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Blog Celuloide sin revelar - Christian Franco Torre

Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

Sobre este blog de Cine

Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 30
    Junio
    2015

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    Historias del cine Harry d'Abbadie d'Arrast

    El enigmático Harry d'Arrast

    El enigmático Harry d'ArrastEn una ocasión, al ser cuestionado sobre qué películas deberían recuperarse para ser incorporadas a la historia del cine, Charles Chaplin dejó un único y enigmático título: "Le Tricorne". La respuesta del cineasta levantó un considerable revuelo, sobre todo cuando se descubrió que esa desconocida película era en realidad la versión en francés de un filme español: La traviesa molinera. Una joya perdida de la cinematografía republicana que había sido dirigida por un antiguo ayudante del propio Chaplin: Harry d’Abbadie d’Arrast.
    La biografía de d’Arrast se conoce apenas por los trabajos de Herman G. Weinberg y José Luis Borau, autor del destacable El caballero d’Arrast. Aunque nacido en Argentina, d’Arrast era francés de pura cepa. Dotado de un cierto aire aristocrático que se encargaría de explotar merced a un supuesto linaje de alcurnia, d’Arrast dominaba además tres idiomas (inglés, francés y español). Cualidades todas ellas que le franquearon las puertas de Hollywood cuando, en 1922, emigró al nuevo mundo por consejo de George Fitzmaurice para probar fortuna en la "Meca del cine".
    Una vez en Hollywood, d’Arrast trabó amistad con Charles Chaplin, quien le contrató como consejero artístico para Una mujer de París (A Woman of Paris, 1923) y La quimera del oro (The Gold Rush, 1925).
    A la sombra del maestro, d’Arrast aprendió el oficio y adquirió prestigio, y en 1927 debutó con Al servicio de las damas, una comedia protagonizada por Adolphe Menjou. El inesperado éxito de la película, aclamada además por la crítica, propició que el tándem repitiese en otros dos filmes ese mismo año: Un caballero de París (A Gentleman of Paris) y Serenata (Serenade). Además, también participó sin acreditar en el rodaje de Alas (Wings), de William A. Wellman, primer filme galardonado con el Oscar como Mejor Película.
    Considerado ya como una de las grandes promesa de Hollywood, d’Arrast dirigió otras dos sólidas comedias en 1928: Un flirt magnífico (The Magnificent Flirt), con Loretta Young, y Martini Seco (Dry Martini), protagonizada por Mary Astor y en la que ya se incluía una partitura sonora. Para rodar su primera película completamente sonora, no obstante, aún tendría que esperar hasta 1930. Y fue un fiasco.
    Tras sus éxitos anterior, y por indicación nuevamente de George Fitzmaurice, la Paramount puso en manos de d’Arrast una ambiciosa producción: Raffles, adaptación de las andanzas del caballero ladrón creado por Ernest William Hornung.
    Pero d’Arrast se las tuvo tiesas durante el rodaje con el productor, Samuel Goldwyn, quien le acabó despidiendo. Esa fue quizás la primera muestra del complejo carácter del francés, lo que acabaría lastrando su carrera.
    En cambio, la siguiente película de d’Arrast fue la memorable La risa (Laughter), también de 1930. Protagonizada por Nancy Carroll y Fredric March, la película es una comedia con algunos momentos dramáticos que preludia algunos aspectos de la "Screwball Comedy". Una obra maestra, en todo caso, que incluso le valdría su única nominación al Oscar, como coautor en el apartado de "Mejor argumento".
    Tras este éxito, la RKO le contrató para dirigir Topaze, protagonizada por John Barrymore y con David O. Selznick dando total libertad al francés. Entre medias, d’Arrast había entablado una relación con la actriz Eleanor Boardman, exmujer de King Vidor. Pese a que d’Arrast acabaría casándose con ella, Vidor nunca encajó bien el compromiso, lo que no ayudó al asentamiento del francés en Hollywood. D’Arrast, no obstante, se bastaba para torpedear su propia carrera.
    Y es que los éxitos del francés habían llamado la atención en la planta noble de la Metro-Godwyn-Mayer. Pero tras concretar una reunión con el mismísimo Irving Thalberg, d’Arrast arruinó la cita desairando al todopoderoso productor. En la Metro le pusieron una cruz, máxime tras su negativa a dirigir La reina Cristina de Suecia (Queen Christina), que finalmente dirigiría Rouben Mamoulian, por no estar conforme con las prerrogativas que tenía, por contrato, Greta Garbo, quien incluso podía vetarle como director.
    Con las puertas de Hollywood cerradas para él, d’Arrast se desplazó a España, ya en 1934, para filmar La traviesa molinera, adaptación de El sombrero de tres picos que había escrito, a cuatro manos, con su amigo Edgar Neville.
    Rodada en triple versión (en español, inglés y francés) y distribuida por todo el mundo a través de la United Artists de Chaplin, la película está considerada una de las obras mayores entre el cine realizado durante la República española, pese a que no se conserva copia alguna. Una película misteriosa, tan enigmática como el propio d’Arrast, que jamás volvería a pisar un plató.

     

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