Que treinta años son nada

07.05.2008 | 00:00

A la espera de que aún acabe la temporada para el Farho Gijón Balonmano de las chicas, y para el Naranco de Oviedo, hoy vamos a comentar el ya confirmado descenso a la tercera categoría del equipo del Grupo Covadonga, que por ser esperado no ha sido menos doloroso, cuatro jornadas antes de acabar la competición de División de Honor B.


Este triste suceso deportivo, para mí, personalmente, encierra además unas connotaciones especiales, por dos razones evidentes: una, porque fui el fundador de esta sección en el Grupo a primeros de los setenta, a instancias del directivo y amigo Agustín Antuña; y dos, porque cinco años después ese equipo ascendía a División de Honor, ahora Liga Asobal, de forma brillante, con un equipo formado todo por jugadores y técnicos asturianos, de la cantera.


Unos treinta años después, desciende a la tercera categoría, con cinco extranjeros y sólo cuatro asturianos. ¿Qué ha pasado en ese océano de tiempo, inmenso? ¿Y quiénes son los responsables?


Han pasado muchas cosas, evidentemente. Algunas buenas, pocas, como los años de Carlinos Ruesga, o el trabajo de la base con Viti. Pero la mayoría han sido errores y desaciertos de los que dirigen. Ha pasado por el equipo mucha gente, jugadores buenos y malos y también los mejores técnicos asturianos, que no han tenido suerte o no les han dado continuidad: Roncero, Falo Méndez, Juan Muñiz, Peñarrocha en el femenino, Belarmino, Chechu Villaldea, Manolo Díaz o Diego Lafuente. Ninguno duró lo suficiente para llevar a cabo su labor antes de que los destituyeran. ¿Qué pasa con el banquillo del equipo rojiblanco?

Pues lo que pasa es que faltó una «hoja de ruta» sobre los objetivos a alcanzar, faltaron un estilo de juego propio, un comportamiento deportivo deseable, un apoyo moral de la directiva a la sección en los momentos difíciles, unos fichajes acertados, un seguimiento mayor de algunos medios de comunicación y, finalmente, el apoyo de una afición que está desorientada por los bandazos que da este equipo a todos los niveles y que asistía de forma testimonial a los partidos: menos de cien personas en un club con 30.000 socios. Punto final.

Ahora vanos a decir lo que habría que hacer para el futuro. Por lo pronto, reorganizar la base de la sección a través de un acuerdo global con las canteras tradicionales del balonmano local, como el Codema, Inmaculada, Noega, Revillagigedo, Azabache, etcétera, o sea lo que ya están haciendo en Oviedo. Hay varias fórmulas para hacerlo. Y con el equipo senior, nada de comprar plazas, meter goles de despachos. Eso no vale nada. El deporte es esfuerzo personal, superación. Si nos regalan el aprobado, ¿cómo vamos a aprender nada nuevo? Habría que construir el equipo con los de casa que ya están jugando: Vallado, Chusón, Macho, etcétera, traer también a 6 o 7 jugadores de la Liga Regional, alguno de los cuales es bastante mejor que los extranjeros de este año y reforzar el equipo trayendo de fuera a tres refuerzos asturianos de los que juegan fuera, pero no son estrellas, como Francisco, Barbón, Pablo, etcétera, y a estos pagarles bien.


Un equipo formado por gente de casa que sienta los colores que viste de verdad y rompa la camiseta en cada partido.


Sin prisas, acoplarlos, mejorarlos, empezar a competir y al cabo de cinco o seis temporadas, subir con un equipo de futuro. Sólo con esto arrastraría a la afición detrás del equipo.


La gente siempre sigue a lo que ve auténtico, no como ahora, que todo es falso hasta los ascensos de categoría.


Un entrenador joven y de casa sería fundamental para llevar este proyecto, y conozco un par de ellos que serían idóneos. Lo decía uno de los hombres más inteligentes de la historia, Albert Einstein: si siempre estamos diciendo que queremos cambiar, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo de siempre?


¿Habrá que esperar otros treinta años?

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