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DE GUAPO SUBIDO |13|ARGUL (PEZÓS/PESOZ)

Sesión de arquitectura en la aldea ejemplar

En Argul (Pesoz), catalogada como Bien de Interés Cultural, la decadencia se ha sumado al paisaje sin restarle belleza

María José Fraga cruza bajo el veiril de Casa Bastián. | ANA P. PAREDES

Argul despierta estos días de verano extraño intentando quitarse de encima la bruma que lo abraza, y al tiempo riega sus tejados con un orbayu templado y silencioso. Con la piedra rojiza de sus casas y unos tejados de pizarra que brillan como plata. Así es como recibe a dos viajeras que comparten la pasión lógica por un pueblo que, para ellas, es si no el más, de los más guapos de Asturias. María José Fraga y Ángela Ferreira Martínez. La primera profesora de Lengua Castellana y Literatura en el IES Marqués de Casariego, en Tapia de Casariego, además de escritora y poetisa en llingua del Navia-Eo. La segunda, licenciada en Historia del Arte, con raíces familiares en Pesoz e impulsora desde hace años de la candidatura de Pezós/Pesoz al premio “Pueblo ejemplar”, que convoca la Fundación Princesa de Asturias, que han presentado de nuevo este año.

Es la poeta una de las que eligieron Argul, conjunto histórico declarado Bien de Interés Cultural en 2004, entre cien personas encuestadas por LA NUEVA ESPAÑA en el mes de junio, como el más guapo del Principado quedando, entre un total de 20, en el puesto número 13, detrás de Bandujo, Lastres, Bulnes, Cudillero, Tazones, Puerto de Vega, Viavélez, Sotres, Castropol, San Emiliano, Llanes y Riodeporcos. “La última vez que estuve aquí fue hace un tiempo, haciendo una ruta con mi marido, que falleció hace unos años. Hicimos unas cuantas fotos que no revelé hasta hace relativamente poco. Esas últimas fotos con él, en el carrete, eran del día que estuvimos aquí”, recuerda la escritora, quien, a cada paso, se asombra con la arquitectura y la bella decadencia de un pueblo que, aún sufriendo un deterioro incontestable, sigue siendo una joya etnográfica y arquitectónica a proteger y recuperar. Así lo recuerda la mejor guía que se puede tener por estos caminos: Ángela Ferreira. “El asentamiento de población aquí ya está documentado desde el siglo X, aunque de entonces ya no quede nada y las construcciones que vemos aquí están fechadas entre los siglos XVI al XVIII. Una de las características de Argul es que no tiene cimientos, se construye sobre roca madre, es una de las singularidades en la que se basó la catalogación de Bien de Interés Cultura junto con los veiriles”, explica tras detener el paso frente a la Casa de Bastián, la más fotografiada por el pasadizo que se eleva sobre el camino, conectando estancias de una misma casa.

José Manuel Varela y Menchu Pérez Magadán, a la puerta de su casa, a la entrada del pueblo. ANA PAZ PAREDES

“La gente cree falsamente que estos pasos elevados entre casas, que aquí llamamos veiriles, conectaban casas de vecinos diferentes. ¡Nada más lejos de la realidad, pues menudo lío que habría si fuera así!”, explica.

Lo cierto es que, en Argul, el ser humano se siente un poco ratón intentando llegar a muchos sitios recorriendo un laberinto formado por caserones, pasadizos, hórreos, paneras, algún palomar y otras construcciones de menor entidad en medio de un paisaje que encoge el corazón por el bello y, al mismo tiempo, deteriorado estado de algunas de sus construcciones; pero no todas, pues, además de las habitadas, otras que ya no lo están siguen atendidas por sus propietarios, como es el caso de la anteriormente citada. En ella el dueño ha renovado la cubierta y mantiene cuidada la construcción. De hecho, hace solo unos días se encendió su horno de piedra para hacer pan.

Por relevancia histórica, otra casa ante la que hay que detenerse es en la que nació Juan Alonso Villabrille y Ron, escultor del Barroco español y que fue nombrado hijo predilecto de Pesoz el pasado 1 de julio, coincidiendo con el aniversario de su nacimiento, en 1663. Una placa en la pared de la casa lo recuerda.

“Aquí los caminos estaban hechos cuando se empezó a construir el edificio y había que salvar el paso del camino con el veiril. Vamos, es lo que bien puede definirse como un pasillo que comunica las dependencias de una misma casa”, reseña.

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Argul (Pesoz): un pueblo con el guapo subido Ana Paz Paredes

Entre las viviendas habitadas está Casa Arias, cuyos dueños tienen un pequeño museo etnográfico de gran interés, así como su zona de bodega, y también la Casa Muxardín, antaño rehabilitada como casa rural y, desde hace años, hogar de una pareja de artesanos que, llegados de Madrid, encontraron en Argul el lugar en el mundo en el que querían vivir.

Otra vivienda habitada es Casa López, con uno de los veiriles más bonitos y cuidados del pueblo, propiedad de Juan López Castelao, ganadero en ecológico y otro de los vecinos que viven todo el año en este pueblo. El número de habitantes asciende a 16 los fines de semana, mientras que en verano, dicen, llegan a los 22.

La otra cara de la moneda es el estado en que se encuentran casonas tan impactantes como la Casa de Vilar, un conjunto arquitectónico extraordinario que, como otras construcciones del pueblo, resiste en pie casi de forma ejemplar, pero cada vez en peor estado. “Es la más grande del pueblo y tiene el pasadizo de mayor longitud, unos 20 metros. Sus niveles constructivos, como en el caso de la casa del escultor, están bien diferenciados. Tiene el palomar con la torre, que está cayéndose. Es impactante cruzar ese pasadizo y notar el surco que dejaron las ruedas de los carros pasando sobre la piedra tantísimos años”, dice Ángela.

Uuno de los rincones del pueblo. ANA PAZ PAREDES

Otro edificio reseñable es la capilla de San Antonio, de una nave, en el corazón del pueblo y, como el resto de edificaciones, levantada sobre la propia roca. Las cruces pintadas en la puerta son la protección para el que allí reza y para el que por allí pasa.

En otra de las casas a la entrada del pueblo, en las escaleras, están Menchu Pérez Magadán, su marido y José Manuel Varela Carbayedo. “Nací aquí y me fui a vivir a Oviedo de chavaluca, pero desde hace años nos pasamos aquí la vida”, afirma esta mujer cercana y afable que recuerda lo mucho que cambió su pueblo desde que era niña.

“Cuando yo me fui, con 14 años, aquí vivían casi 200 personas, pero, claro, mucha gente se fue buscando una vida mejor”. Lo dice una persona para quien Argul no solo es “el pueblo más guapo de Asturias, sino el más tranquilo porque vienes aquí y no necesitas medicación. Sé que está muy deteriorado, pero es precioso. Viene la gente y se marcha alucinada”, añade sonriendo entre las preciosas macetas floridas que adornan el exterior de su casa.

Los datos

¿Cómo llegar?

Aunque el desplazamiento salga un poco más largo, la carretera más cómoda para llegar es la A-8 hasta Vegadeo, para desde allí tomar la AS-11 en dirección a Villanueva de Oscos y San Martín y por la AS-13 llegar a Pesoz. Otra opción es la AS-12 desde Navia, vía sinuosa y muy pesada, o bien ir hasta Allande y por el puerto de El Palo llegar hasta Grandas y, de allí, a Pesoz.

No perderse

La visita al Museo del Vino, en Pesoz, así como al pueblo abandonado de A Paicega, que se construyó para los trabajadores del embalse de Grandas de Salime. En este último concejo es muy recomendable su magnífico museo etnográfico.

¿Qué dicen?

Uno de los tópicos que molestan a los vecinos y que se repite en artículos de todo tipo que se publican sobre su pueblo es el que dice que está deshabitado o abandonado. “Una cosa es que seamos muy pocos y otra que digan que aquí no vive nadie. No sé, igual es que vienen a las tres de la tarde cuando caen los pájaros de calor y estamos todos en casa, porque otra cosa no la entiendo”, dice Menchu Pérez.

María José Fraga y Ángela Ferreira, junto al horno de Casa de Bastián. ANA PAZ PAREDES

Donde habita la memoria

MARÍA JOSÉ FRAGA

A Argul cuesta llegar y de Argul cuesta irse. Si según Saramago, “vivimos en un lugar, pero habitamos una memoria”, Argul es lugar y memoria.

Visto desde arriba, Argul parece una reunión de casas que hablan y se cuentan sus cosas susurrándose al oído. Desde dentro, es laberinto: no edificado por magos y sabios babilonios, no de arena de Arabia. Lo es de líneas rectas y curvas, chaflanes y volúmenes que a veces se elevan sobre el suelo.

Con sus veiriles y pasadizos, con las cruces grabadas o pintadas en paredes y puertas, Argul nos ofrece protección y resguardo. Y, sobre todo, nos habla de quienes un día decidieron quedarse allí y levantar sus casas sobre la roca, trabajando con mimo la piedra, el hierro y la madera, para causar en nosotros, visitantes cientos años después, admiración y asombro.

Para hechizarnos cada vez que volvemos a su belleza crepuscular.

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