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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 23
    Febrero
    2017

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    Oviedo salud

    Activación contra la depresión

    La depresión supone uno de los problemas de salud más comunes en las personas del Siglo XXI. Pese a su reciente aparición, ya se ha colocado en el ‘TOP’ de los trastornos mentales en lo que a frecuencia se refiere. Es la gran epidemia del Siglo, y se estima que las tasas sigan creciendo a pasos agigantados hasta 2030, al menos.

    Para dar respuesta al fenómeno de la depresión se han desarrollado diversas soluciones, o intentos de solución. Desde tratamientos más farmacológicos hasta terapias psicológicas de diversa índole. Como en todo campo concerniente a la salud, el apoyo científico y experimental es algo esencial. Es en este aspecto donde destaca la llamada ‘Activación Conductual’, que supone un ejemplo de terapia de calidad en lo que a depresión se refiere.

    La Activación Conductual forma parte de las que se han denominado ‘Terapias de tercera generación’ o ‘terapias contextuales’. Tienen su origen en los años 2000 y destacan por enfatizar la relación o interacción que hay entre el sujeto y el contexto, esto es, entre nosotros mismos y todo lo que nos rodea.

    En resumidas cuentas, podríamos decir que la Activación Conductual parte de la consideración de que un estado depresivo cuenta con dos características fundamentales: la falta de actividades que nos proporcionen refuerzo, unido a una serie de conductas de escape y evitación, como pueden ser los lloros, las quejas o la irritabilidad. Dicho de otra manera, corremos el peligro de entrar en un estado depresivo cuando dejamos de hacer cosas que nos proporcionan placer, lo que nos lleva a encontrar mayor incomodidad en las tareas cotidianas, y nos empuja a realizar una serie de comportamientos que mantendrían ese estado de ‘no refuerzo’, como puede ser tirarnos en el sofá todo el día. Entramos así en un círculo vicioso donde esa falta de actividad reducirá aún más las probabilidades de encontrar placeres en nuestro día a día.

     De esta manera la depresión se entiende como una situación en la que se encuentra el sujeto, más que como una entidad clínica que nos sobreviene, como podría ser el caso de una gripe. Esto tiene una lectura más profunda, y es que la causa de la depresión no se encontraría en el cerebro, por mucho que podamos establecer correlatos biológicos. De hecho, el supuesto desequilibrio de serotonina desde el que se intenta explicar la depresión desde modelos más médicos sería más consecuencia que causa de la depresión. Más bien, la causa sería algo tan simple y a la vez complejo como que la vida nos está reforzando poco, que encontramos pocos placeres, o que hemos perdido aquellos que teníamos por seguros. Cuando la vida nos proporciona pocos placeres o muchos disgustos, el comportamiento más usual es retraerse sobre uno mismo, aislarse y dejar de hacer las rutinas que se hacían, dando así comienzo al círculo vicioso del que hablábamos anteriormente.

    Pasar de la evitación a la activación, destrampando la depresión

    La clave de la Activación Conductual está en entender el circuito que termina por ser la depresión, y lo que es realmente complicado: encontrar la puerta de salida a ese círculo vicioso. Localizar la ‘trampa’ de la depresión y volver al camino de la acción. Estas acciones, que han de comenzar por pequeños detalles y pasos al alcance de la situación de la persona, nos ayudarán a romper ese círculo de pasividad ante la vida, abriendo la posibilidad de modificar la ‘situación depresógena’. En este sentido, podríamos hablar de ‘conductas antidepresivas’.

     Activación contra la depresión

    El deporte y la actividad física es uno de los factores de activación más provechosos. Primero porque es un refuerzo sencillo, gratuito y accesible para todo el mundo, segundo porque depende única y exclusivamente de nosotros y tercero porque nos permite marcarnos metas realistas. Por eso muchos psicólogos te recomendarán 'salir a caminar' a las primeras de cambio.

     

    El caso de la tristeza post- ruptura sentimental

    Es común que, previamente a una depresión, la persona haya sufrido algún tipo de pérdida. Un duelo, la pérdida de su trabajo o el fin de una relación sentimental. En otras ocasiones no somos capaces de identificar el estímulo que ha causado el estado depresivo, no porque no exista, si no porque es mucho menos evidente (por desgaste, porque lo que hacíamos ya no nos gusta tanto o porque no nos mantenemos lo suficientemente activos).

    Bajo la hipótesis teórica de la Activación Conductual, con un gran respaldo experimental tanto en humanos como en animales (y es que, por mucho que les ofenda a algunos, los principios de aprendizaje son los mismos en un humano que en un ratón o en una zarigüella), es relativamente fácil explicar la tristeza que mucha gente siente ante una ruptura sentimental, que en algunos casos alcanza la categoría de depresión clínica.

    Cuando estamos en pareja tendemos a organizar la vida más o menos en torno a ella. La mayor parte de placeres a los que estamos expuestos precisan de la participación de nuestra pareja (ir al cine, unas vacaciones, comer fuera, dar un paseo por la playa, charlar, relaciones sexuales o la simple compañía de ella/él), por no hablar ya de si convivimos en la misma casa.

    En definitiva, dejamos el 90% de nuestras actividades placenteras en manos de otra persona, que puede ser todo lo bonito que quieras, pero a cambio corremos un gran riesgo. ¿Qué pasaría si el día de mañana nuestra pareja decide acabar con la relación unilateralmente? Exacto, perdemos de golpe el 90% de nuestros refuerzos. Es por ello por lo que es posible que entremos en un estado depresivo. Generalmente la tristeza que sentimos tras una ruptura es inversamente proporcional al número de actividades que tenemos al margen de la pareja. Y, que se sepa, el amor no tiene por qué estar reñido con el disfrutar de actividades en las que la pareja no esté presente. “Estoy triste porque le quería”, me dirás. Y tienes razón. Pero ‘te quiero’ es solo una forma abreviada de decir “me gustaban mucho los estímulos a los que estaba expuesto ante tu presencia”.

    Es por ello que, independientemente de nuestro estado laboral, sentimental, social o personal, desarrollar diversas aficiones y gustos puede llegar a ser un factor de protección contra la depresión. Cuanto más variadas sean las actividades que realicemos, y más independientes sean (por eso de no fiar el 80% de nuestro refuerzo a una sola fuente) más protegidos estaremos ante un estado depresivo. Mantenerse activos en muy diversas esferas es la clave.

     

    Alejandro Bascoy

     

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