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La Asunción aprueba a su quinta

"Pelayo, Pablo, Gaspar, Guille y Gragera son buenos embajadores de los valores de sencillez y esfuerzo del colegio", dice la directora del centro gijonés El fútbol privó a los jugadores del Sporting de viaje de estudios y fiesta de graduación: "El deporte les hizo adquirir más responsabilidades"

La Asunción aprueba a su quinta

La Asunción aprueba a su quinta JUAN PLAZA

El patio del colegio empieza a llenarse escalonadamente cuando pasan unos minutos de las dos y media de la tarde. En la portería de acceso al centro llegan los ecos de los juegos de los niños mientras parte del profesorado recibe a LA NUEVA ESPAÑA para hablar sobre la quinta de moda en la actualidad del Sporting, la de la Asunción. "Buenos críos, los cinco", repiten sobre Pelayo, Guille, Pablo, Gragera y Gaspar. Han pasado varios años desde que abandonaron las aulas, pero todavía les ven por los pasillos. "Son buenos embajadores de los valores de sencillez y esfuerzo de nuestro colegio", subraya Elisa Díaz, directora de la Asunción. Hay orgullo por el desembarco de todos en el primer equipo del Sporting.

Los partidos de los rojiblancos se viven de manera más intensa en la Asunción esta temporada. Es tema de conversación más habitual desde dos prismas diferentes. El profesorado, por seguir la evolución de aquellos niños que, en su mayoría, empezaron en el colegio con cuatro años y se fueron con el bachiller bajo el brazo y un proyecto de vida en nacimiento. La otra mirada es la de sus 1.200 alumnos, con añadía admiración por haber crecido entre los mismos pupitres donde ahora estudian matemáticas, lengua e inglés. "Los cinco tienen un gran sentimiento de pertenencia por el colegio", recuerdan Andrés Ribas, Eva Ramón, Montse Barandica, Chuseta Fuente, Covadonga Sánchez y Paula García, profesores, algunos de ellos antiguos tutores y testigos de los orígenes de la quinta de la Asunción.

"El domingo me llegó un mensaje de una compañera y bromeábamos con que en El Molinón no jugaba el Sporting, el que jugaba era nuestro colegio contra la Ponferradina. Somos medio equipo", comenta, entre risas, Chuseta, responsable de Infantil en el centro gijonés. La sensación es compartida. "Siempre fueron buenos al fútbol, destacaban, pero eran niños que lo asumían con naturalidad, sin dárselas de nada ante el resto de sus compañeros. Eso no es siempre lo habitual", destaca Eva Ramón, profesora, entre otras tareas, de Economía. Todos coinciden al hablar de "niños alegres y muy participativos" en los proyectos del colegio, especialmente si había balón de por medio.

Pelayo Suárez, nacido en 1998, es dos años mayor que el resto de compañeros de la quinta de la Asunción, motivo por el que tuvo menos contacto dentro de un colegio en el que Guille, Gragera, Pablo García y Gaspar formaron pandilla. "Ya eran bien pequeños cuando pedían juego libre para así poder jugar al fútbol en horario de gimnasia", apunta sonriente Andrés Ribas, profesor de Educación Física. Guille se ganó entonces cierta fama de revoltoso y Gragera, de niño atento a un flequillo que le daba cierto aire de presumido. "Eran buenos estudiantes", añaden sus maestros, aunque a alguno se le atragantaran los últimos años.

"Jugar en el Sporting desde tan pequeños ya hizo que empezaran a tener que adecuar sus horarios con el deporte", apunta Paula García, quien impartió a los rojiblancos Matemáticas, Lengua e Inglés, entre otras materias. En edad alevín ya formaban parte de la cantera de Mareo y no tardaron en aparecer concentraciones con la selección asturiana o torneos fuera de la región que colisionaban con fechas escolares. A medida que fueron creciendo, la frecuencia aumentó.

"Se intentaba tener cierta flexibilidad con los exámenes y el temario que se habían perdido", recuerda Covadonga Sánchez, encargada de impartir Filosofía e Historia. "Pienso que el deporte les hizo adquirir más responsabilidades desde pequeños y acabaron sacando lo bueno de todo eso", añade la que fuera tutora de Gragera y Gaspar. "Recuerdo recreos aprovechados con Pelayo para recuperar horas perdidas y también el esfuerzo de los padres en colaborar con nosotros en casa para que los niños siguieran las asignaturas al mismo ritmo que el resto de alumnos", apunta Paula García.

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