De todos los tipos de aceite de oliva que hay, el aceite de oliva virgen extra (AOVE) es el mejor. Se elabora de la misma manera que el aceite de oliva virgen, esto es, a partir de procedimientos físicos aplicados a las aceitunas (prensado, lavado, decantación, centrifugación y filtración), nada de refinado. El líquido resultante se califica como:

  • Aceite de oliva virgen extra (AOVE) cuando la acidez es como máximo de 0,8 grados, al mismo tiempo que en el análisis organoléptico se determina cierto frutado y no se observa ningún defecto.
  • Aceite de oliva virgen es el aceite que puede tener un grado de acidez mayor, hasta 2 grados, y en el análisis organoléptico se permite algún defecto mínimo en el olor o sabor.

En la Organización de Consumidores de España (OCU) analizan cada cierto tiempo los aceites AOVE porque no todos son lo que parece. Su último análisis, en 2018, de los 41 AOVE llevados al laboratorio, 20 resultaron ser simplemente vírgenes, no merecían el calificativo extra, y los denunciaron por fraude comercial en el etiquetado.

Este año también han llevado a cabo un estudio de mercado y 2 de 39 aceites salieron mal parados (tienes los resultados aquí).

¿Por qué es tan importante diferenciar el AOVE de otro tipo de aceites?

El AOVE es el mejor de los aceites. Y también el más caro. La botella de un litro ronda los 5 euros, por eso es importante comprobar que es un producto de calidad. Estas son algunas de las características de un buen AOVE.

  • Las aceitunas usadas son de buena calidad y que el proceso de extracción ha sido bueno.
  • El grado de acidez es bajo, siempre por debajo de los 0,8 grados exigidos en un AOVE, y solo se puede conseguir con aceitunas en buen estado, sin heridas donde puedan crecer las bacterias.
  • El aceite no es viejo ni está oxidado y ha estado almacenado lejos de la luz y el calor.