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La cultura asturiana busca un salvavidas digital

Las compañías de teatro y los músicos asturianos exploran los formatos online como vía para seguir trabajando pese a las restricciones de público establecidas por el covid

ensayo digital. Carmela Romero, izquierda, y Natalia Arteman, en el ensayo vía online de su versión de “La casa de Bernarda Alba”.

La gijonesa Carmela Romero es actriz. Durante el confinamiento de hace un año, trasteando por Instagram conoció a Natalia Arteman, argentina, profesora de actuación. Empezaron a escribirse y poco a poco la conversación fue derivando hacia lo profesional. “¿Y si montamos algo juntas?”, preguntó Romero desde Asturias. “¿Cómo vamos a hacer eso, yo estoy en la Argentina?”, respondió Arteman pensando que aquello era imposible. “Qué más da el covid que el Atlántico”, dijo Romero. En realidad, encerrados en casa era lo mismo intentar crear un espectáculo con alguien que vive a miles de kilómetros que con un amigo del portal de enfrente.

La clave la encontraron en Zoom, esa herramienta de videoconferencias que igual sirve para tomar el vermú con los amigos que para reunir a los popes de la OMS. Natalia y Carmela han montado una obra de teatro completamente “nativa digital”. No se conocen en persona, pero han pasado muchísimas horas juntas para desarrollar el proyecto para el que cuentan con la dirección de Ana Victoria García, también argentina, y del marido de Carmela, el también actor Carlos Mesa.

Han ensayado por Zoom y a través de la pantalla del ordenador han levantado la producción “Lorca. Ensayos transatlánticos”, una revisión de parte de “La casa de Bernarda Alba”. La iniciativa de Carmela Romero, que antes de la pandemia era productora y distribuidora de espectáculos teatrales “presenciales”, es un ejemplo de cómo el mundo de la cultura busca una salida para no hundirse por las limitaciones aforo impuestas por la pandemia de coronavirus. La vía digital es esa salida.

Tras varios meses, la colaboración lorquiana entre Romero y Arteman ya está prácticamente acabada y se estrenará en pocas semanas. ¿Dónde? En internet. La red es el origen y el final. “Creamos el espectáculo desde cero a través de internet y lo estrenaremos en la red”, explica Romero. Ahora están en el momento de ensayos generales. Es decir, se conectan, invitan a algún amigo para ver cómo funciona la cosa y representan la obra, con una actriz en Argentina y la otra en Asturias. Lo próximo será grabarlo. “Lo haremos del tirón y no tendrá ningún tipo de edición, esto es teatro y si lo editásemos sería cine”, subraya la actriz asturiana.

El siguiente paso será el estreno. Están explorando plataformas que permitan cobrar una entrada, también virtual. En España está Escenix y en Argentina se ha puesto en marcha Alternativa teatral. “Lorca. Ensayos transatlánticos” se colgará un día determinado, pero no estará disponible eternamente, esto no es Neftlix. “Si decidimos estrenarla un fin de semana, podrás comprar la entrada para esos días y verla en un periodo de tiempo, relativamente amplio pero determinado”, concluye Romero.

La compañía teatral asturiana “Con Alevosía Teatro” también está explorando las posibilidades de internet. Lo han hecho recientemente en una residencia de la Laboral, pero no lo ven claro. Lo suyo es el teatro de inmersión, llevan cinco años triunfando con “Näna”, y pasarlo a la red es muy difícil. “Buscamos fórmulas, planteamos cosas pero lo que ganas haciéndolo en streaming lo pierdes en el contacto con el público”, explica Ernesto González, fundador de la compañía, que cree que el tipo de teatro que ellos hacen, en el que la interacción con el público es fundamenta, “por ahora no es viable”. No obstante, en esa residencia de la Laboral avanzaron. Llevaron a lo digital ese gusto suyo por sorprender y asustar al espectador, por ejemplo a través del acoso telefónico, “pero es todo muy difícil y por ahora lo hemos parado”, se lamenta González. No ve la posibilidad de hacer “un espectáculo de teatro al uso grabado con una cámara, aunque sea un Estudio 1. Para mí eso no es teatro”. Es una opinión más. Ellos necesitan el contacto con el público. La pandemia los ha pillado un en momento álgido. Tenían vendidas todas las entradas para dos sesiones en la Laboral y de repente se han encontrado con siete espectáculos parados. “No podemos invertir en otro más, invertir dinero que no tenemos, para que luego quede también parado”. Aun así no descartan hacer algo online, pero más como marketing que otra cosa. “Para que nos descubra gente de fuera de Asturias y que luego puedan venir al espectáculo”.

Ahí está una de las claves, usar los medios digitales para romper fronteras y poder acceder a nuevos públicos. La pandemia ha traído nuevos usos y costumbres. Nuevas formas de trabajo y el mundo de la cultura, uno de los sectores más golpeados por la crisis sanitaria, lo sabe bien. El guitarrista ovetense Marco Martínez, también ha cogido el trasatlántico digital. Lleva 28 años impartiendo clases de guitarra en formato “presencial”. El confinamiento le pilló de gira por Alemania. Al regresar a Oviedo tenía una propuesta de trabajo de un prestigioso instituto de Estados Unidos. “Ellos llevaban años haciéndolo y de repente me encontré con que desde mi casa de Oviedo le estaba dando clase a un tío de Nueva York o a una chavala de México, flipé”, resume Martínez. La decisión fue clara, “lo pasé todo a online”. Todas las clases que tenía con estudiantes asturianos empezaron a hacerse por internet. Mantuvo su docencia, pero, además, se incrementó. Qué más da que el alumno esté en Pola de Siero que en Cádiz si no puede salir de casa.

Eso sí, Marco Martínez, que ha tocado en los festivales de jazz más importantes de España y es guitarrista profesional, explica que “en la música, en las clases, cuando llegas a un determinado nivel, hace falta el contacto físico”. Ahora tiene más alumnos, reconoce, pero también se ha quedado sin conciertos. “Antes tenía dos trabajos y ahora tengo solo uno”.

El futuro de los conciertos online no lo tiene tan claro. El mercado digital es global, está muy competido. “Esto ha abierto las puertas a nivel mundial, tienes a músicos enormes haciendo conciertos, a gente como Herbie Hancock, contándote historias desde su casa, o la posibilidad de ver en directo los conciertos del Village Vanguard de Nueva York, que va poniendo en tiempo real el dinero recaudado en cada una de las sesiones”, concluye.

Es la guerra mundial de la cultura y el campo de batalla es incierto. Lo dice Guillermina Caicoya, presidenta de la Asociación de Galerías de Arte de Asturias. “El modelo está cambiando, ha crecido mucho la venta por internet, sin ver la obra del artista, pero en las plataformas online de venta de arte solo venden los artistas conocidos internacionalmente”, explica, y se pregunta “¿cómo un coleccionista extranjero va a llegar a un artista de mi galería de Oviedo?”. No tiene respuesta pero tal vez la solución la tenga más cerca de lo que parece porque reconoce que en los últimos meses “sí que se ha notado un incremento de tráfico en la página web”. Caicoya opina lo mismo que el guitarrista Marco Martínez: “El mercado ahora es mundial”. Aunque, matiza, “todo está muy verde”.

El artista plástico Jorge Nava ha notado cómo se ha incrementado esa venta de arte a través de internet e introduce otra variante: “No sé si esto se debe a la pandemia o porque la gente gasta más en el confort de sus casas”. El arte es algo muy subjetivo y Nava reconoce que su pintura “pierde la piel a través de las fotografías que puedes ver en la red”, pero a renglón seguido apunta que “compramos muchas cosas por internet, ropa, muebles, y todo el mundo consume online sin ver los productos en directo”. Así que en su opinión “se está produciendo un cambio de mentalidad”. Entiende, eso sí, que “a las galerías pequeñas no les viene nada bien, porque el arte, como el fútbol, es un mercado y si tienes una marca potente (una firma o una gran galería que te represente) el cliente llega con más seguridad”.

Igual que a los artistas plásticos les pasa a los escritores, la promoción de su obra, las inauguraciones de exposiciones o las presentaciones de libros, han quedado suspendidas. El ovetense Jorge Salvador Galindo es el responsable de la editorial Pez de Plata y ha visto cómo su agenda se llenaba de tachones. Algunas de esas presentaciones de libros las ha cambiado a formatos online, pero no le convencen demasiado. Para Galindo, en el mundo de la literatura, “viajaremos hacia un modelo híbrido en el que demos preferencia a las actividades presenciales, pero aplicando al mismo tiempo todo tipo de complemento audiovisual”. Lo explica: “Yo al menos he comprobado que las actividades online sirven como entretenimiento, sí, pero no cumplen las funciones que se le suponen: ni se establece de forma efectiva el contacto lector-escritor, ni el esfuerzo se traduce en venta de libros y, por lo tanto, en nuevos lectores”.

Este editor es optimista respecto a su sector y cree que la literatura saldrá bien parada de la pandemia. “La lectura es la forma de ocio más estimulante y competitiva cuando estamos saturados de tecnología. Y ahí es donde el libro siempre gana”. Jorge Salvador Galindo se atreve a aventurar que los índices de lectura de 2020 serán muy buenos. “Me apuesto lo que sea a que durante el último año se ha escrito y se ha leído más que nunca”. “En los próximos años comprobaremos si es verdad eso que dice que el virus ha creado cientos (o miles) de nuevos lectores”, concluye.

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