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Fenómeno global

Calor extremo, ola de incendios y sequías: la crisis climática era esto

Los eventos climáticos extremos son ahora más frecuentes, intensos y duraderos que hace un siglo por culpa del cambio climático

Incendio forestal en el Pont de Vilomara, Manresa (Bages). Ferran Nadeu

Miren a su alrededor y fíjense en las noticias que protagonizan la actualidad. La crisis climática era esto. España vive en estos días una de las olas de calor más intensas, largas y duraderas de las últimas décadas. Mientras los termómetros se disparan en prácticamente todo el país, los embalses españoles están bajo mínimos. El calor extremo y la falta de lluvias dejan el terreno cada vez más seco. Y en un suelo cada vez más árido, solo hace falta una chispa para desencadenar un incendio voraz. En estos momentos, una decena de grandes fuegos devoran la Península Ibérica. La ola de incendios se suma así a la ola de calor y muestra cómo es, metafórica y literalmente, un mundo en llamas por la crisis climática.

No sería del todo correcto decir que estos eventos son culpa directa de la crisis climática, cierto. Porque calor siempre ha hecho y incendios siempre ha habido. También hace cien años, antes de que la actividad humana distorsionara el clima terrestre. Pero aquí el argumento de fondo es otro. Según corroboran cientos de estudios científicos, la crisis climática es el polvorín perfecto para que estos eventos extremos sean cada vez más frecuentes, intensos y duraderos. El calor extremo llega ahora de forma más recurrente que hace cien años y deja temperaturas cada vez más altas. De la misma manera, en un clima cada vez más cálido y seco hay más probabilidades de que cuando se inicie un incendio el fuego se esparza con más voracidad y rapidez.

Según apunta el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el mayor análisis hasta la fecha sobre el presente y el futuro de la crisis climática, una ola de calor extremo que antaño hubiera ocurrido cada 50 años, ahora es casi cinco veces más probable que ocurra. En un episodio de este tipo, ahora también es más probable que los termómetros se eleven hasta 1,2 grados más de lo que hace un siglo se hubiera considerado como normal. Los expertos también alertan de que, si seguimos emitiendo como hasta ahora y elevamos los termómetros globales dos grados de media, en tan solo unas décadas estas olas de calor extremo serán 13 veces más probables y dejarán máximas de casi tres grados más altas que ahora.

En el caso de España, los informes alertan de que, junto con los demás países del Mediterráneo, estamos en uno de los "puntos calientes" del calentamiento global. En esta región, un aumento global de los termómetros de dos grados podría traducirse en un incremento de entre cuatro y siete grados de la temperatura media. De ser así, de aquí a finales de siglo los veranos españoles podrían convertirse en épocas de calor extremo. "En un futuro más o menos cercano, las olas de calor en España podrían dejar máximas de 50 grados", explica el meteorólogo Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). "El verano más cálido hasta ahora parecerá 'fresquito' a final de siglo", vaticina el experto.

Los datos de esta última semana corroboran que el calor de estos días, lejos de entrar dentro de los valores normales para el verano, roza lo excepcional. En Madrid, por ejemplo, hace unos días se vivió el día más cálido jamás registrado en los últimos cien años (los anteriores récords absolutos eran de 2019 y 2021). En la ciudad, además, hace ya cuatro días que la temperatura no baja de los 25 grados. Ni siquiera de noche. En Córdoba, es la primera vez que los termómetros no bajan de los 42 grados durante ocho días seguidos. Desde que existen registros no se había observado una situación así. En Navacerrada, a casi 2.000 metros de altitud, esta semana se han alcanzado máximas de 33,1 grados. Nunca, en sus 75 años de historia, este observatorio de montaña de la sierra de Guadarrama había registrado una temperatura tan elevada.

Incendio forestal en el Pont de Vilomara, Mantesa (Barcelona). FERRAN NADEU

Atmósfera alterada

Para entender el porqué de las olas de calor y de incendios que ahora mismo azotan a España hay que ir al origen. El calor extremo de estos días, por ejemplo, se puede explicar por la llegada de una masa de aire extremadamente cálida. Pero yendo al origen del problema, también hay que hablar de cómo la continua inyección de gases de efecto invernadero en la atmósfera ha alterado el clima global, ha desencadenado un calentamiento global sin precedentes y ha desencadenado un amplio abanico de extremos climáticos en todo el mundo. En el caso de la oleada de incendios ocurre más o menos lo mismo. Puede que la causa directa de los fuegos sea la acción humana, pero para entender por qué se expanden con tanta rapidez hay que hablar de problemas estructurales como la aridez del suelo, la mala gestión de la superficie forestal o la falta de inversión en cuestiones de prevención.

En algunos casos, la crisis climática es el combustible que alimenta las llamas. En otros, en cambio, es directamente la chispa que prende el fuego. Hace justo un año, por ejemplo, más o menos por estas fechas, Canadá vivía una ola de calor sin precedentes, con temperaturas por encima de los 45 grados. Un estudio sobre aquel suceso concluyó que ese episodio de calor extremo hubiera sido "casi imposible" sin la crisis climática. O dicho de otra manera, si el clima del planeta no estuviera alterado esa ola de calor hubiera sido 150 veces menos probable.

Otro ejemplo igual que ilustrativo ocurrió en 2019, también por estas fechas, cuando el norte de Europa vivió una ola de calor sin precedentes. En los Países Bajos y Bélgica se alcanzaron los 40 grados por primera vez desde que existen registros. Un análisis de aquel evento concluyó que estas temperaturas son ahora 100 veces más probables que hace un siglo debido al avance del calentamiento global. De no ser por este fenómeno, apunta el estudio, las temperaturas alcanzadas durante esa ola de calor podrían haber sido hasta tres grados inferiores a las registradas.

"Las olas de calor están relacionadas de forma unilateral e inequívoca con el cambio climático"

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"Las olas de calor están relacionadas de forma unilateral e inequívoca con el cambio climático", apunta un análisis de la Universidad de Oxford y el Imperial College de Londres publicado en la plataforma World Weather Attribution (WWA). De la misma manera, también hay consenso científico sobre que las sequías están convirtiéndose en más comunes y severas en zonas como el Mediterráneo y que todo ello, a su vez, está creando un clima más propicio para que broten incendios cada vez más severos. La crisis climática, pues, es el telón de fondo detrás de todos los extremos climáticos que marcan el presente y que, de seguir así, podrían configurar una catástrofe climática en el futuro.

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