Blog 
Terminado, el libro empieza
RSS - Blog de María José Barroso Crespo

El autor

Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


Archivo

  • 10
    Marzo
    2017

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Novela negra
    best seller
    Gellida
    Valladolid

    Un psicópata de andar por casa

    Con las novedades editoriales de éxito fulgurante se corre el riesgo de abandonar una delicia clásica por una comida rápida que te devora el tiempo y se borra pronto del paladar. Por suerte, en ocasiones, dejan la satisfacción de un banquete. Es el caso del fenómeno generado en torno a un vallisoletano con aspecto de gladiador y sonrisa de colega, de los que te regalan lealtad eterna, llamado César Pérez Gellida. De su cabeza despejada, en seis años, han salido dos trilogías, un spin off  (“Mutatis muntandis”) y una novela futurista (“Khimera”), con miles de ejemplares vendidos y un ejército de seguidores, (#gellidistas en redes sociales), que secundan con entusiasmo el tirón de un autor que sabe manejar con atención y encanto una estrategia global de acercamiento a sus lectores en Internet. Esta semana celebran con fervor y expectación el lanzamiento de su última novela “A grandes males”, el punto y final de su segunda trilogía. Pero a Pérez Gellida es justo y obligado seguirle desde el principio.

    Y el principio fue él:

    “Augusto Ledesma: Diseñador gráfico y experto en documentoscopia. Asesino en serie.”

    Tal cual. Agatha Christie se atragantaría con el té si hubiera pensado en ponerlo tan fácil. No hay que buscar al asesino, porque ya se nos presenta en el índice de personajes. Él será quien maneje el hilo de los hechos que se desarrollan en la primera trilogía de Gellida: Memento Mori”, “Dies Irae”, “Consumatum Est”

    Y todo comienza en Valladolid. Plazas, rincones, parques, bares, lugares reconocibles para quien haya deambulado por la ciudad del Pisuerga, con la sensación de cercanía que produce el juego de la imaginación de un asesino a la vuelta de la esquina, la perfecta definición de un perfil que va más allá de un “rostro cuadrado, ojos oscuros y redondos y mandíbula ancha.”

    Podría ser un loco ocasional, vecino de una ciudad tranquila, un criminal doméstico “de andar por casa”, pero adquiere poco a poco, unas dimensiones singulares, inesperadas, estelares. Provoca la fascinación necesaria para que sigamos en vilo la persecución del ratón y el gato que emprende con el inspector Ramiro Sancho, aún más familiar para mí por su ascendencia zamorana. (¿Cómo imaginar a un psicópata en el pueblecico de Castrillo de la Guareña?) Pero no habrá fronteras para ellos. De Valladolid, pasando por los Balcanes, Nueva York, o Islandia. El psicópata “de andar por casa” crece sin límites.

    ¿Qué tiene para seducir? Inteligencia y cultura, musical y literaria, respira versos y canciones, toda una banda sonora. Sus poemas serán “su obra” y su sello de identidad. Nos habla en primera persona de forma solemne y refinada, nos cuenta un relato sazonado de expresiones en latín. Su pasado trágico, su compleja familia, destaparán sus emociones particulares, incluso miedo y sensibilidad. “El mal conoce al bien, pero el bien no conoce al mal”, escribió Kafka. El objetivo de su perseguidor, Ramiro Sancho, será conocerlo hasta destruirlo. Se convertirá en la obsesión de un castellano viejo “difícil de doblegar”, un policía “sencillo, honesto y reservado”, que razona a través de los refranes, sabiduría popular. Un personaje que, paradójicamente, parece gris frente a las personalidades arrolladoras y excéntricas que pasan por las novelas de Gellida, pero su humanidad es la solidez que mantiene los cimientos, con la entidad suficiente para seguir con “vida” y protagonizar la segunda trilogía.

    De Pérez Gellida se ha dicho que maneja una narrativa de técnica cinematográfica, que ha logrado un género propio, que tiene ambición y rigor, que dosifica una documentación exhaustiva y que se parece a Stieg Larsson. Todo cierto, pero sin comparaciones; no necesita cebos comerciales de autores extranjeros. Quien tiene una mente única para imaginar y fabular, para implicar tanto a otros y contarlo como nadie, puede trascender desde el sofá, con las zapatillas de andar por casa, hasta el último rincón del planeta.

    Dice el sabio Ramiro Sancho: “Las palabras destruyen o hacen germinar las cosechas, depende de quien las siembre”. Pérez Gellida ha abonado ya los campos de Castilla y de media España; hará lo propio en La Pampa argentina, en el resto del mundo. Y donde se proponga.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook