Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La incómoda sinfonía de la pandemia: así le afecta el covid a los músicos de cámara

“Hemos perdido las referencias de sonido”, explican desde la OSPA instrumentistas que ya no pueden compartir atril ni ver la gestualidad facial del director

Las medidas anticovid cambian la forma de trabajar de la OSPA: músicos a metro y medio de distancia Elena Vélez

Una orquesta sinfónica tiene como objetivo sonar como un solo hombre. La disposición de los músicos en el escenario, en semicírculo, se consolidó en el siglo XVIII y pretende que estén lo más juntos posible. De ese modo se escuchan unos a otros en beneficio del conjunto. Para lograrlo, los instrumentistas comparten atril y partitura. Todo eso ha cambiado.

Con la pandemia los músicos se han separado para evitar posibles contagios. En la Orquesta Sinfónica de Asturias (OSPA) se ha establecido una distancia de dos metros entre cada uno de ellos, y eso influye, y mucho, en su forma de trabajar.

El violinista Francisco Barahona lleva en la OSPA desde que se fundó la orquesta hace 30 años. Nunca había vivido una situación tan extraña en la que los músicos, dice, “hemos perdido las referencias que teníamos desde hace décadas”. “Hay momentos en la orquesta en que los músicos estamos tan compenetrados que respiramos a la vez”, resume.

Barahona: “Los músicos estábamos tan juntos que respirábamos a la vez, ahora no”

decoration

Él lo hacía con Elena Albericio, con la que compartía atril desde hace una década. La pandemia les ha separado. “Siempre hemos intentado mezclar los sonidos de nuestros violines, nos encanta tocar juntos y habíamos formado un buen tándem”, explica el músico. “Ahora”, añade, “no tengo esa referencia y todo es más difícil”. Barahona y Albericio no comparten espacio y tampoco sonido, “me escucho demasiado a mí mismo”, asegura él. Esa distancia les ha obligado a “estar más alerta, escuchar al resto de la orquesta de otra manera”.

El violinista coincide con su compañero Francisco Mestre (contrabajo) en que hay que sacar algo positivo de esta situación. Esa escucha distinta les ayuda a mejorar. “Cuando volvamos a estar más compactos va a ser una sensación de alivio y todo va a sonar mucho mejor que antes de la pandemia”, mantiene el violinista. Mestre también ve el lado positivo. Con la distancia del resto de compañeros “te escuchas más a ti mismo y te da más tiempo a cuidar tu sonido y tu afinación”. Lo que echa mucho de menos Mestre es la comunicación no verbal, el contacto visual y corporal. Al tener solo un atril por músico se amplía el campo visual, pero también se complica su trabajo al estar solo en el momento de pasar las páginas de la partitura. No tener el pulso del compañero al lado obliga a los músicos “a tener mucha más confianza en el director, aún más de la que teníamos”, asegura este contrabajista.

Él también ha perdido referencias que le servían a la hora de tocar, y pone un ejemplo: “Ahora cuando escucho a las trompas, que están en el lado opuesto al mío, las tengo más lejos que antes y en ocasiones pienso que estoy tocando por delante de ellas y en realidad voy por detrás”.

Precisamente uno de los trompas de la OSPA es José Luis Morató, que añade otra dificultad, las mascarillas. “La comunicación con el director es muchísimo más difícil”, explica. El maestro dirige a la orquesta con la batuta, con los brazos y el cuerpo, pero se ha perdido la gestualidad del rostro. La cara del director puede decir muchas cosas a los músicos durante un concierto. Ahora la tapa la mascarilla. Los instrumentistas de viento son los únicos que lógicamente se pueden quitar las mascarillas para tocar. “Es un poco estresante estar quitando y poniendo la mascarilla”, reconoce Morató. Otra dificultad para ellos es la sensibilidad en los labios. “Nosotros nos movemos mucho por sensaciones y la mascarilla afecta mucho, crea una sensación de condensación y de calor en la boca que no me gusta nada”, explica el trompista. En alguna ocasión, además, se ha visto obligado a tocar con mampara para que el aire exhalado no llegue a sus compañeros, “algo que cambia completamente la proyección del sonido”.

Morató también habla de “anticipación”, de “tocar antes tu nota para que al director, que ahora está mucho más lejos, le llegue el sonido cuando le tiene que llegar”.

Casanova: “Para que mi sonido llegue tengo que tocar antes de escuchar a mis compañeros”

decoration

Esa distancia la nota mucho la sección de percusión, la que más alejada está del podio del maestro y del resto de sus compañeros. Rafael Casanova es percusionista de la Sinfónica asturiana y subraya que esa distancia supone que “escuchamos tarde y tocamos tarde”. “En ocasiones tenemos que tocar antes de escuchar, eso es antinatura, tocar tú antes de escuchar lo que han tocado los otros”, enfatiza. Añade, además, que en espacios como el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo se ha retirado la caja acústica para ganar espacio y aire. Para los músicos esa medida supone aún más dificultades porque, como explica Casanova, “la velocidad y reflexión del sonido no es la misma sin esos paneles, lo que provoca que nuestra respuesta no se produzca cuando debería ser”.

El director musical del Teatro de la Zarzuela, el asturiano Óliver Díaz, comparte la opinión de los músicos, “la distancia es peligrosísima”. A él, como director, la pandemia tampoco se lo pone fácil. “Se oye todo más lejano”, asegura. Díaz reconoce “el esfuerzo que están haciendo los músicos, que se traducirá en una mejoría del sonido cuando pase todo esto”.

Compartir el artículo

stats