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La comida no es lo que parece, o al revés

Cubiletes que son croissants, polvorones en forma de pastel o pasteles como helados de palo: la repostería se reinventa para atrapar a los golosos

La comida no es lo que parece, o al revés

La comida no es lo que parece, o al revés

A quién no han reñido en su casa alguna vez a la mesa por glotón, por comer con la vista. Pues eso es ahora tendencia, sobre todo en pastelería. Un sector que vive un momento -nunca mejor dicho- de lo más dulce y que en Asturias tiene grandes referentes veteranos

La experimentación con los sabores viene de lejos y es infinita. Y también se hace con la imagen. Para llamar la atención del consumidor, los reposteros se apuntan a probar con nuevas formas y diseños llamativos en sus creaciones, que son lo de siempre pero con otro aspecto.

En resumen, la comida no es lo que parece. O también parece lo que no es. En los escaparates es fácil encontrar cubiletes que resultan ser los clásicos croissants de mantequilla, vasitos de yogur que contienen tartas y postres tradicionales en monodosis, o el helado almendrado de toda la vida con palo de cuya forma se ha apropiado un pastel.

Más antiguo, aunque no menos chocante, es el mazapán que imita a una cazuela de fabada con su completo compango. La lista sigue: turrón en forma de tubo, roscones de Reyes cuadrados o a base de bollitos pegados, churros en forma de donuts o donuts con un toque salado. Todo vale para entrar por la vista al cliente, que este se lo lleve a la boca y, por supuesto, que repita.

Jonathan González cuida al máximo las presentaciones. "Cada día veo que la pastelería no solo se compra para comer, sino que es también para regalar y por eso creo oportuno hacerlo bonito si es posible. Lo primero es la calidad del producto, bien hecho, y luego presentarlo de forma original", señala el pastelero de Cabo Busto (Valdés).

Todo un éxito han sido los croissants-cubiletes de The Little Toffee, reciente obrador gijonés que regentan Gonzalo García y Alejandro Carrera. "Cuando abrimos nos dijimos que pastelerías tradicionales hay muchas y buenas, así que había que darle la vuelta y apostar por lo creativo", explica el primero. "Se entra por la vista y luego, para que repitan, hay que dar sabor".

La gente pica el anzuelo y pregunta, se lo lleva a casa... Así pasa con aquellas creaciones que rompen moldes. "En el caso de los postres en vaso, buscamos también algo práctico y cómodo, que alguien no tenga que comprarse una tarta entera para probarla o gastar mucho dinero", señala García.

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