El cormorán

Ranas y bienes

24.05.2008 | 00:00
Ranas y bienes
Ranas y bienes

Han nacido ranas en el parque de la plaza de Europa, pero, antes de que los batracios criaran pelo, la Corporación ya ha evacuado los datos de patrimonio de todos los concejales, los gobernantes de PSOE e IU, y los opositores del PP.


Los hay que viven como los lirios del campo, a los que la naturaleza viste con más gloria que a Salomón; y los hay que han reunido un apreciable patrimonio, porque, después de todo, la duquesa de Alba no es rica así por las buenas, sino porque, aparte de lo heredado, ha incrementado sus bienes gracias a las virtudes del ahorro y la prudencia. Lo primero, conduciéndose por el palacio de Liria con una linterna; lo segundo, atendiendo a aquel consejo de su difunto marido, Jesús Aguirre: «Cayetana, retira la plata del salón, que vienen a visitarnos unos periodistas amigos».


Así que los bienes edilicios ahí están, a la vista, para comidilla del pueblo y no menor cotilleo de sus propios compañeros de partido. Porque, no nos engañemos: a un ciudadano anónimo le parecerá mejor o peor la riqueza o la sobriedad de sus gobernantes, pero a los compañeros de batallas, a los hermanos de partido, a los conmilitones que no fueron durante años bendecidos con la llamada al servicio del procomún, les podría causar urticaria el conocimiento de adónde se puede llegar gracias a la propia formación política.


Luego está la perspectiva clásica, histórica: la izquierda abominaba de la acumulación de capital, y la derecha la practicaba. Eso era antes, pero todavía se ven vestigios de la vieja perspectiva, al tiempo que acumular algún capitalito está hoy al alcance de muchos.


Total, que veremos cómo reacciona el pueblo soberano ante la transparencia patrimonial de sus ediles. Pero lo esencial del asunto no es lo estático, sino lo dinámico, lo procesual; es decir, comprobar que con el paso del tiempo los patrimonios de los servidores públicos no experimentan movimientos extraños, salvo que el repúblico sea agraciado con la Bonoloto, o se junte con un príncipe o princesa de las finanzas que halló al besar a una rana de la plaza de Europa.

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