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Vivan las matemáticas vivas

Meyer, Daubechies, Tao y Candès conversan por vía virtual y reclaman una enseñanza conectada con la vida real de una materia que "no es estática, es dinámica y emocionante"

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Meyer, Daubechies, Tao, Candès y Clara Grima, la moderadora.

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Meyer, Daubechies, Tao, Candès y Clara Grima, la moderadora.

No estaban juntos pero se les notaba muy unidos: una suma de mutuas admiraciones. Yves Meyer, Ingrid Daubechies, Terence Tao y Emmanuel Candès, premio "Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica", compartieron ayer por la vía virtual una charla tan apasionada como precisa sobre "Las matemáticas invisibles", moderados por Clara Grima, miembro del jurado que les otorgó el galardón, y que se declaró "forofa incondicional de las cuatro estrellas que tenemos aquí". Estrellas que en ningún momento se comportaron como tales: las matemáticas, demostraron, son una invitación a la humildad y nadie logra nada sin los avances de otros.

Tras explicar brevemente en qué consistía su largo trabajo, los cuatro premiados reflexionaron sobre cuestiones de calado social. Por ejemplo, ¿el público conoce el papel fundamental de las matemáticas en nuestras vidas?

Íngrid Daubechies incidió en que "muchos niños aprenden muchas matemáticas y se les dice que son importantes, pero no sacan una impresión de cómo los matemáticos profesionales las vivimos como algo muy vivo y cambiante, muy dinámico. Emocionante. No es algo estático con fórmulas impresas en una hoja. Por otro lado, no se les dan esos conocimientos y, a la vez, las relaciones que existen entre las matemáticas y tantos aspectos de la vida cotidiana. Hay que mejorar el trabajo de la enseñanza".

Tao coincidió en que "hay una desconexión respecto a las matemáticas en la escuela y la vida real, alumnos que no saben si dos terceras partes es menos que tres cuartas, pero si coges una tiza y la cortas, pueden verlo. Hay gente que no hace esa conexión. La prueba de contradicción la emplea la gente continuamente en la vida real, incluso los niños. Hay un teorema que los niños enseñan a otros niños: no hay un numero máximo. ¿Quién puede decir el numero más grande? Pregunta uno, y cuando otro dice un número muy grande, el otro dice el mismo más uno. 'Gano yo'. Es la prueba perfecta de que la gente no hace esa conexión del mundo real con la formación formal. Un buen profesor puede conseguirlo".

Candès reclamó más héroes en el mundo de las matemáticas, "hay nombres que son tan gigantes como Einstein, pero no se perciben así. Como comunidad, y no me gusta parecer gruñón, tenemos que mejorar nuestro trabajo de producción de héroes. Hay que educar al público sobre nuestros logros y aportaciones en esta sociedad digital que vivimos. Einstein hizo mucho, cierto, pero no vivimos la era relativa".

Meyer matizó que "no separaría las matemáticas de la física. El gran evento en mi vida fue conocer a Alex Grossmann, un físico teórico. Para él no existía frontera entre la física y las matemáticas o el procesamiento de señales. Me di cuenta de que se podían unificar esos tres campos cuando tenía 44 años ya. Antes creía que las matemáticas eran un mundo en sí, y cuando comprendí la conexión profunda con la física y el procesamiento de señales subí al cielo. Asombroso. Necesitamos esos guías en la ciencia. No hay que lanzar un mensaje a los jóvenes discutiendo con los físicos, entre su forma de enseñar y la nuestra, diciendo que no hay lenguaje común. Sí lo tenemos".

Daubechies remató la jugada: "Hemos de mejorar cómo mostrar la vida de las matemáticas y cómo se relacionan con la vida. Son el nombre que damos a lo que observamos. Ver, analizar, el placer de pensar...".

¿Algún problema favorito para resolver? Daubechies se concentra "en lo que esté trabajando en cada momento, lo que me obsesione. Lo que más me gusta es comprender cómo funciona algo, cómo ocurre algo grande en las matemáticas o en la física. Personalmente, no me motiva resolver hipótesis, no va con mi forma de ser". A Candès no le motivan "las conjeturas abiertas, más bien me atrae observar el mundo que nos rodea, comprender cómo puedo contribuir con las matemáticas. En Estados Unidos, por ejemplo, se usa la Inteligencia Artificial para tomar decisiones importantes, hay tribunales que recurren a algoritmos para decidir sobre quién sale bajo fianza o quién sale con libertad vigilada. Me fascina estudiar cómo podemos lograr que esas decisiones sean las correctas".

"Hay muchas oportunidades para que las matemáticas aporten su granito de arena", señaló, "me preocupa la construcción de puentes entre el razonamiento y el mundo físico que puedo percibir". Tao lamentó que haya "un modelo mental popular sobre matemáticos equivocado: todo matemático tiene algún talento o forma de inteligencia que se puede medir, y como los problemas matemáticos tienen un grado de dificultad concreto, cuanto más listo eres, más problemas puedes resolver. Es decir, el factor principal es si eres suficientemente inteligente. Pero no es el caso".

Las matemáticas son como la pesca, dijo, "hay buenos pescadores y malos, y ni siquiera los mejores pueden capturar peces de forma automática, deben estar en el sitio adecuado y que haya muchos peces. Y contar con la suerte. Hay mucho problema que me gustaría resolver, pero es una cuestión de tener la oportunidad y de reconocer otros avances para construir sobre ellos, no de ser lo suficientemente inteligente o no. A veces, se resuelven porque están lo bastante maduros".

Meyer estuvo de acuerdo en que hay que defender "la tradición de lo heredado, recibimos una herencia de quienes nos precedieron y podemos continuar su sueño, el sueño de la humanidad que nunca se acaba. Es semejante a un río que continua eternamente, es belleza esa tradición. No lo digo por ser tradicionalista sino por respeto al trabajo de otras personas".

Daubechies amplió el círculo de su experiencia, invocó a la conexión total de "comprender, construir y desarrollar el conocimiento. El ímpetu y la motivación es el mismo, la diferencia es con qué lo relacionas. Las matemáticas puras se conectan con otras ramas. El gusto de los matemáticos cambia y no hay límites específicos. Todo es matemáticas".

Tao recordó que "ha cambiado la percepción de los matemáticos, primero todo eran ciencias, luego empezaron a desagregarse y se convirtieron en silos de distintos campos, unos de álgebra, otros de fluidos? Pienso que todos los campos se interrelacionan, los matemáticos puros resuelven problemas de las aplicadas y al revés. Se retroalimentan. Nadie es más importante, no hay una piedra angular".

Tao consideró vital en su formación haber tenido de profesora a Daubechies durante un curso en la universidad de Princetown, admiración compartida por sus colegas y que Candès convirtió en cálido teorema al recordar cómo llevaba su libro sobre las ondículas a todas partes: "Mi mujer me preguntaba cuando íbamos de viaje, ¿qué, nos llevamos a Ingrid de vacaciones?" La aludida rió y echó elogios fuera: "Solo puedo decir que el libro tiene muchas erratas".

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