distancia que les separaba de la gente, y le dedicaron un saludo.