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Marina Abramovic Artista, premio Princesa de Asturias de las Artes

“Conecto con el público a través de mi vulnerabilidad, no de mi fortaleza”

“Dedicarse 50 años a la performance no es fácil, es incompatible con la vida familiar y hace falta disciplina, determinación y motivación”

Marina Abramovic. | Muel de Dios

Marina Abramovic. | Muel de Dios Tino PERTIERRA

Vuelven los retratos de Muel de Dios. El fotógrafo gijonés Jesús Miguel Muel de Dios retratará para LA NUEVA ESPAÑA a los premiados de este año.

Dichosa mascarilla. A Marina Abramovic le gustaría desnudar su cara para conversar pero el personal de la Fundación le recuerda que no es posible. La premio “Princesa de Asturias” de las Artes (Belgrado, Serbia, 1946) se resigna, aunque, rebelde como ella sola, al final se desprenderá de ella unos instantes para que el cara a cara sea completo. La piel habla.

–Después de tanta entrevista, ¿hay algo que no le pregunten y le gustaría?

–¡Qué difícil! A ver, lo voy a pensar...

(Lo piensa. Tic tac, tic tac...)

–Bien. Ya está. Nunca me preguntan qué disciplina se necestia tener para hacer lo que hago.

–Adelante.

–La forma del arte de la performance es muy difícil. Tienes que viajar muchísimo. Tienes que ponerte todo el tiempo delante del público. Tienes que estar ahí disponible física y mentalmente. Empecé a hacer performances en los años 70, cuando era jovencísima. Tenía 20 años. Las personas de mi generación ya no las hacen. O llevan un marcapasos o se han muerto. Bueno, o se dedican a otra cosa, no sé, han empezado a pintar, a escribir o a lo que sea.

–Algo más relajado.

–Exacto. La pregunta, entonces, es: ¿cómo he conseguido hacer todo esto durante cincuenta años? El próximo mes cumpliré 75. Son muchos. Mira, llevo cuatro meses fuera de casa. Volveré a ella el sábado. Viajando desde junio. Me siento como los titiriteros, yendo de un lugar a otro. He estado en 19 lugares distintos. Exposiciones, ruedas de prensa, programas de televisión... Hice un tour de ópera en Turín, Milán y París... Actuando y dirigiendo.

–Y ahora, maratón en Asturias.

–He de reconocer que esta mañana, cuando me desperté, sentí que estaba cansada. Un poquito. ¡Pero no pasa nada! Tengo tres días por delante. Llenos no, llenísimos de actividades. Pues bien, para aguantar esta vida necesitas: una fuerte determinación, disciplina y motivación. En primer lugar, esto es incompatible con vida familiar. Con tener hijos. O mascotas. Hubo un momento en que pensé en comprarme una tortuga. Al final no lo hice. Ah, y todas las mañanas hago ejercicio. No fumo. No bebo alcohol. No me drogo. Tengo que mantenerme fuerte física y mentalmente. Lo peor sería hacer performance a mi edad y que mi cuerpo sintiera dolor. Con esto quiero decir que haber hecho esto durante 50 años no es algo fácil. Nadie me pregunta por ello, simplemente se centran en los resultados.

–Tuvo unos buenos maestros en sus padres...

–¡Sí! Mis padres fueron héroes de guerra. Teníamos una disciplina militar en casa. Entonces lo odiaba pero hoy lo agradezco. Le cuento un ejemplo de lo disciplinada que soy. Mi madre me despertaba por las noches para ordenarme las sábanas. Cuando ahora llego a los hoteles, me meto en la cama y no me muevo en toda la noche. De hecho, cuando luego van a limpiar la habitación piensan que nadie durmió allí.

–¿Y cómo se relaja?

–Un baño de agua caliente si el hotel tiene bañera. Si no la tiene, duchas muy largas. Cuando vuelva a casa estaré sin trabajo en noviembre y diciembre. ¿Y qué quiero hacer? Cosas muy especiales para mí y muy normales para los demás. Levantarme tarde, leer el periódico, desayunar, charlar con amigos, ir al cine... Y hacer chales.

–¿Chales, ha dicho?

–Sí, para mis amigos. Me encanta. Tengo un sistema: me dicen el color, y se lo hago. Solo sé hacer un punto. Ya hice siete. Y me gusta hacerles esas piezas porque es algo mío que llevan muy cerca.

Y ríe: Abramovic ríe mucho. Porque...

–Lo más importante de mi vida es el sentido del humor. Me encanta reírme. Y me encantan los chistes políticamente incorrectos y guarros. Los colecciono. Quise poner un chiste en mi autobiografía y los abogados me dijeron que no. Estaba inspirado en lo que sucedió en mi país durante la guerra de los Balcanes. La ONU mandó ayuda humanitaria (medicinas, alimentos...). En Sarajevo, un amigo artista cogió una parte de esos artículos e hizo un show: todo estaba caducado. Nos enviaron ayuda que no ayudó, todo lo contrario, las personas enfermaban. No pasó nada, nadie lo denunció. Para sobrevivir, en mi país el humor negro es muy importante. Te cuento el chiste si me prometes que no publicas la frase final. Una mujer musulmana está sentada en su casa bombardeada, en una silla rota, mirando su jardín bombardeado y su ciudad bombardeada. Se está poniendo el sol. En el regazo tiene un pequeño mono. Llega otra mujer musulmana, le pregunta de dónde ha sacado el mono. Y la primera dice: de la ONU. Y su amiga le pregunta...

(Final omitido, promesa cumplida).

–¿El humor es la mejor forma de decir verdades?

–Absolutamente. El Dalai Lama dice que el humor abre el corazón. Y a partir de ahí puedes decir las verdades más duras.

–Una forma de desnudarse.

–Nunca lo había pensado pero me parece una idea fantástica. Es así. Ahí estás, completamente desnuda, solo la piel. En Madrid hice “Vida y muerte de Marina Abramovic”, y el director Robert Wilson me pidió que contara las historias más dolorosas de mi vida. Vale, me dijo pero no seas muy trágica en el escenario, si lo haces yo haré humor con ello. Durante los ensayos me puse a llorar porque eran historias terribles y conmovedoras. Y Wilson se acercó y me dijo: a ver, tiene que llorar el público. No tú. Para mí fue la mejor terapia. Me liberé. La mejor manera de conectar con el público no es a través de tu fuerza sino de tu debilidad, de tu vulnerabilidad. Todos somos iguales. A todos nos cuesta mostrar aquello de lo que nos sentimos avergonzados, de lo que nos duele.

–¿Hay una conexión invisible a través del dolor?

–Sí. El miedo al sufrimiento y a la muerte. Eso nos une a todos.

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