11 de septiembre de 2017
11.09.2017

Las vacaciones solidarias de Carlota

Una joven de 16 años de El Entrego pasó parte del verano en Serbia con su hermana para trabajar en un campo de refugiados

11.09.2017 | 09:22
Las vacaciones solidarias de Carlota

El sueño de Ahmad tiene cinco letras: Europa. Es un joven afgano que entregó todos sus ahorros a un hombre que le prometió una nueva vida. Viajó durante horas en el maletero de un coche, junto a otros cuatro chicos. Ya sin aire, abandonó aquel zulo y se encontró con una valla de 175 kilómetros. Al otro lado, inalcanzable, su sueño. Es la dura realidad de miles de refugiados. Personas sin derechos, que dilapidan esperanzas en los campos del Este de_Europa. También es la realidad que, con sólo 16 años, Carlota Bécares ha conocido este verano. Junto a su hermana Bárbara (32 años) pasó unas semanas ayudando a refugiados en Serbia: "Ahora sé de verdad lo que está pasando".

Las hermanas Bécares son de El Entrego. La mayor había acudido como voluntaria a Belgrado al principio del verano, aprovechando sus vacaciones. Es periodista y, desde hace unos años, trabaja en América Latina. "Volví muy triste de Serbia, pero quería regresar. Se lo dije a Carlota y fue ella la que propuso ir a Belgrado para trabajar como voluntarias juntas", explica. A través de una organización, cocinaron en el campo de Obrenovac (a las afueras de Belgrado). "Resulta muy deprimente ver a personas que han trabajado toda su vida hacer cola para recoger comida. Creo que tiene que ser muy degradante para el ser humano", afirma la mayor de las Bécares.

La presencia de las organizaciones es "esencial". Según explican, son entidades "formadas por jóvenes, sobre todo europeos, que trabajan por mejorar la calidad de vida de las personas que están en los campos". Que la comida sea mejor, más sana, es una de las labores. La mayoría de los refugiados en estos campos son jóvenes y familias con niños. Alimentan el cuerpo, pero lo que más sufre es la mente:_"Se sienten frustrados, sin nada que hacer. Y, cuando se hunden, no ven salida a su situación", sentencian las hermanas.

Niños solos, sin familia, jóvenes que arriesgaron todo por una vida mejor. Ahora sólo pueden esperar. Explican las hermanas Bécares que "los más pequeños quizás son menos conscientes de lo que está pasando, o lo llevan mejor". Reconocen que los voluntarios "les damos más licencias". Por ejemplo, a veces les permiten trabajar en el reparto de comida: "Es una forma de sentirse útiles". Bárbara Bécares no conoce ninguna organización con psicólogos, una ayuda necesaria pero difícil de brindar: "Las terapias serían muy a largo plazo, no vale con una sesión".

El sufrimiento es mucho. La mayoría llegaron a los campos tras pagar altas sumas para llegar a Europa de forma ilegal. Pedir asilo legalmente es infructuoso: "Europa no está respondiendo a ninguna petición, tampoco Serbia". Proceden de distintos países, porque es la frontera más fácil de cruzar. Hay refugiados cubanos, marroquíes, libaneses? pero la mayoría son afganos: "Su país lleva en guerra desde los setenta, tienen muchas amenazas. Los talibanes y ahora también el Estado Islámico".

Huyen del terror y el terrorismo. Es por eso que las hermanas Bécares se sienten "desoladas" con los comentarios racistas que tan a menudo invaden las redes sociales: "Me parece que falta humanidad y hay mucho desconocimiento, los que comparten noticias falsas no saben el daño que hacen". Cerca de 8.000 mil personas están en los campos, 10.000 niños refugiados han desaparecido, a las puertas de Europa. "Y nadie hace nada. Son personas sin derechos, nadie los defiende". Les resulta difícil, incluso, un viaje en autobús: "Pueden salir del campo, pero el conductor puede decidir si entran o no".

Lo más impactante de su viaje juntas fue la tarde que pasaron en el campo de Adesevci, en –id, charlando con unos chicos afganos. "Me di cuenta de lo afortunada que soy por algo que yo ni siquiera decidí, el país en el que he nacido", señala Carlota. Los chicos les contaron la rutina de guerra en Afganistán, el pánico en los bombardeos. Uno de ellos había perdido a su madre en una explosión.

Una tarde fueron con Ahmad a la playa. El joven vivía en una zona de talibanes:_"Esto allí sería impensable", dijo el joven, mirando las familias felices al sol. Su sueño tiene cinco letras: Europa.

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