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Manu Preciado | Entrenador del Ribamontán del Mar e hijo del exentrenador rojiblanco Manolo Preciado

"En otros tiempos se apostaba por la cantera y se estaba mucho mejor"

"Me entristece ir a El Molinón, se nota la decepción y no hay conexión con la grada; echo de menos el ambiente que intimidaba a los rivales"

José Luis Oltra y Manu Preciado, ayer, en La Albericia, tras el entrenamiento del Racing.

José Luis Oltra y Manu Preciado, ayer, en La Albericia, tras el entrenamiento del Racing. M. P.

El reencuentro entre Racing y Sporting en Liga tras cinco años sirve para que vuelva a aparecer el recuerdo a la figura de Preciado, que dejó huella primero en Santander y después en Gijón. Su hijo, Manu Preciado, entrena ahora en Tercera en Cantabria al Ribamontán del Mar, tras haber pasado previamente por el Rayo Cantabria, Internacional, Bansander y Levante. Mientras atiende la llamada de LA NUEVA ESPAÑA, Manu observa el entrenamiento del Racing, aprovecha para saludar a Barral, con el que mantiene contacto periódico, y saluda a José Luis Oltra, nuevo técnico del club cántabro, y al que da la bienvenida. Pero aunque ambos están en una situación difícil, y le tiene cariño al Racing, Manu deja claro que su corazón sigue siendo rojiblanco. "Mi padre iría con el que más lo necesitase de los dos en este partido", confiesa.

- ¿Cómo le va?

-Bien, ahí estamos peleando en la Tercera de Cantabria, que es durísima. Llevo tres años en el Ribamontán del Mar, al que había ascendido. Y siete desde que empecé a entrenar.

- ¿Se arrepiente de dar el salto al banquillo?

-Hay veces que pienso que dónde me he metido de lo que se sufre. Pero al final los momentos buenos pueden a los malos.

- ¿Le sirve para cubrir de alguna manera parte del vacío que le dejó su padre?

-Con mi padre discutía muchísimo cuando jugaba, porque era bastante bueno, pero las circunstancias de la vida me llevaron a no tener cabeza, al ser muy joven. Llevaba varios años para ponerme a sacar el título y cuando ya estaba en plan justo se nos fue. Entonces me dio muchas ganas. Todo lo que esté relacionado con fútbol me permite estar más cerca de él.

- ¿Siguen la misma filosofía?

-Los dos somos valientes y atrevidos. Y también nos parecemos en el carácter, tanto de bromistas como cuando nos enfadamos.

- ¿Qué consejo suyo guarda con cariño?

-Me decía que cuando te van las cosas mal dadas, te das cuenta que no se puede tirar la toalla nunca ni en la vida ni en el fútbol, que hay que hay que ser constante.

- Cruzan sus caminos otra vez Racing y Sporting, ¿con quién va este domingo?

-Aquí sabe todo el mundo que soy del Sporting y me meten un poco de caña esta semana. Al Sporting le veo en tierra de nadie y el Racing está muy necesitado y si no gana estará casi descendido. Por una vez en la vida no haré ningún pronóstico para no enfadar a ninguno de los dos lados, porque ambos lo necesitan mucho. El Racing más o menos se sabía que iba a estar ahí peleando. Pero al Sporting lo veo muy mal, lleva unos años que no le salen las cosas.

- ¿Cuál cree que es el problema del Sporting?

-No lo sé, pero creo que algo tiene que cambiar, porque cuando no salen las cosas durante años, los primeros que lo tienen que mirar son los que mandan. En otros tiempos se apostó más por la cantera y salieron las cosas mucho mejor, para estar así casi mejor con gente de casa.

- ¿Cuándo fue la última vez que vino a Gijón?

-Para ver el museo de Quini con unos amigos. Y acabé llorando abrazado a Falo Castro, me impresiona ese vídeo. Es algo emocionante, y que te llega.

- ¿Siente nostalgia del ambiente que vivía?

-Sí. Recuerdo partidos allí muy intensos y con un gran ambiente. Era brutal, con el ruido de El Molinón te llegaban casi a pitar los oídos, y se intimidaba a los rivales. Y cuando voy ahora a El Molinón me entristece, se nota la decepción y que no existe esa conexión con la grada. Hace falta un revulsivo que relance el equipo a nivel anímico.

- Como cuando llegó Preciado en 2006.

-La muerte de Quini hace dos años fue un revulsivo, sacaron la casta los jugadores, pero no fue suficiente. Se necesita un revulsivo, no sé cuál, pero hay que dar con ello rápido, porque la gente se cansa. Es peligroso. Antes de venir mi padre el Sporting ya vivió momentos malos, pero la gente se cansa, y si sigue dos años más la gente se borrará y se tirará del barco.

- ¿Ve peligro real de descenso?

-Yo creo que no, pero si el Racing gana se verán las orejas al lobo.

- Entrena a sus 34 años en Tercera, ¿se ve algún día entrenando en el fútbol profesional y al Sporting?

-Ojalá. Sería lo máximo para mí. Pero me queda muy lejos. Lo que sí me gustaría es entrenar en Asturias o el País Vasco, para probar en otras Ligas.

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