Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

De guapo subido |10 | San Emiliano (Allande)

Santo Miyao, un pueblo que se engancha al corazón

Once vecinos son los que viven todo el año en esta hermosa aldea allandesa, declarada Monumento Histórico-Artístico en 1971, localidad que se mantiene viva y cuidada gracias a quienes en ella viven y a sus descendientes

37

San Emiliano (Allande), un pueblo que se engancha al corazón Ana P. Paredes

La torre, uno de los edificios emblemáticos de San Emiliano. Ana Paz Paredes

Dice el arqueólogo allandés Andrés Menéndez Blanco que el pueblo de San Emiliano/Santo Miyao, además de ser rico en buena arquitectura popular, “tiene entre algunas de sus peculiaridades la del clima de la zona, del medio Navia, de tendencia algo mediterránea, con lo cual es también peculiar en flora y fauna", explica.

Tejado de la torre contemplada desde el pórtico de la iglesia. Ana Paz Paredes

Señala también este arqueólogo que, "definirlo como pueblo medieval, es un calificativo un poco tópico pues las mayoría de los pueblos tienen su origen en la Edad Media. Existe un documento que data falsamente su creación en el siglo X, pero en realidad ese escrito fue hecho en el siglo XII, fecha en la que sí podemos decir que sea más segura su fundación”, explica este estudioso que eligió en primer lugar San Emiliano entre las 20 localidades más guapas de Asturias en una encuesta hecha entre cien personas por LA NUEVA ESPAÑA en el mes de junio. San Emiliano ocupa el puesto número 10, tras Bandujo (Proaza), Lastres (Colunga), Bulnes (Cabrales), Cudillero (Cudillero), Tazones (Villaviciosa), Puerto de Vega (Navia), Viavélez (El Franco), Sotres (Cabrales) y Castropol (Castropol).

Andrés Menéndez y Jesús Cedrón charlan ante el pasadizo de la casa más antigua del pueblo | Ana P. Paredes

Para aquel que lo pisa con anticipada ilusión, como viajero que se acerca a este hermoso pueblo allandés a la búsqueda de la autenticidad y la belleza que le da fama, caleyar por primera vez Santo Miyao lo que le produce es emoción y asombro.

El gato de Jesús Cedrón, descansa "a la fresca" en la ventana de su casa. Ana Paz Paredes

Emoción, porque supera con creces lo imaginado, y asombro, por mantener en pie, cuidadas y queridas, sus construcciones: casas, paneras, cuadras, hórreos, iglesia, caleyas que agotan a quien mira tras la cámara buscando una imagen más de sus paredes de color rojizo, del brillo de sus tejados de pizarra, de las uvas asomando entre las vides que cruzan sobre nuestras cabezas y de ese río Navia que, abajo, nos habla de la historia de la tierra que riega desde hace tantos siglos.

Una de las vistas de San Emiliano, con gran protagonismo de la torre. Ana Paz Paredes

Once vecinos quedan viviendo todo el año en este pueblo arracimado en una ladera del Valongo, y, entre ellos, Aurelia Villabrille Queipo y Jesús Cedrón, dos grandes embajadores de su pueblo. Ella defiende la teoría de que el pueblo fue fundado por cinco monjes del monasterio de San Millán (La Rioja) “que aquí se asentaron y de ahí que le pusieran el nombre de su patrón, San Emiliano, al pueblo, y fueron los que introdujeron el cultivo de la vid. Así me lo explicó un viajero de Valencia que era un estudioso del tema y que había recorrido media España siguiendo los pasos de este santo”. Esta teoría no convence mucho a Jesús, que disiente con la cabeza y prefiere hablar más del presente que del pasado de San Emiliano.

El arqueólogo Andrés Menéndez, sentando en una de las paneras más antiguas de San Emiliano. | Ana P. Paredes

“Si el pueblo se mantiene cuidado es gracias a nosotros, a la gente del pueblo, los que estamos aquí y los de fuera, que vienen a sextaferiar siempre que se necesita. Al ser pocos, somos como una gran familia, nos ayudamos los unos a los otros, y luego está la juventud, que, aunque no hayan nacido aquí, quieren tanto al pueblo como sus padres o sus abuelos. Ellos son los que se ocupan, por ejemplo, de mantener vivas las fiestas”, recuerda este hombre.

Por la izquierda el arqueólogo Andrés Menéndez y Jesús Cedrón, vecino de San Emiliano. Ana Paz Paredes

Jesús Cedrón pide al Ayuntamiento, sobre todo y entre otras cosas, pensando en la lucha contra el abandono rural y la atención al turismo, que necesitan con urgencia una cobertura para telefonía móvil. “No tenemos cobertura de telefonía móvil, y a día de hoy es imprescindible. A este nivel bien puedo decir que estamos incomunicados porque solo tenemos el teléfono fijo”, explica. Y añade: “También es muy necesario que nos asfaltaran la pista que va a Tamagordas, unos seis kilómetros, pues beneficia a varios pueblos tanto de Allande como de Grandas”.

Detalle de unos truébanos en una panera de San Emiliano. Ana Paz Paredes

Como las joyas etnográficas que son, Aurelia le muestra a Andrés Menéndez algunos de los conservados hórreos y paneras estilo Allande que se reparten el espacio entre casas, caminos y pequeñas huertas. “Todavía hay poca gente, pero en verano el pueblo casi se llena”, dice.

Las vides, en los pasos entre las casas o sobre los tejados, empiezan a dar su fruto que, pronto, será vino. Ana Paz Paredes

Entre los recién llegados están Mari Luz Valledor y su madre, que viven en Avilés. “Nosotros venimos mucho, en cuanto podemos estamos aquí, nos cuesta pasar mucho tiempo lejos de San Emiliano. Yo tengo dos hijos que adoran San Emiliano. Hay un grupo muy guapo de jóvenes que, aunque no viven aquí, están muy pendientes del pueblo y de organizar las fiestas”, explica.

Un rincón de San Emiliano | Ana P. Paredes

También está de vuelta Carmen López Mesa, quien se casó con 19 años con Sandalio Villabrille y con él pasó su vida atendiendo el bar tienda Casa Sandalio, en el centro del pueblo, frente a la iglesia. “Cerramos hace catorce años, tras jubilarme. El bar estuvo abierto 37. Aquí venía gente de todo el entorno”, recuerda.

Carmen López Mesa, tras el mostrador del bar tienda Casa-Sandalio, donde atendió a sus clientes casi 40 años hasta su jubilación. Ana Paz Paredes

Ella se trasladó hace años a vivir a Oviedo pero que tanto en verano como en fines de semana e incluso en invierno se traslada a su casa del pueblo. Sorprende lo guapo que tiene el bar tienda. Tan limpio, tan brillante, con tantos detalles de antaño, que casi da la impresión que allí el tiempo, más que pasar, se detuvo.

Vista de parte de la iglesia, desde un hórreo cercano. Ana Paz Paredes

"Cuando me vine para aquí tras casarme, por aquel entonces, había muchísima gente. Aquí venían a comprar vino, el pan, todo lo que necesitaban, incluso abono y sacos de harina que luego cocían en casa. Luego ya venía el panadero de Grandas de Salime y venían a buscar el pan todas las semanas". Y añade, sonriente Carmen que "para mi es un orgullo muy grande que mi pueblo esté entre los diez primeros más guapos de Asturias. A ver si viene algún día el Rey también porque el pueblo, ejemplar, ya es".

Aurelia Villabrille, asomada a la ventana de uno de sus apartamentos | Ana P. Paredes

Quien también es un enamorado de San Emiliano es Ambrosio Loinaz Huerte, natural de Pamplona y cuyo padre trabajó en la antigua Ensidesa, en Avilés mientras que él regentó muchos años dos pescaderías. La casa de Santo Miyao donde vuelve en cuanto puede pertenece a la familia de su mujer, Mari Carmen Valle, que le acompaña y está presente durante la realización de este reportaje.

Ambrosio Loinaz con su nieto Markel, en la casa familiar de San Emiliano. Ana Paz Paredes

"Yo en cuanto puedo me escapo a Santo Miyao, no hay nada más tranquilo y más bonito que ésto. Este es un sitio maravilloso ", afirma con emoción este hombre de quien no se separa su nieto, Markel Jiménez Loinaz. "Hoy es el único niño por aquí pero en unos días van a llegar más porque en agosto ese cuando más familias vienen, y verá a sus amigos".

Los cuatro escudos que figuran en la torre de San Emiliano. Ana Paz Paredes

Entre los edificios emblemáticos del pueblo esta su casa torre, con una torre cuadrangular de tres plantas datada en el siglo XVI, siendo su primer propietario González Cienfuegos, señor de Allande. Tiene dos cuerpos añadidos en las fachadas sur y oeste. En la fachada oeste se encuentran lo escudos de Cienfuegos y La Rúa; Valledor, Ron e Ibias; Navia-Osorio y Llamas y Cancelada. Está construida en mampostería pizarrosa con cubierta de lajas de pizarra. Otra casona destacable, también con escudo, es la de Castaño o de Santos, del siglo XVIII, con el escudo de armas de Valledor y Uría.

Mari Luz Valledor y su madre. | Ana P. Paredes

Otra de sus joyas es su iglesia, de origen tardio-medieval. Como señalaba en 1994 en este diario la periodista Mirian Lorenzo en su reportaje “La historia vuelve a la luz en Allande”, la misma, con vestigios románicos, es del siglo XVI-XVII y cuenta con un retablo renacentista donde, entre otros santos, quien lo preside es San Emiliano, construyéndose en tres épocas distintas.

Aurelia Villabrille entra a la iglesia de San Emiliano, santo que la preside. Ana Paz Paredes

Entre sus joyas están las pinturas descubiertas en su día por un vecino, Serafín Villabrille, cuando se disponía a dar una capa de cal y una parte de la pared se desconchó y salieron las pinturas, actualmente en bastante mal estado. Entre otras representaciones, cuyo autoría hay quien señala a monjes benedictinos, están las de Adán y Eva, sin olvidar otros murales de la Pasión de Cristo, uno que simula la subida al monte Calvario y otro con la Crucifixión.

Interior de la iglesia de San Emiliano, con detalle de las pinturas en una de sus paredes. Ana Paz Paredes

El paseo por el pueblo finaliza donde empezó, en una de las entradas a pie sobre la que se abre una de las ventanas de uno de los dos apartamentos que regenta Aurelia, junto con el único bar que queda abierto, sin horario concreto, Casa El Estanqueiro.

Aurelia Villabrille cuenta con varias fotos del antes y el después de su pueblo. Ana Paz Paredes

“Ya dejé de dar comidas, ya ni por encargo las hago, pero, bueno, si alguien anda por aquí y quiere tomar un café, un vino, una cerveza y picar una tapina de algo, lo sigo haciendo”, señala ella, que además tiene, en su local, fotos de antes y después de un pueblo, San Emiliano, ese hermoso pueblo allandés que, una vez que se descubre, se queda para siempre enganchado al corazón, obligándote a regresar muchas veces más.

Vistas del valle del Navia desde uno de los rincones de San Emiliano. Ana Paz Paredes

Los datos

Superficie de la parroquia: 25,34 km2

Habitantes del pueblo: 11


Cómo llegar

Desde Oviedo, por la A-63 y a la altura de Doriga, en la rotonda tomar la dirección hacia Cangas del Narcea y, a la altura del puente del Infierno, girar a la derecha por la AS-14 y seguir hasta Pola de Allande. Se cruza para continuar hacia el puerto de El Palo. Tras pasar por Berducedo, unos kilómetros más allá sale, a la derecha, el indicador de San Emiliano/Santo Miyao.

No perderse

Las vistas del valle del Navia. Cerca, en la carretera, está el mirador Boca de La Ballena, que se asoma sobre el embalse de Grandas de Salime. Visitar allí el Museo Etnográfico o hacer la ruta en barca por el embalse de Pénjamo a Villarpedre.

Qué dicen

Los mayores del lugar siempre hablan bien y con orgullo de los que se fueron pero que siguen estando: jóvenes y no tan jóvenes que, continuando lo que aprendieron de padres y abuelos, regresan siempre que pueden a San Emiliano tanto para disfrutar de sus raíces como para luchar unidos por mantenerlo no solo en pie, sino también vivo en todos los sentidos. Lo que se llama verdadero amor por el terruño.

Compartir el artículo

stats