Los lobos y el pastor Los lobos y el pastor Los lobos y el pastor

Las supuestas corrupciones financieras en el Vaticano y el presunto complot para asesinar al Papa
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JOSÉ MANUEL PONTE JOSÉ MANUEL PONTE JOSÉ MANUEL PONTE Ultimamente, han aparecido en la prensa -sobre todo italiana- diversas informaciones sobre supuestas corrupciones financieras en el Vaticano e incluso sobre un complot para asesinar al Papa. La primera de las cuestiones debe de ser la continuación de una historia antigua que ha tenido diversos capítulos, algunos tan siniestros como el llamado caso del Banco Ambrosiano, en el que hubo diversas muertes en extrañas circunstancias, entre ellas la del propio pontífice Juan Pablo I a los pocos días de acceder a esa dignidad. En cuanto a la segunda, parece un tanto disparatado que exista un complot para asesinar a un Papa como Benedicto XVI, que va a cumplir 85 años y está delicado de salud, hasta el punto de que debe desplazarse sobre una plataforma móvil. En cualquier caso, las revelaciones sobre ese supuesto complot han saltado a las páginas de algunos periódicos, y en uno de ellos, «Il Fatto Quotidiano», se publica el contenido de una carta dirigida al Papa por el cardenal colombiano Darío Castrillón, en la que este le cuenta que un cardenal italiano, Paolo Romeo, arzobispo de Palermo, había comentado en el curso de un viaje a China que «el Papa morirá asesinado en 12 meses». La circunstancia de que sea un cardenal que reside en Sicilia (región de origen de numerosos miembros de la mafia) el que lance esa profecía no ha hecho sino aumentar el interés del público y las especulaciones se suceden. En unos casos se apunta que el malestar de poderosos sectores de la curia vaticana deriva de los intentos del Papa de promover la transparencia de las finanzas vaticanas (precisamente lo mismo a que se achacó la muerte de Luciani), y en otros, a su firme decisión de cortar la complicidad con los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes católicos, que tanto escándalo y tanto dinero le ha costado a la Iglesia. Pero además de eso, se apunta al deseo de una buena parte de esa misma curia de que el próximo Papa no vuelva a ser un extranjero como Juan Pablo II y Benedicto XVI y se vuelva a la tradición de elegir a un italiano, que es lo que el Espíritu Santo solía inspirar a los reunidos en cónclave. En uno de los periódicos que se hacen eco de esas conjeturas he podido ver una foto en la que aparece el cardenal salesiano Tarsicio Bertone asomado detrás del sillón que ocupa el Papa y sonriendo a sus espaldas en una forma que semeja malévola. A Benedicto XVI, en cambio, se le aprecia serio y hasta resignado a su suerte. «Un pastor rodeado por lobos», dice «L'Observatore Romano» para describir la situación. Lo que sea sonará, pero estas especulaciones sobre un posible asesinato del Papa parecen un tanto impúdicas y sitúan al Vaticano en un lugar equivalente al de Chicago años veinte. Aunque tampoco hay que exagerar. Desde San Pedro, que por cierto murió bajo tortura, hubo 264 papas. Una mayoría de ellos murieron en la cama pero muchos otros no tuvieron esa misma suerte. Once de ellos (Sabiniano, Juan VIII, León V, Juan X, Esteban VIII, Benedicto VI, Juan XIV, Silvestre II, Clemente II, Alejandro VI, y León X) murieron asesinados, bastantes mediante envenenamiento. Otros doce se fueron de este mundo en extrañas circunstancias, entre ellos Pío XI y Juan Pablo I. Y varios más sufrieron atentados. La lucha por el poder, aunque sea espiritual, suele ser despiadada.

Ultimamente, han aparecido en la prensa -sobre todo italiana- diversas informaciones sobre supuestas corrupciones financieras en el Vaticano e incluso sobre un complot para asesinar al Papa. La primera de las cuestiones debe de ser la continuación de una historia antigua que ha tenido diversos capítulos, algunos tan siniestros como el llamado caso del Banco Ambrosiano, en el que hubo diversas muertes en extrañas circunstancias, entre ellas la del propio pontífice Juan Pablo I a los pocos días de acceder a esa dignidad. En cuanto a la segunda, parece un tanto disparatado que exista un complot para asesinar a un Papa como Benedicto XVI, que va a cumplir 85 años y está delicado de salud, hasta el punto de que debe desplazarse sobre una plataforma móvil. En cualquier caso, las revelaciones sobre ese supuesto complot han saltado a las páginas de algunos periódicos, y en uno de ellos, «Il Fatto Quotidiano», se publica el contenido de una carta dirigida al Papa por el cardenal colombiano Darío Castrillón, en la que este le cuenta que un cardenal italiano, Paolo Romeo, arzobispo de Palermo, había comentado en el curso de un viaje a China que «el Papa morirá asesinado en 12 meses». La circunstancia de que sea un cardenal que reside en Sicilia (región de origen de numerosos miembros de la mafia) el que lance esa profecía no ha hecho sino aumentar el interés del público y las especulaciones se suceden. En unos casos se apunta que el malestar de poderosos sectores de la curia vaticana deriva de los intentos del Papa de promover la transparencia de las finanzas vaticanas (precisamente lo mismo a que se achacó la muerte de Luciani), y en otros, a su firme decisión de cortar la complicidad con los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes católicos, que tanto escándalo y tanto dinero le ha costado a la Iglesia. Pero además de eso, se apunta al deseo de una buena parte de esa misma curia de que el próximo Papa no vuelva a ser un extranjero como Juan Pablo II y Benedicto XVI y se vuelva a la tradición de elegir a un italiano, que es lo que el Espíritu Santo solía inspirar a los reunidos en cónclave. En uno de los periódicos que se hacen eco de esas conjeturas he podido ver una foto en la que aparece el cardenal salesiano Tarsicio Bertone asomado detrás del sillón que ocupa el Papa y sonriendo a sus espaldas en una forma que semeja malévola. A Benedicto XVI, en cambio, se le aprecia serio y hasta resignado a su suerte. «Un pastor rodeado por lobos», dice «L'Observatore Romano» para describir la situación. Lo que sea sonará, pero estas especulaciones sobre un posible asesinato del Papa parecen un tanto impúdicas y sitúan al Vaticano en un lugar equivalente al de Chicago años veinte. Aunque tampoco hay que exagerar. Desde San Pedro, que por cierto murió bajo tortura, hubo 264 papas. Una mayoría de ellos murieron en la cama pero muchos otros no tuvieron esa misma suerte. Once de ellos (Sabiniano, Juan VIII, León V, Juan X, Esteban VIII, Benedicto VI, Juan XIV, Silvestre II, Clemente II, Alejandro VI, y León X) murieron asesinados, bastantes mediante envenenamiento. Otros doce se fueron de este mundo en extrañas circunstancias, entre ellos Pío XI y Juan Pablo I. Y varios más sufrieron atentados. La lucha por el poder, aunque sea espiritual, suele ser despiadada.

Ultimamente, han aparecido en la prensa -sobre todo italiana- diversas informaciones sobre supuestas corrupciones financieras en el Vaticano e incluso sobre un complot para asesinar al Papa. La primera de las cuestiones debe de ser la continuación de una historia antigua que ha tenido diversos capítulos, algunos tan siniestros como el llamado caso del Banco Ambrosiano, en el que hubo diversas muertes en extrañas circunstancias, entre ellas la del propio pontífice Juan Pablo I a los pocos días de acceder a esa dignidad. En cuanto a la segunda, parece un tanto disparatado que exista un complot para asesinar a un Papa como Benedicto XVI, que va a cumplir 85 años y está delicado de salud, hasta el punto de que debe desplazarse sobre una plataforma móvil. En cualquier caso, las revelaciones sobre ese supuesto complot han saltado a las páginas de algunos periódicos, y en uno de ellos, «Il Fatto Quotidiano», se publica el contenido de una carta dirigida al Papa por el cardenal colombiano Darío Castrillón, en la que este le cuenta que un cardenal italiano, Paolo Romeo, arzobispo de Palermo, había comentado en el curso de un viaje a China que «el Papa morirá asesinado en 12 meses». La circunstancia de que sea un cardenal que reside en Sicilia (región de origen de numerosos miembros de la mafia) el que lance esa profecía no ha hecho sino aumentar el interés del público y las especulaciones se suceden. En unos casos se apunta que el malestar de poderosos sectores de la curia vaticana deriva de los intentos del Papa de promover la transparencia de las finanzas vaticanas (precisamente lo mismo a que se achacó la muerte de Luciani), y en otros, a su firme decisión de cortar la complicidad con los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes católicos, que tanto escándalo y tanto dinero le ha costado a la Iglesia. Pero además de eso, se apunta al deseo de una buena parte de esa misma curia de que el próximo Papa no vuelva a ser un extranjero como Juan Pablo II y Benedicto XVI y se vuelva a la tradición de elegir a un italiano, que es lo que el Espíritu Santo solía inspirar a los reunidos en cónclave. En uno de los periódicos que se hacen eco de esas conjeturas he podido ver una foto en la que aparece el cardenal salesiano Tarsicio Bertone asomado detrás del sillón que ocupa el Papa y sonriendo a sus espaldas en una forma que semeja malévola. A Benedicto XVI, en cambio, se le aprecia serio y hasta resignado a su suerte. «Un pastor rodeado por lobos», dice «L'Observatore Romano» para describir la situación. Lo que sea sonará, pero estas especulaciones sobre un posible asesinato del Papa parecen un tanto impúdicas y sitúan al Vaticano en un lugar equivalente al de Chicago años veinte. Aunque tampoco hay que exagerar. Desde San Pedro, que por cierto murió bajo tortura, hubo 264 papas. Una mayoría de ellos murieron en la cama pero muchos otros no tuvieron esa misma suerte. Once de ellos (Sabiniano, Juan VIII, León V, Juan X, Esteban VIII, Benedicto VI, Juan XIV, Silvestre II, Clemente II, Alejandro VI, y León X) murieron asesinados, bastantes mediante envenenamiento. Otros doce se fueron de este mundo en extrañas circunstancias, entre ellos Pío XI y Juan Pablo I. Y varios más sufrieron atentados. La lucha por el poder, aunque sea espiritual, suele ser despiadada.

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