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La película del verano: aquí está

Una escena de “En un barrio de Nueva York”.

Una escena de “En un barrio de Nueva York”.

No busques más: En un barrio de Nueva York es la película del verano. Calentita y refrescante, bulliciosa y traviesa, sencilla sin simplezas, colorista y con sus puntos negros bien administrados, interpretada con veraz entusiasmo y dirigida con tanto brío como imaginación por un Jon M. Chu que presenta sus credenciales como cineasta capaz de sacar partido a los escenarios callejeros y también a los interiores. A pesar de su larga duración, la agilidad de la propuesta derrite cualquier atisbo de aburrimiento.

¿Demasiado blandita al abordar los problemas de los latinos en la sociedad que votó masivamente a Trump? Hay que leer entre líneas: siendo un musical con todas las de la ley, y hacía mucho tiempo que no veíamos uno que valiera la pena, muestra pinceladas críticas que manchan el blanco radiante: el racismo hacia una estudiante acusada falsamente de robar a una compañera, solo por ser latina; el olvido de las administraciones; las dificultades para salir adelante estudiando si no es a costa de sacrificios titánicos de la familia... Un prólogo que desborda energía presenta personajes bien hilados y voluntad de estilo con hechuras de cuento de hadas. Quizá los más clásicos del lugar recuerden aquellos musicales de Jacques Demy (Los paraguas de Cherburgo, qué bien envejece) en los que todo el diálogo era cantado. To-do. Y funcionaba. Aquí no se llega a tanto, pero la mayor parte del pastel (que no empalaga) se la llevan los explosivos y expresivos números musicales (espectacular el baile a dos en la fachada de un edificio) y las canciones cargadas de gracia. También hay sitio para el drama (el adiós espectral a la abuela y su ejemplar “paciencia y fe”), el amor sin sensiblerías, un humor amable (las razones por las que “Usnavi” se llama así), la metáfora invasora (el apagón repentino que ilumina tantas cosas) y los mensajes positivos para perseguir sueñitos, aunque al final te des cuenta de que el verdadero paraíso te puede esperar a la vuelta de la esquina. La vida es una lotería, ya lo sabemos, y si no juegas no ganas, eso fijo.

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