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Excavando el futuro

Con "Arqueologías de futuro", Fran Meana continúa con su investigación centrada en la materialidad de las relaciones de producción, la capacidad de las imágenes para condensar narraciones y la yuxtaposición de diferentes estratos artísticos, archivísticos y conceptuales, excavaciones arqueológicas que nos permiten descubrir distinta capas, diversas épocas y diferentes momentos históricos y culturales.

En esta ocasión parte de las centrales hidroeléctricas de Salime (1954), Selviella (1968-1962) y Proaza (1964-1965), proyectos del arquitecto asturiano Joaquín Vaquero Palacios (Oviedo, 1900 - Madrid,1998) con una obra que "se encuentra entre las corrientes neorrománticas de origen hegeliano -según José Antonio Pérez Lastra-, que persiguen la fusión de las artes con la vida, en un humanismo integral". No puede extrañar esta mirada a uno de los conjuntos industriales más importantes de Asturias, pues ambos artistas, a pesar del tiempo que los separa, coinciden en explorar la forma a partir de los datos de la historia y a relacionar naturaleza y tecnología, idealismo y materia.

Meana ya había realizado incursiones relativas a la forma y la memoria en la muestra "Pensar bien y dibujar mal" (2014) en la galería Nogueras Blanchard, recuperando, mediante técnicas analógicas y digitales, fragmentos tridimensionales de los relieves didácticos de las Escuelas del Ave María de Arnao, en Castrillón, unas piezas, con connotaciones arqueológicas, que podrían considerarse restos del momento en el cual se transforma el trabajo físico en producción cultural e inmaterial.

Esta mirada fragmentada, esas "lecturas deliberadamente erróneas -como señalaba Bea Espejo a propósito de la exposición- que reflexionan sobre cómo se construye la memoria y el imaginario colectivo", está muy presente en su último trabajo, que tiene a los relieves de las centrales hidroeléctricas como elementos esenciales para repensar el papel que tiene la tecnología industrial como mediadora entre naturaleza y sociedad.

Partiendo de los diseños de Joaquín Vaquero Palacios, de sus figuras, de su geometría, de sus símbolos relacionados con la fuerza y el movimiento, con el calor y la luz, de su ambiciosa búsqueda de un arte total que aunase pasado y futuro, en un caso recurriendo a estructuras industriales, en el otro a una simbología usada desde la Edad Media, Fran Meana reconstruye, tras diversos procesos digitales, estos relieves en bloques de poliuretano, creando esculturas, imágenes materializadas que podrían funcionar como documentos visuales integrados en una instalación multimedia.

En tres estructuras modulares, a modo de estanterías de un archivo, se apoya lo escultórico como piezas abandonadas que conviven con diversas animaciones, visuales y textuales, que reinterpretan la documentación reunida por el artista, con reflexiones vinculadas al trabajo, la naturaleza y la tecnología. Mientras que una serie de marcadores en diferentes puntos de la instalación permiten interactuar mediante el teléfono móvil con un personaje de los años sesenta, reanimado utilizando técnicas digitales, usado por Hidroeléctrica del Cantábrico para promocionar los beneficios de la energía eléctrica.

En los proyectos de Fran Meana, complejos y contextualizados, están muy presentes la materialidad, la forma, lo industrial, la productividad, las políticas que genera el capitalismo avanzado, lo productivo y lo social, la vinculación del futuro al pasado y el arte concebido como una mirada reflexiva, que dialoga y crea significado, sin renunciar a la representación.

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