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Esta es la receta de las mejores científicas asturianas: Resistir a la frustración y no ponerse límites

Las investigadoras asturianas mejor posicionadas en el ranking nacional de mujeres alertan de la falta de relevo generacional en los laboratorios: “Los jóvenes de hoy no aguantan el fracaso y les echa para atrás que la estabilidad llegue a los 40 años”

Las diez mejores científicas asturianas reflexionan sobre el futuro de la investigación: "No tenemos relevo generacional"

Las diez mejores científicas asturianas reflexionan sobre el futuro de la investigacióbn: "No tenemos relevo generacional" VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín

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Las diez mejores científicas asturianas reflexionan sobre el futuro de la investigacióbn: "No tenemos relevo generacional" Mónica G. Salas

Buscar la vocación, confiar en una misma, no ponerse límites, ser curiosa, tener resistencia a la frustración, nunca tirar la toalla y, por supuesto, trabajar duro. Esa es la receta del éxito en la ciencia, según las diez mejores investigadoras de Asturias. El CSIC publicó recientemente (utilizando Google Scholar) el primer ranking nacional de mujeres en los laboratorios, compuesto por 5.000 profesionales ordenadas por su índice H (que mide la productividad y el impacto de las publicaciones científicas) y el número de citas. En la clasificación aparecen 83 investigadoras de la Universidad de Oviedo y de los centros del CSIC en la región.

Las diez primeras conversan con LA NUEVA ESPAÑA en la Facultad de Medicina, donde desarrolla su labor la científica más sobresaliente del Principado en este ranking: Adonina Tardón, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Oviedo. Todas comparten una misma preocupación: la falta de relevo generacional en los laboratorios.

"La clave es no flaquear: si te esfuerzas en mover la rueda día tras día, la rueda se acaba moviendo"

Adonina Tardón - Catedrática de Medicina Preventiva

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“Ser mujer no es ningún impedimento para hacer ciencia”

Es el primer mensaje que lanzan las investigadoras situadas en la élite nacional. Y por suerte, destacan, “cada vez somos más y mejores”. Es decir, en número y en calidad. Por ello, Covadonga Pevida, ingeniera química y científica del Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (INCAR-CSIC), dice que “debemos estar satisfechas”, aunque añade: “Hay que continuar fomentando que esto siga así, y que no seamos solo un tema de cuotas, sino que estemos ahí por algo más, por la calidad”. Su colega Marta Sevilla, también ingeniera química e investigadora del INCAR, lo tiene claro: “Los límites nos los ponemos nosotras mismas”. Ella no se puso ninguno y, según el ranking del CSIC, es la segunda científica más destacada en el Principado.

"Los límites nos los ponemos nosotras mismas; ser mujer no es un impedimento para hacer ciencia"

Marta Sevilla - Investigadora del INCAR-CSIC

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"La carrera científica siempre fue larga, pero ahora más todavía; eso desmotiva a los jóvenes"

Clara González de los Reyes - Investigadora del IPLA-CSIC

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Se ha avanzado mucho, pero no en todas las áreas por igual. Ana Arenillas, del INCAR, avisa que “queda todavía mucho trabajo por hacer, sobre todo en las ingenierías, física o matemáticas”. Es decir, en las carreras STEAM. De ello da buena fe Laura Bonavera, profesora titular del departamento de Física de la Universidad de Oviedo: “Todavía faltan mujeres, yo eché en falta tener compañeras chicas a lo largo de mi carrera y se sigue viendo en el grado de Física, en donde las jóvenes representan aproximadamente el 30% de la clase; aún nos queda para llegar al 50%”. En biología, sin embargo, esos números han mejorado y mucho. “En el campo de los recursos acuáticos, antes las mujeres éramos casi una excepción. Decíamos en broma: ‘Somos los floreros de las pesquerías’”, cuenta Eva García Vázquez, catedrática del departamento de Biología Funcional. Sin ir más lejos, Adonina Tardón fue pionera en la Medicina Preventiva convirtiéndose en la primera mujer catedrática de la Universidad de Oviedo. ¿Su secreto? “No flaquear. Si te esfuerzas en mover una rueda día tras días, la rueda se acaba moviendo”, afirma.

Investigación y familia

La mayoría de las diez científicas tienen hijos. Algunas incluso hasta cuatro, como es el caso de Eva García: “Mis hijos se acostumbraron a acompañarme a los muestreos, a aguantar que mamá se pasase el día delante del ordenador...”. Adonina Tardón, que también es madre, quiere romper con el discurso tradicional: “¿Esa pregunta se la haríamos a un investigador hombre? Yo nunca fui el centro del hogar”. Pero lo cierto es que, apunta Clara González de los Reyes Gavilán, bióloga e investigadora del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA-CSIC), “los hombres nunca renuncian a su carrera investigadora” por los hijos. “¿No será culpa nuestra? Que sí nos creemos en muchos casos el centro del hogar?”, pregunta al grupo. “En los puestos más altos siguen faltando mujeres”, reconoce Patricia Ruas, también bióloga y científica del IPLA. El poso está ahí, como comenta Rosa María Sainz, directora del Instituto Universitario de Oncología del Principado (IUOPA): “Yo tengo diez alumnos extraordinarios en clase y nueve son mujeres, pero el liderazgo lo lleva él por mucho que pelee”.

"Deberían facilitar el acceso de las mujeres a las distintas escalas jerárquicas de la ciencia"

Patricia Ruas - Investigadora del IPLA-CSIC

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"Está en nuestras manos transmitir la pasión por la investigación a las nuevas generaciones"

Ana Arenillas - Investigadora del INCAR-CSIC

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Algo falla en los jóvenes

Ya no hablamos solo de mujeres, las científicas están preocupadas por la falta de relevo generacional que hay en los laboratorios asturianos. “Hay que pescar mucho o tirar muchas cañas para conseguir gente que quiera investigar”, asegura María Montes, catedrática de Química Analítica de la Universidad de Oviedo. En esto influyen varios factores. El primero, explican, la crisis demográfica. “La natalidad ha disminuido y, por tanto, hay menos jóvenes que puedan optar a la carrera científica”, comenta Clara González de los Reyes.

El segundo motivo es la falta de estabilidad. “La carrera se ha alargado mucho. Siempre fue larga, pero ahora mucho más. Hoy es normal entrecomillas llegar a los 40 años sin una estabilidad y eso echa para atrás a los jóvenes. Ven que una persona con un currículum excelente y que consideran lo más, tiene 40 o 41 años y todavía no tiene plaza. Eso desmotiva”, continúa González de los Reyes. “Nos cuesta encontrar gente, sobre todo porque este es un camino muy lento y tedioso”, sostiene en la misma línea Rosa María Sainz. Esto da pie a Adonina Tardón a reclamar más inversión y dar un tirón de orejas a los políticos. “Un gobierno que no invierte en ciencia hace al país ignorante”, defiende.

"He tenido casos de jóvenes que han rechazado becas de doctorado porque no podían con la presión"

Rosa María Sainz - Directora del IUOPA

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"Debemos estar satisfechas: cada vez somos más mujeres, no solo en cantidad sino también en calidad"

Covadonga Pevida - Investigadora del INCAR-CSIC

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Lo anterior enlaza con el tercer factor que influye en la falta de relevo: los jóvenes de hoy tiran la toalla muy pronto. “Hay que tener muchísima resistencia a la frustración. Sobre todo al principio, que tienes que pedir diez proyectos para que te den uno. Tienes que acostumbrarte al rechazo de artículos en revistas científicas...”, expresa Eva García. “Hay que aguantar –apunta Rosa María Sainz– porque habrá temporadas en las que no haya becas, no haya dinero... Yo, por ejemplo, no tuve ayuda para la tesis y, aun así, seguí adelante”. Sin embargo, los graduados de hoy están hechos de otra pasta. “Hay poca tolerancia a la frustración. Y en la investigación con un buen expediente no te vale. Yo tengo casos de jóvenes que rechazan becas FPI (de formación de doctores) porque no soportan la presión”, confiesa la profesora del departamento de Morfología y Biología Funcional.

María Montes es de la misma opinión: “Falta resiliencia, como se dice ahora. Quizá los jóvenes buscan resultados inmediatos”, porque la inmediatez se ha impuesto en la sociedad actual. Pero la ciencia no es eso. Es una “carrera de fondo”, como incide Covadonga Pevida, “que requiere mucho esfuerzo” y en la que hay caídas. Las científicas también aprecian que las nuevas generaciones son menos aventureras. “Antes éramos mucho más intrépidas, íbamos a Estados Unidos, ahora hay que animarles a salir y, si salen, solo lo hacen por Europa”, apunta Montes. En todo ello, creen las investigadoras más destacas, influye la educación. “A nosotras nos educaron en el esfuerzo”, subraya Patricia Ruas. “Y ahora el sistema busca igualarse por abajo cuando a mí me enseñaron que hay que hacerlo por arriba; eso me da pena”, lamenta Covadonga Pevida.

"Hay que acostumbrarse al rechazo; al principio mandas diez proyectos para que te den uno"

Eva García Vázquez - Catedrática de Biología Funcional

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"Todavía faltan mujeres en algunas áreas; yo eché de menos compañeras en mi trayectoria en Física"

Laura Bonavera - Profesora titular de Física

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El mensaje para las niñas

Las científicas animan a las niñas (y a los niños) a apostar por la carrera investigadora. Porque, como destaca Adonina Tardón, “es el mundo más atractivo que existe”. “Si tienes el más mínimo interés por descubrir algo, este es el camino”, dice. Un camino de trabajo, pero también de muchas satisfacciones. “Merece la pena”, asegura Covadonga Pevida. “La recompensa es enorme: el gusto de encontrar resultados que puedan ser útiles y puedan servir, en mi caso, para gestionar mejor los recursos acuáticos”, comenta Eva García. “Es una carrera que ayuda a la sociedad a avanzar”, añade Patricia Ruas. Y “está en nuestras manos”, puntualiza Ana Arenillas, “transmitir esa pasión a las nuevas generaciones”.

Sus consejos para las futuras científicas son que tengan “pasión” por lo que hacen, que no se pongan “barreras”, que confíen en ellas mismas y que no tengan un plan predefinido en la cabeza. “En ciencia hay que ser capaz de adaptarse y dejarse un poco llevar. Llega un momento que la línea de investigación te lleva ella en función de la actualidad, de la financiación...”, señalan.

"Hoy en día hay que lanzar muchas cañas para conseguir atraer a jóvenes que quieran investigar"

María Montes - Catedrática de Química Analítica

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Burocracia y presión por publicar

Son dos de los obstáculos con los que se encuentran las investigadoras en su día a día. Por un lado, el papeleo les consume mucho tiempo y les aleja del laboratorio, y por otro, para estar en un ranking como el que acaba de elaborar el CSIC hay que publicar y mucho. Sobre esto último, las asturianas reflexionan y advierten de que hoy las publicaciones científicas se han convertido en muchos casos en un negocio. “Antes las revistas las llevaban sociedades científicas; ahora hay muchas de acceso abierto que son empresas. Acabas pagando por publicar, porque es la forma de hacerlo más rápido”, explica Clara González de los Reyes. La clasificación del CSIC se basa en el índice H, que es la métrica más conocida pero no la única. “Hay muchas diferentes. Y no es la única forma de evaluar nuestros currículos. Por ejemplo, ahora, aparte de publicar, se valora mucho la transferencia y la divulgación de resultados”, abunda Patricia Ruas. Además, en humanidades el índice H no se utiliza tanto como en ciencias, ya que, indican, publican más libros que artículos científicos. Y no por ello son peores investigadoras. El talento femenino en Asturias es gigante.

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