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Katalin Karikó Premio de Investigación Científica y Técnica y una de las creadoras de la vacuna contra el covid

“Sin los descubrimientos de Severo Ochoa no habría sido posible la vacuna contra el covid”

“No he sentido discriminación de género: a mí me despidió una mujer y los que me respaldaron fueron mis colegas varones”

Katalin Karikó. Muel de Dios

Katalin Kariko. Muel de Dios

Vuelven los retratos de Muel de Dios. El fotógrafo gijonés Jesús Miguel Muel de Dios retratará para LA NUEVA ESPAÑA a los premiados de este año.

La bioquímica Katalin Karikó (Szolnok, Hungría; 1955) es un afortunado ejemplo de tenacidad. Si la ciencia ha empezado a pararle los pies a la aterradora pandemia de covid-19 es gracias a su obstinación. Es como si, sin ella saberlo, todas las adversidades de su vida –la huída de su país, los despidos, el ostracismo– la hubiesen propulsado hasta este punto, en el que todos tenemos que estarle agradecidos. En 1978 ya estaba investigando sobre las posibilidades terapéuticas del ARN  mensajero, en el que se basan las primeras vacunas de Pfizer y Moderna. En 2013 se incorporó a BioNTech, el laboratorio que ha desarrollado la vacuna de Pfizer y donde ocupa el puesto de vicepresidenta sénior.

–Llegó el domingo a Oviedo, se emocionó muchísimo con el recibimiento y se le escaparon las lágrimas. ¿Pero tanto le extraña que la gente le esté agradecida?

–No contaba con que nadie me estuviera esperando pero al llegar vi a tantísimas personas, aplaudiéndome. Fue una alegría, me hizo feliz y me elevó el espíritu. No lo pude evitar y me emocioné al ver tanto reconocimiento hacia mi trabajo. Fue la misma sensación que tuve cuando se administró por primera vez nuestra vacuna en la Universidad de Pensilvania. Había un grupo de médicos y enfermeras que estaban esperando a recibirla y cuando llegamos, mi compañero Drew Weissman y yo, empezaron a aplaudirnos. En ese momento también me emocioné y lloré. Vi lo que significaba para ellos esa vacuna, la habían ansiado durante mucho tiempo, habían salido a trabajar muchos días arriesgando su vida, sabiendo que algunos de sus compañeros habían muerto. Cuando estás investigando te imaginas lo que puede pasar con tu trabajo, pero cuando lo ves materializado... Ahí es cuando te emocionas.

–El resultado de su trabajo y el de los compañeros que, como usted, han contribuido a crear la vacuna contra el covid es la mejor respuesta a quienes cuestionan la inversión en investigación básica.

–Para explicar eso podemos utilizar la analogía del remo. Mi hija rema (Susan Francia Karikó es medallista olímpica con el equipo de remo de Estados Unidos). Muchas veces tienen que remar hacia atrás y no ven lo que está detrás de ellos. La ciencia básica es eso: estás haciendo cosas y nunca sabes donde va a acabar. Yo siempre, siempre, pensaba en el beneficio, en una posible aplicación... Dese cuenta de que estamos hablando del año 1978 y yo ya estaba trabajando con los antiretrovirales, pensaba ya en si el ARN se podría aplicar en ellos.

–Ha salvado muchos obstáculos a lo largo de su carrera. Sus colegas y sus superiores cuestionaban su línea de investigación.

–Me han despedido muchas veces de muchos trabajos pero yo siempre he aplicado algo que leí en un libro cuando tenía 16 años, que sin estrés la vida era aburrida. Si no tienes estrés no tienes motivación. Aquel libro hablaba de transformar el estrés negativo en estrés positivo, en una nueva oportunidad. Eso es lo que hago, y lo mismo con la crítica: si hay una crítica constructiva siempre trato de incorporarla y aprender, a las destructivas no les hago ningún caso. Si me rechazaban una beca, leía todo el argumentario para ver los motivos y aprender. Utilizaba todas aquellas situaciones negativas para mejorar. No es bueno compararse con los demás, eso nos desalienta, nos hace pensar que la vida no es justa. Vale, no es justa, pero desde el momento de que estás en un laboratorio, trabajando, ya estás mejor que muchas otras personas. No hay que prestar atención a las cosas que no puedes cambiar. Si te centras en lo que sabes hacer, tarde o temprano, vas a prosperar y a salir adelante. Cuando mi hija tenía siete u ocho años, recién llegada a Estados Unidos desde Hungría, todos los niños de su clase creían que podían llegar a ser presidentes. Mi hija no, ella tenía la cultura europea. Desde fuera parece muy ingenuo, pero cuando vives en Estados Unidos entiendes por qué los norteamericanos siempre piensan que pueden hacer las cosas. Se trata de confianza personal, tienes que creer en ti mismo, y ese es mi mensaje para los niños: “Podéis conseguir todo lo que os propongáis, pero por supuesto con mucho trabajo”.

Cuando estás investigando te imaginas lo que puede pasar con tu trabajo, pero cuando lo ves materializado... ahí es cuando te emocionas

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–Severo Ochoa, el bioquímico y premio Nobel asturiano, sintetizó por primera vez el ARN, y el ARN mensajero está detrás de la vacuna contra el covid.

–El descubrimiento de Severo Ochoa fue tremendamente importante para llegar adonde estamos a día de hoy. Él descubrió la enzima fosforilasa polinucleada, la fosforilasa polinucleada nos condujo a los polimeros y los polímeros permitieron descubrir el código genético. Sin los descubrimientos de Severo Ochoa nosotros no habríamos llegado al ARN mensajero y habría sido posible fabricar la vacuna contra el covid. Siempre hay quien dice: “Si no lo huera hecho él alguien lo había hecho después”: Sí, pero después quizás habría sido demasiado tarde. En mayo de 1961 se descubrió simultáneamente el código genético y el ARN mensajero, el mismo día y el mismo año, y eso es todo lo que se necesita para llegar adonde estamos hoy. Conseguimos la información de la secuencia genética y a la vez supimos la proteína de esa código que necesitábamos.

–¿Por el hecho de ser mujer ha sido más difícil su trabajo como científica? 

–No, realmente no. Si alguien es buen líder lo es, independientemente de que sea hombre o que sea mujer. Yo no he sentido discriminación de género en el trabajo, porque quien me despidió una vez de mi trabajo fue una mujer y quienes me respaldaron y quienes se reunieron para decidir que merecía la pena pagarme el sueldo fue un grupo de hombres, mis compañeros varones.

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