Ponga, va; Ponga, viene

n Cándido Vega se ha convertido en el ariete del otrora feudo socialista

11.05.2010 | 10:03
Ponga, va; Ponga, viene
Ponga, va; Ponga, viene

Al alcalde asturianista y renovador le quieren meter en «la trena» por pasarse por el arco del triunfo la dilación de los permisos de la Consejería de Medio Ambiente para mejorar unas pistas forestales en su propio concejo. Pero, lo más inaudito es que todos los grupos con representación en el Consistorio de Ponga vieron, desde el principio, con buenos ojos que acondicionasen las citadas pistas en pleno parque natural, actuaciones que eran ampliamente demandadas por la gran mayoría de los vecinos de ese municipio. Cierto es que el regidor no aguantó la demora de la preceptiva tramitación burocrática y medioambiental, como hubiese tenido que sobrellevar cualquier hijo de vecino.


Quizá se haya extralimitado en sus funciones Cándido Vega, ¡Vamos, es lo que pienso! Y todo por atender una de esas enquistadas reivindicaciones vecinales que nadie acierta, con el transcurso del tiempo, a desenredar. Se venían reclamando las mejoras de esas cuestionadas pistas desde hace lustros, curiosamente con gobiernos socialistas al frente del Ayuntamiento de Ponga, pero como si nada. Tuvo que ser un alcalde de otro signo distinto, con ideas nuevas en su bagaje, el encargado de tomar el toro por los cuernos ante la pasividad de la Administración regional. Apretó tanto la cornamenta de Medio Ambiente que, el alcalde de URAS-PAS, acaba de sufrir un auténtico revolcón.


Mientras tanto, nadie se acuerdo del estrambótico inmueble que luce en medio de la capital del concejo pongueto. Me refiero a ese «tanatorio» que aún no se inauguró y donde se ubicará el centro de recepción e interpretación del parque natural. A tenor de lo ejecutado, parece que ningún edil se percató del impacto visual del proyecto de la susodicha actuación en pleno corazón de San Juan de Beleño. Me viene a la memoria una anécdota sobre ese equipamiento que tenía como protagonista a un pongueto de pro: «Cuando empezaron la obra creí que era una caseta para guardar las herramientas». Creo que sobran más palabras. ¿Cómo es posible que no se alzasen voces en el Ayuntamiento ante el impacto visual de gran calado que se avecinaba? No trato de defender la postura adoptada en su momento por Cándido Vega a la hora de saltarse a la torera el correspondiente trámite administrativo; tampoco lo voy a hacer, buscando una comparación de rigurosa actualidad, con el similar proceder de la Consejería de Medio Ambiente, en lo concerniente a la aprobación de la normativa de pesca en aguas asturianas de la actual campaña, pero fuera de plazo. En ambos casos, me temo, la justicia pondrá a cada cual es su sitio. Lo que sí me choca es que unos -en este caso los del PSOE- aplaudan, hasta con las orejas, la metedura de pata del regidor de Ponga, y, por el contrario, no midan con el mismo rasero lo ocurrido con la aprobación de la normativa de pesca de 2010.


Es probable que Cándido Vega se pasase en la búsqueda de una mejor calidad de vida de sus vecinos ponguetos. Los que en ese momento le felicitaron por su soberana decisión -ante la tardanza de Medio Ambiente-, ahora puede que le compadezcan. Así son los pueblos, grandes o pequeños, aunque en este espinoso asunto puede que el actual alcalde pongueto cuente con muchos más benefactores que detractores. ¿Hubiese actuado de la misma manera el Gobierno del Principado de Asturias si hubiese sido un cargo del PSOE el que tirase para adelante, estando tramitándose los permisos, con la mejora de las dichosas pistas forestales? La respuesta seguro que la tienen muchos de ustedes en la punta de la lengua.


Restan escasos meses para nuevos comicios electorales municipales y autonómicos. En Ponga, aguardando a la retrasada, dilatada o demorada, tanto monta, monta tanto, inauguración del centro de interpretación del parque natural, el asunto promete. Cándido Vega se ha convertido en el verdadero «ariete» del otrora feudo socialista. Un alcalde molesto y contestatario para el Ejecutivo de Areces. ¿Cuál es su tremenda culpa? Defender los intereses de los vecinos de uno de los municipios que más aletargado permaneció durante décadas y dotado con escasos recursos económicos. Muchos dicen estar con él, aunque no en las formas. ¿Varapalo judicial? De momento, valga la presunción de inocencia.

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