Entrevista | Mauro Guillén Sociólogo y economista

"Con la IA hay que cambiar el chip, pensar ya en el equilibrio entre trabajo y ocio"

"Me preocupa qué va a ocurrir con Asturias cuando desaparezca la renta de esa población que está por encima de los 60, 70 y 80 años"

Mauro Guillén.

Mauro Guillén. / LUISMA MURIAS

Tino Pertierra

Tino Pertierra

Los dieciséis miembros del jurado del premio «Princesa de Asturias de Ciencias Sociales iniciaron ayer las deliberaciones con 25 candidaturas de quince nacionalidades sobre la mesa. Entre ellos, Mauro Guillén. El decano y catedrático de Dirección de Empresas en la Judge Business School de la Universidad de Cambridge había renunciado en noviembre a presidir la Fundación por motivos de salud.

­–¿Cómo se encuentra?

–Bastante mejor. Tratando de empezar nuevos proyectos y de hacer cosas. Sigo en Cambridge pero voy a regresar a Estados Unidos, a Filadelfia. Mi mujer no se quiere mudar a Reino_Unido.

–Mucho cambió el mundo...

–En tres dimensiones. La demografía, primero. Incluso algunos países africanos ya empiezan la misma tendencia de caída de la natalidad y envejecimiento de la población. Allí es un proceso que tardará 50 ó 60 años más en llegar adonde estamos nosotros ahora, pero es un proceso de cambio completamente universal.

–Segundo.

–El reequilibrio de la economía mundial, en la cual Europa y Estados Unidos siguen siendo potencias tecnológicas y económicas, pero donde ya no solamente están ellos. Estamos nosotros, también está China, India y otra serie de países de tamaño más pequeño, que por sí mismos no cambian el equilibrio global, pero que contribuyen también a ese pivote hacia Asia, como puede ser Corea del Sur, Malasia, Tailandia, Singapur...

–Y el tercero.

–Es el obvio. Nos ha pillado de sorpresa en los últimos meses la inteligencia artificial. Se venía hablando de ello desde hace veinte años o más, pero en estos momentos empieza a tener ya manifestaciones tangibles y empieza la gente a usarlo y a tener ya un impacto sobre nuestras vidas.

–¿Le inquieta?

–Mucho. Me tiene muy preocupado porque no hemos todavía empezado a pensar cuáles son las consecuencias éticas, las consecuencias evidentemente económicas sobre el mundo del trabajo y tampoco las consecuencias sobre el mundo de la política en términos de todo lo que tiene que ver con los bulos, con los fake news y también de la guerra, del empleo de la fuerza en el mundo. La inteligencia artificial no solo son los robots soldados sino también los ciberataques y otras cosas. Esto es una tecnología que puede reemplazar al cerebro humano en muchos ámbitos de la vida, de la economía, de la sociedad, de la política. Y eso, evidentemente, puede tener unas consecuencias enormes, positivas y negativas. Las tecnologías no son buenas ni malas. En la medicina, en la educación, en todo lo que tiene que ver con diseñar por ejemplo edificios de una manera más eficiente hay tareas que antes las hacía exclusivamente un ser humano porque eran tareas cognitivas, y ahora las puede hacer la inteligencia artificial. Para bien pero también para mal.

–Toca cambiar el chip.

–El debate debería plantearse en términos, primero, de qué tipos de tareas, qué tipo de ocupaciones van a verse más afectadas. Los fontaneros pueden estar tranquilos, ¿verdad? pero hay muchas ocupaciones y tareas creativas en las que nunca pensamos que una máquina podría ser tan buena como un ser humano. Y ahora empezamos a vislumbrar un horizonte en el cual eso se puede producir. Tenemos que cambiar un poco el chip en términos de no solamente pensar en empleo-no-empleo, sino empleo-versus-ocio. ¿Para qué queremos tener empleo en la minería si podemos tener robots? De esa manera es mucho más seguro. ¿Para qué queremos tener trabajadores en una línea de montaje cuando puede haber robots? Es decir, hay que empezar a pensar ya en el equilibrio entre trabajo y ocio. Quizá con esta sociedad tecnológica y todos estos avances estaremos yendo hacia una situación en la cual podamos todos disponer de más ocio y menos trabajo.

–¿Con una renta universal?

–Efectivamente, se va a resucitar esa idea que se aparcó un poco con la pandemia de una renta mínima. No sé si tendría que ser universal o no, pero una renta mínima es garantizar un nivel mínimo a la población. La gente tiene que tener algo de qué vivir, y además necesitamos que haya consumo en la economía. Ahí va a haber una convergencia de ideas en 5, 10 ó 15 años, y es muy interesante.

–Feminismo.

–El avance de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad y de la economía y de la política es muy importante, todavía quedan muchísimos techos de cristal, como se siguen llamando, evidentemente, sobre todo en el mundo de la empresa, donde hay menos progreso en términos de la incorporación de la mujer a los altos puestos. En muchos países del mundo, aunque no todos, el Estado garantiza una igualdad de acceso a la educación, a los recursos, que no es perfecta. No quiero decir que estemos ya en una situación de igualdad completa de género, estamos todavía lejos, existe todavía el fenómeno de la violencia machista y muchos otros problemas. Los hombres tenemos que ser feministas, de hecho, fue un error históricamente el tener a la mitad de la población no empleada o no poner en valor la creatividad y la imaginación y la inteligencia que tienen, evidentemente, como lo tienen los hombres.

–¿A Asturias la puede «beneficiar» el cambio climático?

–Ayer estábamos en la cena haciendo risas de si Llanes va a ser el nuevo Benidorm. Hombre, yo preferiría que Asturias saliera adelante de otra manera, que no por el cambio climático. El calentamiento global es algo que tenemos que ralentizar y a ser posible neutralizar. El tema de Asturias sigue siendo el mismo de siempre, ahora con el añadido de la población envejecida. A mí lo que me preocupa es qué va a ocurrir con Asturias cuando desaparezca la renta, la capacidad de consumo de esa población que está por encima de los 60 años, cada vez más de los 70 y de los 80. Todas esas personas que están cobrando una pensión o que están echando mano de sus ahorros. Cuando ya no estén entre nosotros, ¿de dónde va a venir el consumo aquí? ¿Cómo va a sobrevivir el comercio? ¿Cómo van a sobrevivir todas las actividades terciarias? Es un tema muy importante. Hay muchos empresarios, mucha gente emprendedora que históricamente lo hacían fuera. Y hay algunas iniciativas aquí pero falta el crear un entorno todavía más dinámico... Y más competitivo, en el cual puedan florecer más actividades.