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Emilio Sagi Director de escena, premio honorífico de Ópera XXI a toda su carrera

“Nunca pretendí renovar nada, hice las cosas como creí que debía hacerlas”

“El Oviedo de los 80 era atómico, cuando llegó la democracia salimos como los toros de San Fermín; hoy es una ciudad con mucha fuerza”

Emilio Sagi, tras recoger el premio honorífico de Ópera XXI. | Ópera XXI

Emilio Sagi, tras recoger el premio honorífico de Ópera XXI. | Ópera XXI

Emilio Sagi se presentó en Oviedo como director de escena en 1980 con una producción de “La Traviata” de Verdi. Ahora, 41 años después le llueven los reconocimientos. El público de Oviedo aplaude a rabiar su producción de “Nabucco” y el Teatro de la Zarzuela se puso en pie cuando el ovetense recogió el premio honorífico a toda su carrera que le concedió Ópera XXI, organización que agrupa a los 25 teatros y temporadas de ópera de España e Hispanoamérica.

–¿Qué siente?

Cuando te dan un premio, sea el que sea, sientes agradecimiento. Nunca se sabe si lo mereces o no, siempre me lo pregunto. El de Ópera XXI fue muy emotivo porque me lo daban mis compañeros, los teatros españoles y sudamericanos donde he trabajado estos 41 años. Fueron los primeros que me acogieron cuando empecé a trabajar. No lo he pensado mucho porque estaba un poco aturdido por los aplausos y las felicitaciones pero me emociona y quiero compartirlo con la gente que estuvo siempre conmigo.

–¿En quién pensó?

–No soy nada analítico, no pensé demasiadas cosas. En esos momentos no tienes la cabeza para analizar nada. Luego, cuando vas para la cama y no puedes dormir sí que recuerdas algunas de las cosas que hiciste todos estos años pero no hay que dar demasiada importancia a las cosas positivas porque también pueden llegar las negativas.

–Dijo que quiere seguir trabajando.

–Fue una broma. Son 41 años trabajando y sigo trabajando. Lo dije por si acaso. Nunca se sabe lo que queda por delante, pero la intención es trabajar. Tengo contratos al menos hasta el año 2024. Son proyectos que hay que hacer y estoy muy feliz de poder hacerlos. Aunque es cierto que ahora prefiero trabajar un poco menos. El año pasado con la pandemia no trabajé nada, tenía que haber ido a Estados Unidos y no pudo ser. Este año tengo algo menos y el año que viene tengo un poco de lío por todas las cosas que se aplazaron de 2020. Será un año un poco cargado, que no me gusta demasiado porque me gusta tener periodos libres entre proyecto y proyecto.

–Ya no están Pepa Ojanguren y Javier Escobar, su gran amiga y colaboradora y su pareja durante 40 años. Estos reconocimientos también son para ellos.

–Sí, claro, para toda la gente que me ayudó a nivel personal y profesional. Ellos fueron un gran apoyo en los dos niveles. Pepa estuvo en casi todos mis últimos montajes como diseñadora de vestuario y con Javier fueron 40 años de vida juntos.

–El vestuario de “Nabucco” y de “La bohème”, que este año se representan en Oviedo es de Pepa Ojanguren.

–Y el de muchas más cosas que sigo haciendo. El “Don Gil de Alcalá” que se verá en Madrid, “Il Puritani” que se hará en Napoles o “La bohème” de Lisboa. Son proyectos que están ahí y que siguen saliendo.

–Oviedo ha recuperado esas antiguas producciones suyas.

–“Nabucco” es 2015 y “La bohème” de 2001, es una producción muy antigua que se hizo muchas veces en Oviedo y en otros lugares pero que sigue teniendo vida. Ahora me gustaría hacer algunas otras cosas en es producción. El decorado es de Julio Galán y ahora me gustaría plantearlo de otra manera, pero entiendo que los teatros las tienen que utilizar las producciones que tienen. Me gusta mucho hacer “La bohème”, es una obra maravillosa en la que no hay ni una nota ni una palabra equivocada. Es una función que siempre emociona al público y a quien lo está haciendo. Narra la muerte de alguien joven y lleno de vida y todos hemos vivido eso de alguna manera. Yo vi morir a muchos amigos con enfermedades horribles y te emociona al verlo plasmado con esa música impresionante de Puccini. Cuando Celestino Varela (director de la Ópera de Oviedo) me llamó para decirme que querían hacer esos dos títulos esta temporada me hizo mucha ilusión. Son dos obras que siguen gustando. Estuve en el estreno de “Nabucco” y la gente lo disfruto mucho.

–Programar esas producciones sirve a la Ópera de Oviedo para ahorrar costes después de una temporada de números rojos como la pasada.

–Me parece también muy inteligente lo que han hecho, programar títulos muy populares para recuperarse económicamente.

–Dicen de usted que es el renovador de la zarzuela.

–Son cosas que dice el público o los críticos. Nunca pretendí ser un renovador, hice la zarzuela como me parecía que lo tenía que hacer y como se me ocurrió. Yo veo las zarzuelas de una manera muy particular. Siempre se habla de “La del manojo de rosas”, era una función que yo conocía, la había estrenado mi tío, Sagi Vela, y se la había encargado mi abuelo al maestro Sorozábal. A mí se me ocurrió hacer lo que hice y no pensé que iba a renovar nada. Cada obra que hago la escucho, la leo, estudio la partitura y voy apuntando cosas que se me van ocurriendo, nunca pienso en hacer la “boutade” para impresionar al público. Cada obra tiene su misterio, su sentido y su porqué y hay que buscarlo, yo lo busco.

–Vivió intensamente el Oviedo de los 80, ¿cómo ve ahora la ciudad?

◘–El Oviedo de los 80 era atómico. Viví unos años de gran creatividad y explosión. Todos esperábamos que se nos abrieran puertas para sacar toda la energía. Cuando entró la democracia salimos todos como los toros de San Fermín. Ahora Oviedo sigue siendo una ciudad con una fuerza tremenda. La ciudad está preciosa.

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