Blog 
La condena de Barbosa
RSS - Blog de Nacho Miguel

El autor

Blog La condena de Barbosa - Nacho Miguel

Nacho Miguel

Miguel López Serrano y Nacho Azparren, periodistas de La Nueva España, son los encargados de escribir sobre todo lo que acontezca en la cita mundialista.

Sobre este blog de Deportes

Moacir Barbosa Nascimento (27 de marzo de 1921- 7 de abril de 2000) fue, posiblemente, la primera gran víctima de la pasión desmedida en el fútbol. Él era el encargado de defender la meta brasileña en el Maracanazo, la sorprendente victoria de Uruguay en la final de 1950. En 1994, días antes de la d...


Archivo

  • 26
    Junio
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    La sucesión tranquila

     David Albelda, en su momento esforzado centrocampista de la selección, dejó un análisis interesante en el cierre de Mundial español: “Pocos pueden dejar la selección por su propio deseo. Lo normal es que sea la selección la que te deje a ti”. Albelda es uno de los últimos símbolos de la España del “casi”. La que se presentaba en cada edición de un gran torneo con las mejores expectativas y antes de que acabaran en el suelo, aplastadas por algún golpe de fortuna, un árbitro quisquilloso, un codazo italiano o, simplemente, por la falta de talla. Ahora, el golpe del Mundial en Brasil ha quedado amortiguado por los seis años de máxima excelencia que se recuerda a cualquier selección nacional. Los protagonistas de la historia se han ganado el derecho a dar un paso al margen por su propia voluntad. Llega el momento de la evolución.

    Al menos, el estilo no está en entredicho. Es lo único a salvo en el naufragio de Brasil. Los años de bonanza han estado marcados por una forma de jugar reconocible, de posesión de balón y presión asfixiante tras las pérdidas. Es lo que las mentes dedicadas al marketing bautizaron como “tiqui-taca”, expresión con gran éxito fuera de España, por cierto. Brasil ha significado el fin violento para muchos de sus más ilustres representantes, pero no del espíritu que les movía. El estilo, como se ve, no se toca.

    A ello contribuye también la talentosa generación de futbolistas que viene por detrás. Las categorías inferiores de la selección actúan como el más modélicos de los clubes: es como si se formaran futbolistas bajo encargo, con la firme intención de nutrir algún día a la selección absoluta. En cada equipo español uno puede reconocer a un pivote con el mismo sentido táctico que Busquets, un interior con maneras de Iniesta o un central con la fortaleza de Ramos. Pequeñas réplicas aún en busca de la consistencia.

    Ése precisamente es uno de los puntos fuertes en la reconstrucción y a la vez, por contradictorio que parezca, uno de los peligros. Después de un ciclo tan exitoso, la sombra de la comparación constante amenaza la tranquilidad en la toma de decisiones. Xavi se irá y nadie podrá ocupar jamás su lugar. Se ha ganado figurar en el Olimpo del fútbol español por derecho propio. Ni habrá otro portero con los reflejos de Casillas, un delantero con la intuición de Villa o un pivote con el pulcro desplazamiento de Alonso. El primer paso en la recuperación pasa por aceptar que lo que viene ahora sigue compitiendo con el resto de selecciones mundiales. No compite con los recuerdos.

    Y por supuesto está en el aire la decisión sobre Vicente del Bosque. Da la impresión de que al seleccionador le ha pesado más que al resto lo sucedido en Brasil. Como si su su mochila llevara más piedras que las del resto. Curioso debate con el entrenador que hizo a España alcanzar las cotas más altas de alegría en su historia. Del Bosque supo encauzar la revolución iniciada por Aragonés, mantener su alto nivel competitivo e ir añadiéndole mejoras. El suyo fue el triunfo de la normalidad.

    Ahora, el mismo entrenador parece sopesar su futuro. Solo así se explica el silencio ante las cuestiones sobre su continuidad. Del Bosque tiene el callo suficiente y el conocimiento de las categorías inferiores como para liderar un cambio progresivo, una sucesión ordenada de nombres, no de ideas.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook