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El príncipe Felipe ya descansa entre reyes

El recuerdo de la “inquebrantable lealtad” a la reina Isabel II marca la solemne despedida en Windsor al duque de Edimburgo, con música elegida por él y gaitas escocesas

Solemne despedida de la Familia Real británica al Duque de Edimburgo Agencia ATLAS / Reuters

El reloj aún no marcaba las cuatro (hora continental) cuando el Bentley real se detuvo frente al pórtico de Galileo, en el extremo oeste de la capilla de San Jorge, joya del gótico inglés, en el castillo de Windsor, sede de la Orden de la Jarretera, el summum de los honores del imperio británico. Del coche descendió una de las mujeres más poderosas del planeta, con la mirada baja y los ojos nublados por las lágrimas. Ni la bienvenida del deán de Windsor, David Conner, le arrancó una sonrisa. La soledad de Isabel II contrastaba con el sol sobre los campos de ese rincón de Inglaterra tan querido por la “Royal family”. Fue el día más triste de su regia vida: enterraba a su marido, Felipe de Edimburgo, fallecido el 9 de abril a los 99 años de edad.

De negro y con el broche Richmond de la reina María prendido en el abrigo, la soberana, que cumplirá los 95 la próxima semana, se sentó en su lugar habitual del coro, sabiendo que esta vez Felipe, la roca que la acompañó casi ocho décadas, ya no llegaría para colocarse a su izquierda. En el cuadrilátero exterior, diseñado por Enrique VIII, el Land Rover Defender que el duque ayudó a diseñar dejaba el féretro en manos de diez militares que lo portaron ante el cortejo de dolientes, entre el que destacaron por su impecable elegancia Sofía, condesa de Wessex, con diadema de terciopelo, similar a la que llevaba su hija lady Louise Windsor, y Kate, duquesa de Cambridge, la esposa del príncipe Guillermo, llamada un día a ser consorte real, el papel que Felipe tuvo que asumir antes de lo previsto. Kate, con abrigo negro de Roland Mouret, tocado con velo y un collar de perlas japonesas de Isabel II, apareció perfecta y consciente de que las imágenes de ese día ya forman parte de la historia reciente del Reino Unido.

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Funeral del duque de Edimburgo en la capilla de San Jorge Agencias

En la comitiva iban los hijos del duque: el príncipe Carlos, la princesa Ana, el príncipe Andrés y el príncipe Eduardo, tres de sus nietos, los príncipes Guillermo y Enrique, a los que se vio hablar al final, y Peter Phillips, y su sobrino, el conde Snowdon, además del marido de la princesa Ana, el vicealmirante Timothy Lawrence, y miembros del personal de la casa del duque, incluido su secretario privado, el brigadier Archie Miller-Bakewell, su exoficial de protección personal de la Policía Metropolitana y dos ex ayudas de cámara y dos expajes. “Con corazones agradecidos, recordamos las muchas formas en que su larga vida ha sido una bendición para nosotros. Nos ha inspirado su lealtad inquebrantable a nuestra reina, su servicio a la nación y la Commonwealth, su coraje, fortaleza y fe”, dijo David Conner para comenzar la ceremonia, tras un minuto de silencio al que se sumó toda Gran Bretaña y que culminó cuando el ataúd, portado por soldados de la Compañía de la Reina y del Primer Batallón de Granaderos de la Guardia Real, fue depositado en la cripta ubicada bajo el coro, uno de los lugares de enterramiento del templo, donde también se encuentran la reina Adelaida y el rey Jorge V de Hannover, entre otros.

 Carlos de Inglaterra y su hermana, la princesa Ana, hijos del fallecido, en el cortejo fúnebre.

Carlos de Inglaterra y su hermana, la princesa Ana, hijos del fallecido, en el cortejo fúnebre. EFE

El emplazamiento es provisional, ya que el Príncipe recibirá sepultura al lado de Isabel II, en la capilla en memoria de su suegro, Jorge VI, donde reposan el monarca, la princesa Margarita y la reina madre. La prematura muerte de Jorge VI alteró los planes de la joven pareja. La coronación de Isabel acabó con la carrera militar del duque, pero no con su vocación. Sobre la caja mortuoria lucía su estandarte personal coronado con la espada, el gorro naval y un centro de rosas y lirios blancos elegidos por la reina.

“Hoy evocamos cómo su vida fue una bendición para nosotros”, dijo el obispo oficiante

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El duque de Edimburgo quiso dejar constancia en su despedida del espíritu castrense que sentía tan cercano. Dentro de la sobria solemnidad que presidió el funeral, preparado según la voluntad del fallecido, revistieron especial emoción las interpretaciones de los gaiteros del Regimiento Real de Escocia y de los clarines de la Royal Navy, que rindieron honores al marino, “siempre con los que defienden al mar y al navío”, como dijo el deán de Windsord, con piezas como “I Vow to Thee My Country”, “Supreme Sacrifice”, “Jerusalem”, “Isle of Beauty” y “Nimrord”.

La llegada de los príncipes Guillermo y Enrique. EFE

Un coro de cuatro voces interpretó composiciones elegidas por el propio Felipe Mountbatten, como “Eternal Father, strong to Save”, himno asociado con la navegación marítima y que refleja la carrera naval del duque, el Salmo 104, con música de William Lovelady, que se cantó en su 75.º cumpleaños. También interpretaron “Rhosymedre”, de Vaughn Willians, y por supuesto, el “God Save The Queen” más conmovedor que nunca haya escuchado la monarca.

El príncipe Felipe ya descansa entre reyes. EFE

Las numerosas condecoraciones del duque, expuestas en el altar, resumieron una vida al servicio de la corona, pero también plagada de aficiones vinculadas a la vida rural inglesa, como la conducción de enganches ecuestres, a la que el príncipe dedicaba buena parte de su tiempo libre, acompañado por su amiga lady Penny, condesa Mountbatten. Por eso no extrañó ver en el cuadrilátero su carruaje favorito con los ponis de raza fell (parientes de los asturcones) “Balmoral Nevis” y “Notlaw Storm”, nacidos en 2008 y criados por la reina Isabel II. El servicio religioso concluyó con la lectura de los títulos del duque, una bendición por parte del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y el canto del himno nacional. El ducado de Edimburgo, un título de la casa real británica creado en 1726, pasa ahora al príncipe Carlos de Gales, heredero de la corona, que cuando sea rey se lo cederá a su hermano Eduardo, conde de Wessex. La reina Isabel II seguirá de luto y tratará de sobreponerse a la tristeza. Tal vez recuerde la frase de Nelson: “England expects that every man will do his duty” (“Inglaterra espera que todo hombre cumpla con su deber”).

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